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	<title>Vidoc&#039;s Weblog</title>
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	<description>Documentación Audiovisual</description>
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		<title>el video-arte: primeros pasos hacia la comunicación global</title>
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		<pubDate>Sun, 30 Sep 2007 13:57:06 +0000</pubDate>
		<dc:creator>vidoc</dc:creator>
				<category><![CDATA[artículos]]></category>
		<category><![CDATA[General]]></category>

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		<description><![CDATA[EL VIDEO-ARTE. PRIMEROS PASOS HACIA LA COMUNICACIÓN GLOBAL Ninguna manifestación artística desde el video-arte, ha llamado tanto la atención como el net.art o web.art. No hay término medio, los artistas son bien atraídos bien rechazados por esta nueva forma de creación, que recuerda los primeros de la tecnología del video portátil, enfrentada entonces a los [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=vidoc.wordpress.com&amp;blog=1777301&amp;post=44&amp;subd=vidoc&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>EL VIDEO-ARTE. PRIMEROS PASOS HACIA LA COMUNICACIÓN GLOBAL</p>
<p>Ninguna manifestación artística desde el video-arte,              ha llamado tanto la atención como el net.art o web.art. No              hay término medio, los artistas son bien atraídos bien              rechazados por esta nueva forma de creación, que recuerda los              primeros de la tecnología del video portátil, enfrentada              entonces a los que estaban dentro del mundo del cine. En aquellos              tiempos los video-artistas solamente tenían poder sobre la              producción de obras, no podían generar una relación              verdadera y de valor con los espectadores. Tan sólo el entonces              prometedor futuro de la televisión por cable que iba a cambiar              el mundo creando una estructura nueva para ganar el acceso a la tecnología              de los medios de difusión antes monopolizados por intereses              corporativos. Nadie pensó en la idea de construir comunidades,              redes, que usaran esta tecnología.</p>
<p>En general los cineastas vieron en el video-arte un medio de potencial              extremo. Su reacción fue hostil. Lo describieron como feo y              desagradable, desenfocado y lleno de &#8220;grano&#8221;. Pero los artistas              estaban satisfechos con mostrar su trabajo a otros artistas y curiosos,              renegaban de la idea anterior de la creación de una red de              difusión de la obra de arte, ni de museos dedicados a tal fin.</p>
<p>Pero el desarrollo de los tiempos ha reservado un lugar muy importante              a los artistas multimedia. El desarrollo de Internet (BBS y navegadores)              tiene un fin primordial: comunicarse. Lo que hace treinta parecía              imposible hoy es moneda de cambio y sigue desarrollándose sorprendentemente.</p>
<p>Esto es una forma de arte que es contenido dentro de un movimiento              estético y es simultáneamente el presagio de un juego              de estructuras radicalmente innovadoras sociales y prácticas.              Todo esto se da dentro de un juego de tecnologías que se desarrolla              a una velocidad sin precedentes, imprevisible, y dentro de una era              definida por su pasión por la velocidad y la imprevisibilidad.</p>
<p>Este es un conjunto integrado de producción e instrumentos              de distribución dirigido por proposiciones estéticas              que varían de la hiper-hermética, preocupaciones ontológicas,              al abiertamente político, al cómico y autoreferencial.              Una forma de arte que se desarrolla dentro de un sistema global que              contiene a todos los mass-media del Planeta. El sueño de Marshal              McLuhan.</p>
<p>Los artistas que trabajan en la red pueden por medio de un conjunto              de prácticas estéticas enfrentarse y transformar las              economías mandantes en el mundo. Tiene mucho poder. Parece              que muchos de los más interesantes creadores y grupos que así              trabajan están dedicados a la gentil y no-tan-gentil desestabilización              de las estructuras preestablecidas.</p>
<p>Hoy parece que todo el mundo tiene que citar a W. Benjamin cuyo ensayo              &#8220;La obra de arte en la era de la Reproducción mecánica&#8221;              ha servido como punto de partida para intentar comprender el cambio              estético traído por la relación entre modernidad              y mecanización. Simplemente, la idea de Benjamin de que la              obra de arte tiene un aura propia nos centra en la característica              principal del arte moderno. Benjamin encuadra así la cuestión              fundamental que se plantea todo aquel que enfrenta el conocimiento              de las relaciones estéticas y sociales establecidas por los              nuevos paradigmas tecnológicos y cómo eso influye en              nuestro conocimiento del arte. Benjamin aplicó su teoría              al conocimiento de la fotografía y a su discutida presencia              en el mundo artístico de la época. ¿Es arte la              fotografía, contiene ésta las cualidades auráticas              que Benjamin adscribía a la obra de arte?.</p>
<p>Más que responder a la pregunta, Benjamin propuso una cuestión              más profunda: ¿Cómo cambia la fotografía              las ideas artísticas?, Más aún ¿cómo              ha cambiado la era de la mecanización, en la que nace la fotografía,              las reglas básicas de nuestra vida social, la naturaleza de              la representación y los patrones de la comunicación              y las correspondientes prácticas estéticas?</p>
<p>Estas preguntas nunca han sido plenamente contestadas, tras pasar              el siglo XX con Warhol, Man Ray, Duchamp continuamos metidos en el              dilema y ya hemos sobrepasado la era postmecanicista y nos hallamos              inmersos en la era cibernética. Fue en los años 70 cuando              el video artista Douglas Davies retoma la cuestión del escritor              alemán para contestar (aplicando la noción de aura al              video arte) a las críticas que apuñalaban sus creaciones,              cuestionándose su legitimidad como práctica artística.</p>
<p>Así pues considerando la naturaleza del net.art y el lugar              de la obra de arte en la era digital ¿debemos seguir formulando              preguntas incontestables?. ¿Podemos situar en el mundo del              arte actual las prácticas artísticas digitales o en              su lugar hemos creado un espacio de discusión?.</p>
<p>Simultáneamente a las tesis de Benjamin, Berthold Brecht escribe              su teoría de la radio, tildando a ésta de fascista por              desarrollarse en un medio esencialmente pasivo, unilateral. Algunos              artistas como B. Kerow, Schneider y N. J. Paik afectados por estas              tesis dirigen sus trabajos de video arte a la investigación              crítica de lo que llamaron las comunicaciones de ida y vuelta              (two-way comunications). Estas prácticas llevaron a los artistas              a realizar actividades sincrónicas a las contemplaciones de              video, realizando happenings y conciertos (Fluxus) abriendo la posibilidad              interactiva del público asistente. Es en 1.973, en un ensayo              para la Fundación Rockefeller titulado &#8220;Educación              en una sociedad sin papel&#8221; donde Paik acuña el término              &#8220;electronic superhighway&#8221; (superautopista electrónica)              prediciendo la situación de las actuales &#8220;autopistas de              la información&#8221;.</p>
<p>Así es como el video arte abre la puerta a la revisión              de estas dos cuestiones, por un lado la televisión con emisiones              en directo en las que los espectadores telefonean al artista, que              con una máquina de escribir transfiere los textos a la pantalla              mediante un rollo de papel superpuesto a la cámara (&#8220;Talk              out&#8221; Douglas Davies 1973) y otro la necesidad de la creación              de una comunidad global combinando artistas de distintas etnias y              materias, Allen Gingsberg, un bailarín coreano, John Cage,              un indio navajo cantante y otros (&#8220;Global Groove&#8221; N. J.              Paik 1974) Y años después emisiones en directo vía              satélite con Joseph Beuys, David Bowie, Laurie Anderson, Douglas              Davies y otros unidos en un espectáculo del arte del mundo.              Pese a la asunción utópica de los primeros trabajos              de video arte, tanto en su faceta documental como estética,              muchos artistas encontraron en estos primeros escarceos experimentales              un lugar de compromiso radical.</p>
<p>Hoy se muestran videos de artistas en museos y se han incluido éstos              en otros medios como instalaciones. En las grandes muestras, y en              los más importantes museos, es normal ver reproducidos los              trabajos de video artistas, llegando a transformar la práctica              de la escultura (Nauman). Pero mientras el video subsistía,              otras cosas se iban fraguando y así los artistas comienzan              a generar un espacio en el que sus intereses estéticos forman              el centro y a su vez sostienen la estructura de una institución              de arte por sí misma.</p>
<p>Esto es la base para la formación del net.art, de donde menos              probabilidades había surge lo que enmarcaría la noción              de arte en un contexto nuevo y potencialmente revolucionario: Internet.</p>
<p>¿Qué tiene Internet? ¿Qué proporciona              un potencial tan extraordinario y tan aceptado a ese nuevo sistema              tecnológico que se ha metido en las escuelas, oficinas y hogares?</p>
<p>En primer lugar es un algo más que hacer con ese ordenador              personal que usábamos como máquina de escribir o libreta.</p>
<p>Pero fundamentalmente es un sistema de unión pudiendo también              elegir a quien llega nuestro mensaje. Es un gran espacio de libertad              de comunicación global interpersonal. Crea un nuevo contexto              para el arte que requiere o usa un grupo de cualidades distintivas              que definen el nuevo espacio y lo que ocurre dentro de él.              Ahora lo que caracteriza estas cualidades es la identidad intercambiable              de lectores y escritores, la capacidad de cambiar, inventar u ocultar              la identidad, y la capacidad de explorar nociones de anarquía,              de antiorden, de desorden provisional. Este poder alcanzado por Internet              (siempre que no se use para el crimen) se ha hecho componente esencial              de lo que los artistas pueden hacer dentro del espacio social construido              por Internet.</p>
<p>Así entidades como ArtMark, BIT (Bureau of Inverse Technology)              parecen surgir del enfrentamiento del arte conceptual al sistema establecido,              de alguna manera relacionados con las actividades del grupo Guerrilla              Art Action Group en los 70, o pueden verse como herederos del trabajo              de artistas como Sperry, Christo, Barden, o los más recientes              Survival Research Laboratories.</p>
<p>Pero el papel que juega el público en trabajos como el de              D. Davies &#8220;La frase más larga&#8221; en el que él              comienza la frase y los espectadores la continúan sin fin,              ha variado mucho respecto a una obra de arte, si bien, como decíamos,              el cambio de identidades autor-observador-lector, parece dejar claro              que la naturaleza del espacio de la red promueve más bien la              unión compleja de tales identidades.</p>
<p>CUALIDADES DEL NET.ART.</p>
<p>Según D. Ross, director del SFMOMA (San Francisco Museum of              Modern Art), algunas cualidades son definitorias del net.art.</p>
<p>· La posibilidad de movilizar y reunir público. Así              podemos ser responsables de la reunión inicial pero luego la              relación se rompe. La manera en que la audiencia se autoreconstruye              y se mueve es por primera vez un elemento de la paleta.</p>
<p>· La autoridad cambia entre el autor y el espectador. Se difumina              y se borra la línea de separación entre ambos. Se promueve              el diálogo interactivo.</p>
<p>· El net.art se basa en la economía de la abundancia.              Pese a que el aparentemente democrático espacio que ocupa,              donde las barreras económicas y sociales han sido eliminadas              (no es del todo cierto), la abundancia de recursos de producción              y distribución define este arte que no se ve restringido al              espacio de una sala o museo.</p>
<p>· La red permite la producción de trabajo épico:              tal y como lo entendía Brecht, en oposición al convencionalismo,              es un espacio que no puede mercantilizarse. Desde Duchamp, Fluxus              y otros se busca y se encuentra un medio donde trabajar infiltrados,              no dependiente de la vida cotidiana que restringe proyectos a gran              escala.</p>
<p>· El net.art es puramente efímero, lo opuesto a la cualidad              épica. No deja huella. Puede tener la brevedad poética              que resume una vida en la conciencia colectiva.</p>
<p>· El net.art se produce dentro de un medio en el que se manejan              herramientas digitales potentísimas. Los artistas son capaces              de realizar imágenes de una calidad impredecible. Crean sonidos              y reproducen sonidos impredecibles. La textura es nueva. No es como              el video o el cine. Las cosas parecen lo que son. El color juega un              papel en el que se trabaja día a día. Hay un enorme              potencial de exploración en un nivel puramente formal desatendiendo              a otras preocupaciones sociales y estéticas.</p>
<p>· La tecnología digital permite simulaciones y construcción              de imágenes totalmente creíbles. Son oportunidades estéticas              llenas de posibilidades</p>
<p>· La intimidad del medio. Es como leer un libro con la tensión              de estar en el teatro, pero el espacio real es privado y lleva a una              gran variedad de manipulaciones estéticas.</p>
<p>· La naturaleza interactiva es una cualidad de feedback positivo              de la red.</p>
<p>· La cualidad discursiva encaja en el trabajo real. Nunca antes              el aparato de trabajo crítico estaba incluido en el mismo trabajo.              Así el trabajo y su crítica es la misma cosa, hay un              colapso del espacio entre el autor y receptor.</p>
<p>· Existe un derrumbamiento de la distancia entre diálogo              crítico y diálogo productivo.</p>
<p>· Se trabaja en superficies a pequeña escala. Se desarrolla              el marco dentro del marco y se potencia la organización gráfica              del espacio.</p>
<p>· La posibilidad de elegir no sólo la transformación              de los espectadores sino el número exacto de estos. Se pueden              identificar los grupos o individuos a los que nos dirigimos.</p>
<p>· Es transaccional. Se puede hacer negocio. En este marco se              puede trabajar con la transferencia de riqueza.</p>
<p>· La red no es directamente mercantilizable pero esto puede              cambiar.</p>
<p>· La red es anárquica y peligrosa. Es lo que conlleva              la absoluta libertad del medio, es algo con lo que hay que convivir.</p>
<p>· No es pintura, no es dibujo, no es escultura (aunque si miramos              la escultura desde el punto de vista de J. Beuys, como una manipulación              del espacio social podría entenderse como tal).</p>
<p>· El &#8220;morphing&#8221; de imágenes y textos es único              en el net.art. La capacidad gráfica de transformarlos los imbrica              en gran manera.</p>
<p>· Es intrínsecamente global.</p>
<p>· Inspira la creación de corporatividades, de unión              de artistas.</p>
<p>EL ECOSISTEMA DE LA RED. NUEVOS TERRITORIOS ESTÉTICOS Y PERCEPTIVOS</p>
<p>El desarrollo masivo de las tecnologías de la telecomunicación              en este último siglo ha producido sin duda, un visible derribo              de las distancias territoriales así como un estrechamiento              en el marco de las relaciones interpersonales. Se ha inaugurado la              posibilidad de integrar circuitos comunicativos &#8220;sin cuerpo&#8221;,              anónimamente, rompiendo cualquier barrera espacio-temporal              al integrar la capacidad de temporalizar el propio espacio, estableciendo              contacto con quién sea en cualquier lugar, pero en tiempo real.              Los medios de comunicación se han transformado en medios participativos              (televisión interactiva, Internet), y en este sentido la cuestión              de las relaciones interpersonales cobra más interés              que la supuesta potencialidad instrumental de las &#8220;nuevas tecnologías&#8221;              o la hipotética masa de información en circulación,              en el marco de dicha revolución de las comunicaciones. Nunca              hasta este momento se había producido una socialización              tan dinámica en el marco de los medios de comunicación.              El acceso total y sin restricciones y su uso generalizado han creado              un nuevo modelo de &#8220;libertad&#8221; y de condiciones en el marco              cognitivo de la comunicación. Suprimida la contingencia de              lejanía por &#8220;proximidad&#8221;, lo que sí evidencian              paradójicamente dichas tecnologías de comunicación,              es la creación de un marco de intermediación que anula              la posibilidad de presencia y realidad por virtualidad y ficción.              Hay que advertir que dicho proceso sólo se activa por la mediación              en un sistema de relación dado. Pero por otra parte, es preciso              recordar que todo evento de fisura y transformación en el proceso              de evolución cultural implica un cierto grado de distanciamiento              respecto al contacto directo: nuestros medios de comunicación              nos permiten sentirnos más unidos sin vernos, sin sabernos.              Esta situación de ambivalencia puede resumirse en la idea de              naturalismo artificialista de J.L. Moraza como un trompe l´cognition,              &#8220;una paradoja propia del vínculo entre una realidad virtual              &#8211; donde no rigen las leyes de posición y materialidad &#8211; y un              cuerpo que no puede evitar seguir siendo real&#8221;. Un choque discursivo              que materializa una estrategia de desplazamiento ya concreta, que              transforma, muta o simplemente anula el sentido de otros procesos              comunicativos en el marco de la cognición.</p>
<p>El sistema del arte no ha eludido su implicación en esta revolución              de los sistemas telemáticos. Ha encontrado en los sistemas              multimedia la panacea a su inagotable búsqueda de &#8220;tiempo              expandido&#8221;. La aspiración de transcurrir, de acontecer,              retira la condena de cierta presión epistemológica por              mantener una situación de presente continuo y produce una ruptura              con lo real a través de la presentación, de la suspensión              del sentido y de la primacía del objeto sobre la forma. La              distancia &#8211; metafísica, pues no opera de ningún otro              modo &#8211; entre representación y realidad se ha salvado (¿o              problematizado?) a través de la mediación de la técnica              como mecanismo generador de representabilidad. Desde la perspectiva              de la mutabilidad de este proceso, el objeto, relegado a su propia              autorreferencialidad se ha desintegrado en su incapacidad de asumir              la competencia de temporalizar, de estrechar el arte y la propia vida,              sumido en un proceso ya agotado de sucesivas lecturas que tras continuas              misiones semánticas ha sucumbido a la retórica postmoderna              de estetización. Tanto la fotografía, como el cine,              como el media art, así como las prácticas de acción,              han contribuido a la ilusión de organización de un arte              directamente incrustado en la vida; siguiendo una pulsión de              inmanencia que se inicia con el discurso estético del Naturalismo.              Han cubierto la producción de medios autónomos de distribución              del conocimiento estético, refundando una autocrítica              y establecido cierta cobertura teórica a todos los niveles,              también han infligido, y puedo afirmarlo sin ninguna distorsión,              grandes transformaciones del sentido de la experiencia de lo artístico              en un contexto de cultura de masas.</p>
<p>¿Pero todas estas transformaciones han infectado por &#8220;extensión              de contagio&#8221; a todo el contexto artístico?. ¿Qué              ha ocurrido con los medios y dispositivos convencionales de distribución              pública del arte &#8211; el museo, la galería, el centro/foro              &#8211; que permanecen ajenos al modo de exhibición de los medios              de comunicación?. El museo o la galería siguen siendo              todavía entidades dominantes, hegemónicas y lo que es              más relevante, son todavía dispositivos legitimadores.              La falta de pragmatismo, su incapacidad de generar &#8220;nuevas industrias&#8221;              de recepción reconduce su discurso hacia una cuestión              totalmente política: organizar su proyección social              y pública. Estos dispositivos han asumido la tarea de ser focos              generadores de intersubjetividad, se han transformado en receptores              del acontecimiento. Desde una perspectiva contemporánea, &#8220;es              una noción del espacio artístico como un territorio              potencial para el desarrollo de una práctica orientada hacia              la estimulación de acontecimientos y no hacia la creación              de un producto estético&#8221;. Arte como ética de la              comunicación, museo como lugar de confluencia.</p>
<p>Las primeras formulaciones en ámbitos tales como el de la invención              de ordenadores electrónicos, el esbozo de una teoría              de la información y el uso de la tecnología con mecanismos              de retroalimentación tras la segunda guerra mundial, han favorecido              el surgimiento de un discurso del paralelismo e intercambio entre              la tecnología y los contextos en los que se utiliza. En tal              discurso, el ser humano no sólo tendrá que adaptarse              a unas máquinas progresivamente más poderosas, como              en Tiempos modernos, la película de Charles Chaplin, sátira              de la era moderna. En opinión de Wiener, y de muchos otros              después de él, a la era de la máquina mecánica              quizá le suceda una &#8220;modernidad cibernética&#8221;.              No obstante, esta vez en el contexto de un marco posmoderno y postestructuralista              como es el de las ideas de &#8220;materialización&#8221; cuasi              biológica, de relaciones dentro de la red y de una multiplicidad              sistémica.</p>
<p>La argumentación radical del artista y pionero de la informática,              Roy Ascott, a favor de una &#8220;arquitectura de la cibercepción&#8221;              puede considerarse como ejemplar a la hora de explicar cómo              las ideas de la cibernética, la teoría de sistemas,              la investigación en inteligencia artificial y la percepción              se reorganizan y componen una visión del intercambio entre              la tecnología y el mundo tal y como hoy lo conocemos. Según              Ascott, &#8220;las tecnologías postbiológicas nos permiten              implicarnos directamente en nuestra propia transformación y              están contribuyendo a un cambio cualitativo de nuestro yo&#8221;.              Esta &#8220;facultad emergente&#8221; de la cibercepción está              creando una facultad postbiológica basada en la intensificación              de las interacciones perceptivas y cognitivas en las redes de los              medios cibernéticos globales, lo que permite concebir una arquitectura              global coleccionista de &#8220;nuevos mundos&#8221;: &#8220;la cibercepción              no sólo implica la existencia de un cuerpo y una conciencia              nuevos, sino también la redefinición de un modo en que              podamos vivir juntos en el interespacio entre lo virtual y lo real&#8221;.              El resultado, según Ascott, es una &#8220;interrealidad&#8221;,              &#8220;un estado borroso entre lo virtual y lo real en el que tienen              lugar nuestras interacciones cotidianas sociales, culturales y educacionales&#8221;.</p>
<p>Lo que aquí quiero plantear es que el significado del discurso              de la cultura y de la tecnología provocan una intensificación              del imaginario, cuyo mapa cognitivo está influido por la tecnología              de la tercera era, pero, como plantea Jameson, está restringido              también por la fisura abierta entre la experiencia y el conocimiento              científico. Dejando a un lado el marco dialéctico de              la teoría crítica de Jameson, cabría decir que              la intensificación de la percepción del imaginario está              produciendo una forma de conocimiento que indica el modo en que las              relaciones entre lo funcional, lo simbólico y lo imaginario              surgen como respuesta cultural y son reflejo de la invención              tecnológica. Así, este conocimiento no es ni completamente              erróneo, ni completamente acertado con respecto a la tecnología              en un sentido estricto, sino que implica un conocimiento situacional              distorsionado que apunta hacia una invención cultural peculiar              de los aspectos tecnológicos.</p>
<p>EL NET.ART EN ESPAÑA</p>
<p>En el año 1968 un grupo de artistas españoles, convocados              por el Centro de Cálculo de la Universidad Complutense de Madrid              van a enfrentarse por vez primera a los conceptos de arte y computación,              entonces las computadoras ocupaban habitaciones enteras, Fue una solicitud              becaria del pintor Manuel Barbadillo lo que desembocó en la              creación de un seminario para la Generación Automática              de Formas Plásticas, impulsado desde su origen por Ernesto              García Camarero y apoyado por los arquitectos Seguí              de la Riva, de las Casas Gómez, de la Prada Poole, Searle,              así como por el crítico de arte Aguilera Cerni. El resultado              de este primer Seminario se concretó en una exposición              denominada &#8220;Forma Computable&#8221;, celebrado en el hoy desaparecido              Centro de Cálculo y que reunía obra de Alexanco, Amador,              Elena Asins, Barbadillo, Gerardo Delgado, Gómez Perales, Equipo              57, Tomás García, Lily Greenham, Lugan, Quejido, Abel              Martín, Eduardo Sanz, J. Seguí, Soledad Sevilla, Sempere              e Yturralde.</p>
<p>De aquella experiencia, que inexplicablemente duró tres años,              surgieron algunas obras más o menos afortunadas y una escasa              divulgación internacional. La explosión del arte virtual              se produce a mediados de los ochenta y principios de los noventa.              La prensa especializada se entera al fin de que es posible la creación              de arte virtual y se producen las primeras instalaciones interactivas              por ordenador. &#8220;Legible City&#8221;, la obra de Jeffrrey Shaw              es de 1988. De aquella época son también las obras de              Perry Hoberman, Lynn Hershman y Ken Feingold, por citar a algunos              de los que exploraban entonces las posibilidades de las nuevas tecnologías&#8230;              algunos de los que, desde fuera de España, investigaban las              NNTT.</p>
<p>En consonancia con este sentir, a lo largo de estos años se              han venido desarrollando múltiples experiencias cuyo factor              común puede resumirse en las siguientes cualidades: origen              creativo, ejecución virtual, desarrollo abierto, interacción.              Lo que entonces era designado de diferentes maneras -&#8221;El mundo              era tan nuevo que para nombrar las cosas había que señalarlas              con el dedo&#8221; (o algo parecido, cito de memoria), así empieza              Gabriel García Márquez sus Cien años de soledad-,              parece que va tomando una definición que lo designa y lo diferencia:              net.art. Ahora, próximos al siglo XXl, inmersos en la era de              la información, con la red Internet como bandera, nuevas vías              de investigación y de producción consolidarán              el llamado net.art. Y a tal consolidación no le ha de ser ajena              la aportación de importantes teóricos españoles,              como es el caso actual de José Luis Brea, Ricardo Echeverría              o Luis Fernández, a la sazón mantenedores de la revista              virtual de arte y pensamiento contemporáneo El Aleph y creadores              de la edición 98 de Arco Electrónico, un foro de debate              donde podrá escucharse a José Ramón Alcalá              (Museo Electrografía, Cuenca), Antonio de las Heras (Universidad              Carlos III, Madrid) y Xavier Berenguer (Pompeu Fabra, Barcelona),              quien ya participara igualmente en la experiencia citada de 1986 (Procesos).</p>
<p>A modo de resumen: El net.art empezó a finales de los sesenta              en diferentes países, incluyendo España. Pasado el período              de silencio que lleva hasta mediados los ochenta, también nuestro              país incorpora nombres, obras y actividad al desarrollo de              lo que ya hoy día es claramente una disciplina específica              dentro de las artes, el net.art, si bien todavía necesitará              cierto ajuste intelectual que, a la vista de los nombres citados anteriormente,              presumimos tendrá igualmente marchamo español.</p>
<p>LA POÉTICA DE LA RED. CURIOSIDADES</p>
<p>[ Lo que sigue es una variación sobre el texto del escritor              holandés Gerrit Komrij "Cómo leer poesía"              ]</p>
<p>No importa el modo en el que nos acerquemos al Net.art, el mundo del              observador del net.art, de su audiencia, siempre esta lleno de trampas.              He aquí algunos pocos ejemplos:</p>
<p>Nunca pregunte a un net.artista qué quiere decir con un trabajo              determinado. Es tan estúpido como preguntarse &#8216;qué se              supone que representa&#8217; una pintura que estés observando.</p>
<p>Si una obra net.art representase algo más de lo que muestra,              entonces estaríamos hablando de una obra diferente. De acuerdo              con esto, una obra net.art puede poseer distintos significados y connotaciones              en función de sus distintos usuarios. Además, la obra              puede significar -esto- hoy y -aquello- dentro de cinco años.              Uno no puede asir definitivamente un trabajo net.art.</p>
<p>Una obra net.art posee un contenido dinámico.</p>
<p>Nunca admire una obra net.art porque en la red funcione muy velozmente.              O porque se &#8216;vea tan bien&#8230;&#8217;. Aplique también estas observaciones              para el sonido de un violín o la vista de un paisaje.</p>
<p>Tampoco diga nunca que una obra net.art le condiciona estéticamente.              Guarde ese tipo de comentarios para su visita al peluquero o manicura.</p>
<p>Nunca intente extraer sabias lecciones de una obra net.art. Los profesores              de instituto no están a favor del net.art, aún cuando              algunos hayan sido net.artistas por error. Los net.artistas a menudo              no comprenden el mundo para nada. Pueden ser tan estúpidos              como su audiencia.</p>
<p>Las obras net.art lo comprenden todo.</p>
<p>Nunca crea que una obra net.art, al igual que un net.artista, miente              descaradamente.</p>
<p>No hay mentiras en el ciberespacio. En una obra net.art el mundo puede              ser cuadrado, la teoría mediática puede ser una naranja              y la hierba ser azul.</p>
<p>Nunca se confunda cuando lea las palabras &#8216;mi&#8217; o &#8216;yo&#8217; en una obra              net.art. El creador de una buena obra net.art siempre se refiriere              a otros con estas palabras, incluso cuando hablan de sí mismos.</p>
<p>Nunca suponga que una obra net.art resulta clara y comprensible. En              ese caso lo mejor sería adoptar otro enfoque. Cuando una obra              net.art parece sencilla y cristalina, incluso entonces seguirá              pareciendo incomprensible cómo el artista obtuvo esa sencillez              y claridad. Esto es: si se trata de una buena obra net.art.</p>
<p>Nunca asuma que una obra net.art es algo oscuro e incomprensible.              Incluso cuando no entienda ni siquiera un byte de ella, incluso si,              con respecto a sus segmentos parece tan oscura como el cielo nocturno,              siempre existe un punto desde el cual la podrá comprender.              Entender por ejemplo, que se trata de una obra net.art. Esto es: si              se trata de una buena obra net.art.</p>
<p>No se pregunte si una obra net.art descentralizada utiliza bien su              propia red, al igual que nunca debería preguntarse por qué              una obra net.art no descentralizada no está en red. Son cuestiones              banales. Cada obra net.art esta hecha de la red. Asociaciones, alianzas,              códigos, robos, rupturas, hasta los sistemas autónomos,              no son sino disfraces de la red. Piense en las figuras del código,              en cada apunte y truco técnico: no conforman el escenario de              la obra net.art, son la propia obra net.art.</p>
<p>Empiece a dudar seriamente sobre su derecho a vivir si nunca se le              saltan las lágrimas después de presenciar una obra net.art.              Pero de un modo existencial, proviniendo de su diafragma.</p>
<p>No piense que ya ha visto suficientes obras net.art. En cualquier              momento dado puede aparecer inesperadamente una obra que desestabilice              todo lo que haya visto antes.</p>
<p>Algunas indicaciones para tener una mejor relación cotidiana              con el net.art.</p>
<p>Iniciándose y abordando el net.art desde todos sus puntos sin              limitarse en sus propios gustos o preferencias -la casa del net.art              tiene muchas habitaciones- al final llegará a acostumbrarse              a la idea de que nunca llegará a acostumbrarse realmente al              net.art. El net.art es como el vigilante perro guardián de              su jardín.</p>
<p>Hay algo en el net.art, como en la música o la poesía              que no puede traducirse en palabras, y ya que el net.art es algo hecho              con información parece tremendamente alienante en un principio,              lo cual es algo que no parece que queramos aceptar. Es como si no              nos estuviera dando algo que podría darnos. Hasta que descubrimos              que en esas reservas secretas se aloja su verdadero poder.</p>
<p>Previamente he hablado del net.art únicamente de un modo categórico.              He partido de lo que veo que es el enfoque ideal: entender una obra              net.art actual, bien como un ejemplo, bien como un punto de partida.              Sólo a través de una obra net.art alguien podrá              decir algo sobre otra obra net.art, e incluso en ese caso, sólo              podrá hacerlo sobre esa obra en particular. Se comete un gran              error atacando una obra net.art mediante conclusiones sacadas de la              lectura de otra obra net.art. Las generalizaciones son el enemigo              mortal del net.art. Sólo poniendo juntas varias obras net.art              u observándolas próximas las unas a las otras podríamos              obtener algo mínimamente claro acerca del net.art. Me doy cuenta              de que esto difícilmente es un consuelo.</p>
<p>Josephine Bosma (original difundido a través de nettime)</p>
<p>EL FUTURO DEL NET.ART</p>
<p>Tanto las obras como todo lo que esté relacionado con ellas              (por tanto también la cultura en la que se encuentran y que              generan) probablemente se diluirá en la realidad de cada día,              de tal modo que ya no habrá un discurso separado entre el net.art              y otras formas artísticas, como hoy ya casi esta sucediendo.              Muchas disciplinas se &#8216;conectarán&#8217; a la red y los discursos,              tradiciones, estilos se entremezclarán tanto, que seguramente              se desarrollará una especie de nostalgia para preservar el              término net.art.</p>
<p>Hoy ya hay gente que distingue entre &#8216;puro&#8217; net.art y net.art en general.              El &#8216;puro&#8217; net.art sólo existe on line, no tiene extensiones              ni presencia fuera de él, esto es lo que argumentan. Esta visión              del net.art se debe a menudo a cierta inexperiencia en una net.cultura              de gente que acaba de descubrir el medio y están fascinados              por él. No son conscientes de los desarrollos e investigaciones              presentes en la net.cultura que tienen que ver con el cuerpo, con              las extensiones con el mundo real. Otros son los cyborg-tradicionalistas.              Quieren ser pura información. Es éste un tipo de actitud              romántica. Aún así, todavía es necesaria              una consolidación del término net.art. Representa una              aproximación al arte muy diferente y necesitamos ser capaces              de discutirla.</p>
<p>En el futuro el net.art será algo muy común se llame              como se llame. La gente lo utilizará de acuerdo con su propio              gusto y perspicacia. De todos modos, las instituciones, al igual que              en el pasado (y en el presente) nunca serán capaces de cubrir              ni hacer sitio a la totalidad de las prácticas artísticas.              Por otro lado, las actividades artísticas ajenas a la institución,              al igual que hoy, crecerán y se harán más importantes.              Aún no ha llegado el final de la historia. Las instituciones              tendrán que compartir su poder con mayor número de pequeñas              instituciones, proyectos a corto o largo plazo e individuos. Decidir              lo que será arte y lo que no ya no estará en manos de              unos pocos. Debemos darnos cuenta del desarrollo que se está              produciendo. No tiene nada que ver con ciertas historias míticas              sobre el Internet. Simplemente tiene que ver con el desarrollo tecnológico.              El modo en que alguien en el futuro tendrá acceso a la información              va a ser otra historia. Estará en las manos de aquellos que              controlen las líneas o redes más importantes. El desarrollo              del &#8216;streaming media&#8217; (flujo de información en tiempo real)              produce estructuras y jerarquías muy poderosas que controlarán              el uso del ancho de banda.</p>
<p>OPINIÓN A MODO DE EPÍLOGO</p>
<p>La red es un terreno en el que ya están entrando los poetas,              los músicos y los pintores, y donde hay que ir obligatoriamente.              Es un terreno que no podemos dejar que lo colonicen otros; los artistas              tenemos que estar ahí, porque cambian muchas cosas a favor              del pensamiento de vanguardia. Como el tema del valor de cambio: el              componente económico desaparece para una obra. Tú pones              una obra en Internet, no cobras por ella, y no estas primando que              un señor se la lleve a su casa a cambio de dinero y la mitifique.              Vuelve a poner sobre la mesa la cuestión de la reproductibilidad.              Personalidades como Duchamp estarían encantados de haberlo              conocido. También tiene unas limitaciones, y sobre todo si              lo que la gente quiere es hacer planteamientos desde una visión              experimental hay que ir con esa mentalidad. Poner la mente en blanco              y preguntarse qué es Internet, cómo funciona y ver qué              es lo que merece la pena hacer. Y que cosas no hacer. Hay ya gente              que lo esta haciendo. Pedro Miguel Lucía puso en marcha una              acción que sólo podía hacerse (bien) a través              de Internet. Puso en su página web un poema corto con la indicación              de que, todo aquel que quisiese, lo tradujese a su idioma y pusiese              su traducción en la pantalla para que otras personas a su vez              lo tradujeran, en un intento de que el poema diera la vuelta al mundo              mediante traducciones. El lo hace, convencido de que, después              de ese periplo, cuando él lo vuelva a encontrar, no lo reconocerá              ni su propio padre (él mismo) porque no se parecerá              al poema original.</p>
<p>Internet, como todas las nuevas tecnologías, y en especial              los ordenadores, pueden inducir a comportamientos excesivamente reduccionistas,              con todo lo que eso supone. Por ejemplo, el abandono de las experiencias              manuales, y por su causa, el empobrecimiento del pensamiento visual,              que tiene una importante relación con ella.</p>
<p>A la hora de la verdad, el artista siempre ha estado sólo:              es la noche oscura del alma; la creatividad como una forma de pensar              con todo el cuerpo&#8230;Por lo demás, el correo electrónico              y la comunicación a través de Internet tienen una gran              ventaja: la velocidad y el bajo coste&#8230; Esto último, puede              ser muy decisivo para los mas jóvenes, para la difusión              cultural, e incluso para un determinado comercio del arte. Creo que              los superpropagandistas de Internet exageran en algunos cuestiones,              al presentarlo como la revolución de las revoluciones, pero              no hay duda de que ya nada va a volver a ser igual en el mundo del              conocimiento y la cultura. Posiblemente no supere en repercusión              al nacimiento de la imprenta, pero si sólo se le acerca, ya              es realmente mucho, y nada podrá ser igual. Sólo la              idea de relacionarse con un número casi ilimitado de autores,              de experimentar con nuevas formas de participación e interrelación.</p>
<p>BIBLIOGRAFÍA:</p>
<p>Moraza, J. L. &#8220;Cualquiera, Todos, Ninguno&#8221;. Diputación              foral de Guipúzcoa 1992.<br />
Brea, J. L. &#8220;Las Auras Frías&#8221;. Anagrama 1991.<br />
Brea, J. L. &#8220;Un Ruido Secreto: El Arte En La Era Póstuma              De La Cultura&#8221;. Mestizo A.C. de Murcia 1996.<br />
Wiener, N. &#8220;Cibernética&#8221;. Tusquets 1985.<br />
Ascott, R. &#8220;Reframing Concioussness: Art, Mind And Technology&#8221;              Intellect S.B.S. 1999<br />
Jameson, F. &#8220;El Postmodernismo Y Lo Visual&#8221;. Episteme 1997.<br />
Millán, F. &#8220;Vanguardias y vanguardismos ante el siglo              XXl&#8221;. Ardora 1988.</p>
<br /><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/categories/vidoc.wordpress.com/44/" /> <img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/tags/vidoc.wordpress.com/44/" /> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gocomments/vidoc.wordpress.com/44/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/comments/vidoc.wordpress.com/44/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godelicious/vidoc.wordpress.com/44/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/delicious/vidoc.wordpress.com/44/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gofacebook/vidoc.wordpress.com/44/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/facebook/vidoc.wordpress.com/44/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gotwitter/vidoc.wordpress.com/44/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/twitter/vidoc.wordpress.com/44/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gostumble/vidoc.wordpress.com/44/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/stumble/vidoc.wordpress.com/44/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godigg/vidoc.wordpress.com/44/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/digg/vidoc.wordpress.com/44/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/goreddit/vidoc.wordpress.com/44/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/reddit/vidoc.wordpress.com/44/" /></a> <img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=vidoc.wordpress.com&amp;blog=1777301&amp;post=44&amp;subd=vidoc&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></content:encoded>
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		<title>El instante invisible del net art</title>
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		<pubDate>Sun, 30 Sep 2007 13:55:36 +0000</pubDate>
		<dc:creator>vidoc</dc:creator>
				<category><![CDATA[General]]></category>

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		<description><![CDATA[Remedios Zafra “érase una vez”: que éramos artistas e íbamos a la deriva y que un día llegamos al erial virtual. Pensamos que en esta tierra de nadie -pero de todos- daríamos por cumplidos muchos de los sueños emancipatorios que, aburridos de los objetos, nos quisimos imaginar. Nos dio por lo inestable, lo virtual, lo [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=vidoc.wordpress.com&amp;blog=1777301&amp;post=43&amp;subd=vidoc&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p class="autor"> <em>Remedios Zafra</em></p>
<blockquote><p> <em>“érase una vez”:</em></p>
<p><em>que éramos artistas e íbamos a la deriva y que un día llegamos              al erial virtual. Pensamos que en esta tierra de nadie -pero de todos-              daríamos por cumplidos muchos de los sueños emancipatorios que, aburridos              de los objetos, nos quisimos imaginar. Nos dio por lo inestable, lo              virtual, lo inmaterial, lo re-codificable, &#8230; todo online para asegurar              un distanciamiento del lastre del pasado: los objetos y la materia,              los muros de la tradición &#8230; todo aquello que habíamos intentado              matar consecutivas veces a lo largo de nuestra deriva finisecular.              </em></p>
<p><em>Acólitos y epígonos de Duchamp nos reafirmamos como amantes de              la actualidad y </em><em>“constructores de nuestro propio tiempo”. Trabajamos              unos años, pero todo iba tan rápido que en menos de una década pudimos              afirmar, reafirmar e incluso renegar de nuestras ideas. Llegó el 2000              y como no pasó nada relevante nos aburrimos de nuevo. A algunos les              hicieron suculentas ofertas para exponer su net.art en importantes              museos. Otros vieron como algunas de sus primeras obras no pudieron              (ni quisieron) ser recuperadas en nuevos formatos y amenazan ahora              con ser fetichizadas en el viejo ordenador de algún devoto de lo aurático.              Nada era como al principio&#8230; pero sobre todo nos aburríamos. </em></p>
<p><em>Por sí las contradicciones no habían sido arma mortal sobre el              net.art algunos llamaron al Angel Nuevo para que buscase sus cenizas,              y se llevara el “objeto perdido, la ausencia”&#8230; tal vez así se pudiera              salvar “el rostro ausente de la amada”,  de la “puta” de “érase una              vez”. (Pero como también intentamos matar la historia no sabemos si              el Angel Nuevo vendrá &#8230;  ni siquiera sabemos si sigue existiendo).</em></p></blockquote>
<p><strong>Sobre la historia del net.art</strong></p>
<p>Hablar sobre las prácticas artísticas de la red supone enfrentarnos            a la breve historia de “una contradicción”. El net.art  en un principio            concebido como un campo social alternativo donde “el arte y la vida            diaria estaban fusionados” y que promovía un espíritu anti-institucional,            forma parte ya del arte de las instituciones.</p>
<p>La relación que las prácticas artísticas características de la red            han mantenido con los sistemas y espacios de conservación y exposición            del arte convencionales ha marcado su historia. Una relación ésta de            pasiones y recelos, que ya en 1999, y coincidiendo con la primera y            más importante muestra de net.art celebrada hasta la fecha (Net_condition),            proclama su punto cero, a partir del cual (recordemos a Kafka) parece            no haber retroceso posible. Un punto para algunos referente del comienzo            de la historia institucional de las prácticas artísticas de la red,            un punto para otros referente de la muerte de estas prácticas cuyo sentido            de ser, no lo olvidemos, se legitima(ba) siempre en la red, y cuyo sentido            crítico ha cuestionado los sistemas convencionales de exposición artística            de cuya historia -el net.art- ha comenzado ya a formar parte.</p>
<p>Todo ello puede ser entendido, en términos vitales, como una fase            inevitable en el proceso de maduración de las prácticas artísticas de            la red, en cuyo caso no tendría mayor relevancia pues su consideración            institucional no impediría su desarrollo artístico en las redes de comunicación,            digamos que ambos caminos no serían incompatibles. Sin embargo también            puede ser entendido como una claudicación de esta nueva fuerza artística            ante aquello que durante los últimos años ha criticado y en cuyo jactarse            ha basado muchas de sus inquietudes, especialmente el cuestionamiento            de los sistemas tradicionales de exposición del arte. Visto de esta            manera podríamos otorgar al net.art el título de próximo pasajero del            museo-ataúd de las artes agotadas, en cuyo caso sólo nos quedaría disfrutar            la escritura de una esquela memorable y aceptar un muerto (de contradicción)            más en un siglo especialmente amante de gestos últimos.</p>
<p>Elegir esta segunda lectura pondría punto final a esperanzas emancipatorias            y materializaciones de teorías radicales en relación a las posibilidades            de las prácticas artísticas de la red, además nos ahorraría, entre otras            cosas, especular sobre el futuro del net.art y derrochar palabras que            no pasarían de ser la confirmación de un desenlace. Elegir la primera            lectura conscientes de la segunda sería mantener una verdad a medias.</p>
<p>Cansados de un siglo consentidor de falsas verdades, pensamos que            analizar la realidad de las prácticas artísticas de la red y repensar            los sistemas de hacer público el arte significa hacerlo conscientes            de su complejidad, para ello no podemos obviar ningún planteamiento            por contradictorio que éste pueda parecer.</p>
<p align="center"><strong>*</strong></p>
<p>Podemos preguntarnos si estamos obligados a seguir legitimando una            función que en algunos casos puede no ser necesaria, por el temor -tal            vez- de ver cumplidos estos ideales emancipatorios del arte y entonces            dejar de hablar de artistas y museos en los mismos términos en los que            hemos hablado hasta ahora.</p>
<p>Poco parece importar convertir la ‘contextualización’ de la obra en            ‘distorsión’ de la misma. Si las audiencias son muchas pero están aisladas            y separadas entre sí, si el ámbito es otro, si las pretensiones artísticas            contemplan y crean “dentro de” y “para un” contexto en red, lo que se            está llevando a los museos puede ser interesante por otros motivos pero            no por respetar el sentido de las obras.</p>
<p>Recordemos la advertencia que Walter Benjamin dice le hicieron antes            de comenzar un programa de radio: “Los principiantes (&#8230;) cometen el            error de creer que han de dar una conferencia ante un público más o            menos numeroso aunque circunstancialmente invisible. Nada más equivocado.            El radioyente es casi siempre uno sólo, e incluso admitiendo que le            escuchen varios miles, siempre serán varios miles de individuos (&#8230;)            (de) personas solas”. Como las conferencias radiofónicas las obras de            net.art se crean para una audiencia de individuos, de personas solas,            en contextos privados. Extrapolarlas a entornos públicos en la manera            en que esto ha sido hecho las distorsiona y las convierte en “otra cosa”.            Que esta “otra cosa” pueda ser concebida como parte de la obra de net.art,            como una de las posibles lecturas (contextuales) que definen su carácter            abierto es algo que proponen algunos net.artistas, aunque no deja de            parecer una justificación del que se descubre preso de su propia contradicción.</p>
<p>La paradoja aumenta cuando entran en juego los discursos que han caracterizado            algunas de las más relevantes prácticas artísticas del siglo XX y que            parecían haber culminado con el net.art. Es decir, cuando los artistas            basan sus proyectos en la  capacidad reproductiva propia de la fabricación            industrial y de los medios de masas, argumentando un compromiso epocal            con la tecnología y las formas de distribución del momento, e ilustrando            las tesis benjaminianas sobre la pérdida del aura de la obra, en manos            de las transformaciones técnicas de los dispositivos que organizan su            difusión y distribución pública.</p>
<p>La problematicidad de llevar a la práctica estas inquietudes parece            aliarse con el progreso, de manera que aquellos que quieran buscar componentes            exclusivos siempre podrán beneficiarse de la rapidez con que los objetos            en serie y el software son suplantados por otros (en una sociedad cuya            tecnología va sin duda más rápida que los cambios ideológicos y, por            supuesto, que los debates artísticos). Más si cabe cuando los cambios            tecnológicos aún permitiendo la recuperación de datos en los soportes            más actuales modifican los detalles en relación al dispositivo original            (detalles que pueden ser definitivos para la obra artística).</p>
<p>Todo ello además de cuestionar el sentido original de los trabajos            (muchos pretendidamente efímeros) nos habla de una inversión de las            estrategias. Pensemos cómo muchos proyectos artísticos que critican            las formas de hacerse público el arte basadas en los sistemas estéticos            cerrados del objeto artístico y la mercantilización del mismo, no solamente            caen en las redes del comercio sino que se revalorizan. El, en un principio,            compromiso con nuestro tiempo y con las determinaciones técnicas de            los objetos que nos rodean (propias del trabajo con productos fabricados            en serie) podría, curiosamente, convertirse en sustituto del valor que            antes se le daba al “original”, es decir un valor añadido para los que            siguen fetichizando el objeto artístico.</p>
<p>Tal vez en un futuro no lejano podamos asistir a la compra millonaria            de uno de los ordenadores que utilizaron los I/O/D para crear su Web            Stalker o del software original de su primera versión almacenado en            alguna mediateca. Y esto podría pasar, no necesariamente por las concesiones            de los artistas, sino por el desfase entre las ideologías de los artistas            y las realidad institucional y comercial. En un momento en que gran            parte de la tecnología actual habrá quedado obsoleta muchos amantes            del futuro net.art, paradójicamente a su fervor (progresista) artístico-tecnológico,            seguirán manteniendo ideologías (auráticas) propias del siglo XIX. Estas            contradicciones se darán entretanto el progreso tecnológico no vaya            acompañado de un cambio de las ideologías y políticas en torno al hacerse            público del arte.</p>
<p align="center">&nbsp;</p>
<p align="center">*</p>
<p>Tal vez una posible solución a esta situación y que entraría dentro            del hecho del “repensar la institución museística” ha de partir de los            nuevos modelos de sociedad que aceptan la desubicación y diseminación            de la recepción estética y su desvinculación de las estructuras arquitectónicas            museísticas para trasladarlas a los entornos domésticos y al ámbito            privado. Posiblemente su papel (el de las instituciones) habría de encaminarse            más a las nuevas prácticas desde el comisariado y la promoción de líneas            de investigación y ‘producción’ artística en los nuevos medios que a            la recontextualización y distorsión de las propuestas en el mantenimiento            de una línea arcaica y obsoleta de exhibición de objetos en espacios            físicos. De esta manera se contribuiría a la promoción y difusión de            las nuevas prácticas resituando la contribución institucional allá donde            más se precisa.</p>
<p>Curiosamente esta labor ha sido desarrollada desde la red por parte            de iniciativas que han actuado verdadera y legítimamente como puerta            de acceso y plataforma de producción del net.art (websites como adaweb,            irational, o nuestro paradigmático aleph). Repensar y contemporaneizar            la muestra pública de las nuevas prácticas no debe obviar esta labor,            y por supuesto no puede limitarse al reciclado de los soportes exhibitorios,            sino que ha de obligarse a “pensarse” de manera diferente, desde las            exigencias de las nuevas prácticas y desde la valoración de los nuevos            dispositivos que han alojado, promocionado y hecho público el net.art.</p>
<p>La evolución de gran parte de estos espacios online (que surgieron            de iniciativas con muy poco dinero, desde cuya posición ejercían una            crítica considerable hacia las formas en que las macro-empresas estaban            invirtiendo grandes sumas en estrategias de monopolización de la red)            ha sido particularmente significativa en la historia de las prácticas            artísticas de Internet. De hecho algunas de sus trayectorias son similares            a las experimentadas por obras de net.art que fueron creadas con un            evidente posicionamiento crítico ante lo institucional y terminaron            siendo adquiridas para la colección de algún museo.</p>
<p>Pensemos en Adaweb, por ejemplo, que, después de una serie de traspiés            comerciales, terminó siendo alojada por el Walker Art Center, y presumiblemente            salvada de una inminente desaparición. O un caso distinto: Aleph, que            sigue resistiendo a la vorágine comercial, y cuyo futuro (institucional            o no) nos preocupa a muchos. No olvidemos que el mantenimiento activo            de estos dispositivos culturales, depende exclusivamente del interés            y la dedicación personal, en el mejor de los casos de tres o cuatro            personas, normalmente sin apenas apoyo económico. Como el “perfecto            efímero del canto del Angel Nuevo” aquel en que Cacciari representaba            simbólicamente el Aleph originario, Aleph parece no esperar nada, no            implorar nada, sino seguir en el instante “donde el sonido del objeto            y del nombre ya no dis-curre” donde se vuelve meramente intérprete.</p>
<p>Reflexionar sobre su labor e imaginar su futuro forma parte de la            historia pendiente del net.art. A partir de ellos tal vez podamos vislumbrar            vías de investigación y caminos por hacer en la vida pública de las            prácticas artísticas de la red. Vías que contemplen la versatilidad            de las futuras (posibles) constelaciones (microespacios) de acción (exhibición            y producción) de las nuevas plataformas del arte de la red.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:center;line-height:150%;" align="center"><strong>*</strong></p>
<p> Esbozar un <em>status quo</em> de la situación del net.art y de si las            amenazas que hemos ido apuntando han podido o podrán firmar su acta            de defunción, significaría hacerlo conscientes de la dificultad que            supone avecinar el futuro más cercano, y tal vez hayamos de entender            este gesto como un escarceo en lo puramente intuitivo.  En cualquier            caso parece que, pese al varapalo de la incoherencia (¿o será supervivencia?)            de los pioneros del net.art que justificaban sus proyectos en la clausura            del vínculo institucional, del que ahora, paradójicamente, viven, pese            a net_condition, y pese a las contradicciones que alimentan las prácticas            artísticas de la red, nuestro desvirgado erial virtual sigue dibujándose            como sugerente espacio para la acción artística.</p>
<p>Conscientes de que la red Internet no es la panacea ni para el arte            ni para el ser humano, como tampoco lo es ninguna tecnología <em>per            se</em>, perviven, todavía,  muchas de las posibilidades que en un primer            momento animaron a los artistas a indagar cómo los sistemas de comunicación            podían reflejar el espíritu de esta época que vivimos. y cuestionar            muchas de las preguntas que han guiado al arte en este siglo que termina.            Esas posibilidades siguen estando, y aunque su materialización en algunas            prácticas concretas de la red han podido decepcionarnos, otras muchas            materializaciones, tal vez más implicadas social y políticamente, siguen            dándose en la red. De ellas podemos esperar nuevas estrategias para            maniobrar libremente en un entorno que sigue estando amenazado por la            homogeneización y banalización de lo espectacular.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:center;line-height:150%;" align="center">*</p>
<p> Lejos de las esperanzas liberadoras de las vanguardias artísticas            reubicadas en Internet, y superadas las falsas promesas y consecutivas            muertes del arte de este siglo, el net.art se proclama, todavía, imprescindible            como uno de los vigías del tecnopaisaje de las redes de comunicación.            Después de estos años de experimentación y metalenguaje la labor artística            en Internet no ha agotado el medio, en cuanto que el medio se está constituyendo            en espacio y como tal incrementa las posibilidades de acción y consolidación            de nuevas estrategias y proyectos que nos sirvan y que nos gusten más.</p>
<p>Conscientes del sentido profundo e inevitable de la fragilidad de            la vida que llevamos y que llevan las ideas y creaciones del ser humano.            Podemos entender que el net.art no es sino un momento de la deriva artística            de la vida del arte de las redes de comunicación y, pese al devenir            mutado que le espera, sigue siendo -como huella en la tierra- un signo            de auto-reflexividad del momento epocal que vivimos, &#8230; época veloz            cuyo himno es el sonido mismo del instante, el himno del ángel del que            nos habla Cacciari, que surge como “lágrima pura de una extrema lentitud,            que revela nuestra nostalgia del instante invisible del himno del Angel            Nuevo y nuestro luto por la necesaria repetición de sus muertes”.</p>
<br /><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/categories/vidoc.wordpress.com/43/" /> <img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/tags/vidoc.wordpress.com/43/" /> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gocomments/vidoc.wordpress.com/43/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/comments/vidoc.wordpress.com/43/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godelicious/vidoc.wordpress.com/43/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/delicious/vidoc.wordpress.com/43/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gofacebook/vidoc.wordpress.com/43/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/facebook/vidoc.wordpress.com/43/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gotwitter/vidoc.wordpress.com/43/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/twitter/vidoc.wordpress.com/43/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gostumble/vidoc.wordpress.com/43/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/stumble/vidoc.wordpress.com/43/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godigg/vidoc.wordpress.com/43/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/digg/vidoc.wordpress.com/43/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/goreddit/vidoc.wordpress.com/43/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/reddit/vidoc.wordpress.com/43/" /></a> <img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=vidoc.wordpress.com&amp;blog=1777301&amp;post=43&amp;subd=vidoc&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></content:encoded>
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		<title>El net art o la definición social de los nuevos medios</title>
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		<pubDate>Sun, 30 Sep 2007 13:54:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>vidoc</dc:creator>
				<category><![CDATA[artículos]]></category>

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		<description><![CDATA[Juan Martín Prada La dimensión social de la técnica es su propia definición. El desarrollo y proliferación de las nuevas máquinas informacionales ha hecho aún más explícita esa dependencia inmediata, interna e inherente a cualquier concepción de máquina técnica. Si una máquina técnica lo es sólo como máquina social[1] es imposible desligarla, como propusiera Deleuze, [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=vidoc.wordpress.com&amp;blog=1777301&amp;post=42&amp;subd=vidoc&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p class="autor"> Juan Martín Prada</p>
<p>La dimensión social de la técnica es su propia definición. El desarrollo            y proliferación de las nuevas máquinas informacionales ha hecho aún            más explícita esa dependencia inmediata, interna e inherente a cualquier            concepción de máquina técnica. Si una máquina técnica lo es sólo como            máquina social<a href="http://aleph-arts.org/pens/definicion_social.html#_edn1" name="_ednref1">[1]</a> es imposible            desligarla, como propusiera Deleuze, del sistema social que ella misma            presupone y que, en última instancia, es el que únicamente podría ser            definido como maquínico<a href="http://aleph-arts.org/pens/definicion_social.html#_edn2" name="_ednref2">[2]</a>.            Un ejercicio, en definitiva, del deseo como funcionamiento (la máquina            misma es el deseo).</p>
<p>Las nuevas máquinas con las que participamos de las            nuevas redes de telecomunicación son productoras de constantes dependencias            y de nuevos ensamblajes, de estrechas asociaciones. Frente a la antigua            relación basada en el uso, en el cuidado y administración de la acción            de la máquina, en su manejo, los principios que se ponen en marcha hoy            establecen una relación ser humano-máquina basada en una comunicación            interna y mutua. Se trata de sistemas en donde ambos elementos pertenecen            a una misma lógica, al contrario de lo que acontecía en el pasado, donde            uno respondía a la lógica del subyugado y la otra a la de la subyugación.            Ahora se entrelazan por una peculiar forma de coexistencia lineal. Pasamos            de ser los agentes al cuidado de su acción a convertirnos en partes            constituyentes intrínsecas de ella. Lejos de depender su funcionamiento            de los principios de la producción ahora entran en juego agregados y            procesos de normalización y modulación, basados en transformaciones            e intercambios de información.</p>
<p>También medios más antiguos como la televisión han            sabido muy bien hacer que sus espectadores no sean ya sus consumidores            o usuarios, sino el espacio de su propia existencia, engranajes exentos            donde producirse.</p>
<p>Los medios no son más elementos de uso, sino que integran            ahora las propias estructuras del habitar y de la producción de significados.            La tecnología no colabora en la acción del vivir sino que es ahora el            lugar donde ésta se desarrolla.</p>
<p>Para Deleuze el hecho de que la máquina técnica presuponga            un ensamblaje social maquínico introducía otro punto de extrema importancia:            el ensamblaje maquínico del deseo es también el ensamblaje colectivo            de la enunciación. De ahí que aunque el enunciado pueda ser uno de sumisión            o de protesta, siempre forma parte de la máquina<a href="http://aleph-arts.org/pens/definicion_social.html#_edn3" name="_ednref3">[3]</a>.</p>
<p><strong> </strong></p>
<p>Hoy los procesos de emisión, trasmisión, distribución            y recepción de información pertenecen todos a un mismo ensamblaje, que            induce a nuevas prácticas de deseo, percepción y movimiento. Quizá en            la evolución de esta consigna esté la razón de que en nuestros días,            como hemos visto durante los últimos meses, parezcan tomar cuerpo algunas            de las más duras profecías de Virilio: los fallos técnicos pueden ya            sustituir los errores propios del proyecto político y económico.</p>
<p>Frente a aquella investigación de los marcos, de los            lugares que contienen la práctica artística como discurso, tan característica            de las manifestaciones artísticas más radicales de las décadas de los            setenta y ochenta, la creación artística que toma internet como su ámbito            de producción reconoce la disolución en ella de todas las relaciones            contextuales. Medio escasamente reflexivo, las relaciones que produce            son siempre de arrastre. De ahí que la tarea pendiente para el net.art            sea un necesario proceso de conversión en tema del proceso medial mismo,            romper los ensamblajes que nos unen a él, generando conciencia crítica            de algo que es mucho más que un medio de transmisión, a través, precisamente,            de constituirlo como actividad.</p>
<p>La creación artística tiene de esta forma la responsabilidad            de hacer reflexivo el medio, de definirlo socialmente, aceptando ya            que la única vía efectiva de transformación social es la proliferación            de las líneas de resistencia a las formas existentes de poder, más que            buscar su imposible derrocamiento. Bien parece haber valorado el net.art            la disposición que debe ahora organizar la resistencia, que sólo puede            ser ya ejercida desde dentro, empleando los mismos mecanismos y escenarios            en los que el propio sistema se desarrolla.</p>
<p>Al igual que para Gadamer un individuo está siempre            en ese acto de despliegue del ser que implica la comprensión de los            otros, las prácticas artísticas desarrolladas en los nuevos medios deberían            ser, ante todo, investigación de las otras prácticas sociales que en            ellos se desarrollan. Propuesta surgida de la necesaria creencia en            que las prácticas artísticas son las más capacitadas para integrar en            nuestra cultura las nuevas tecnologías, para calibrar la dimensión auténtica            del campo de sus posibilidades <em>sociales</em>. La concepción de la            memoria como memoria fílmica, tal y como fue enunciada por Jean-Luc            Godard en sus <em>Histoire(s) du Cinéma</em>, es aquí ejemplo fundacional.</p>
<p>Creación artística la propia del net.art que se reclama            más allá de la producción de significados dañados, perdidos o improbables            en la sociedad del consumo, deslizándose subrepticiamente hacia una            labor de análisis y crítica de los procesos de inclusión del sujeto            en la sociedad de los medios, de su modificación y adaptación permanente            a la temporalidad inestable que la caracteriza como sistema organizado.</p>
<p>Nunca fue tan propio del net.art la creación de obras            como el análisis de las condiciones sociales de su experiencia. Una            extrema dificultad desde la que el propio net.art se genera, y desde            la que se justifica como práctica no caduca, dado que su tiempo es el            interminable de la disconformidad y la disensión.</p>
<p>Creación artística en las redes como descubrimiento            de las operaciones latentes tras ese enaltecimiento de los detalles            intensivos propios de la publicidad y el consumo, destellos de seducción            y placer que ocultan los procederes de las pequeñas pero constantes            operaciones que mueven los grandes funcionamientos sociales y de la            producción.</p>
<p>Son los detalles del mundo y de los discursos y no            su extensión dinámica lo que ahora nos convence. No podía ser de otra            manera, si nuestro espacio de vida es ya uno donde se da un cierto <em>carácter            irreparable de las acciones insignificantes</em><a href="http://aleph-arts.org/pens/definicion_social.html#_edn4" name="_ednref4">[4]</a>. Un mundo que se agota y reproduce            a diario a través de una perpetua implicación en lo mínimo y en los            detalles, en la que, cumpliendo con la premonición baudrillardiana,            toda la energía de la cultura se implica en cada instante en uno sólo            de sus objetos, en uno sólo de sus rasgos o detalles<a href="http://aleph-arts.org/pens/definicion_social.html#_edn5" name="_ednref5">[5]</a>. Problema de escalas que convierte            a lo real en un ente indeseable. Virtualización creciente de las relaciones            sociales y de la comunicación, que, sin embargo, ya no tiene tanto que            ver con la producción de simulacros como con la de falsas atribuciones            que acarrean en todo momento el peso de su <em>verdadera</em> desaparición.</p>
<p>Espacio en el que se nos dispone en actitud de intérpretes            de un espectáculo, sin duda fascinante por intensivo, por el que claudicamos            definitivamente ante la complejidad (en detalles) de la experiencia.            Es quizá éste un nuevo shock de la <em>memoria</em> <em>involuntaria,</em>            que trasporta al pensamiento a los confines de una extraña duración            siempre recurrente e inestable. Sentir instantáneo de la experiencia,            acompañado de una profunda necesidad de justificar las formas de su            continuidad, pero, por supuesto plagado de lagunas, que produce los            significados y la historia como vacíos.</p>
<p>En la megalópolis mediática donde todo tiene lugar            el poder debe ser analizado como algo que circula. Los individuos, sin            embargo, recordemos, no son ya los puntos de aplicación del poder sino            su vehículo<a href="http://aleph-arts.org/pens/definicion_social.html#_edn6" name="_ednref6">[6]</a>. Tiempo de lo trágico permanente, aquello que,            sin embargo, “vivimos como tal sin tener en cuenta contradicción alguna”            <a href="http://aleph-arts.org/pens/definicion_social.html#_edn7" name="_ednref7">[7]</a>y que parece se conforma como definitivo            esquema del convivir. Como vaticinara Lyotard la economía política se            convierte en economía libidinal, en dinámica del deseo. El posicionamiento            del sujeto ahora es siempre periférico, rotatorio respecto a un centro            habitado tan sólo por la ansiedad y el placer.</p>
<p>Placer como el entregarse al funcionamiento tecnológico,            un rendirse al arrastre, como un engranaje más que se pone en rotación            acompasada, y que adquiere su punto más álgido dentro del fluir de lo            medial. El <em>zapping</em> por ejemplo, o el perderse en internet como            entretenimiento no es la acción de la fractura de la linealidad necesitada            por el discurso, sino la de su verdadera continuidad, el verdadero gesto            de la desaparición y de la renuncia al sentido, el definitivo gesto            del abandonarse activo. Es esa continuidad la que mejor permite la consecución            de la deseada indiferencia o de la detención del pensar, con su correspondiente            dinámica (el movimiento no sigue ninguna particular trayectoria, no            persigue ninguna negociación), y que, en su conjunto, constituye, seguramente,            la más alienante modalidad de expectación.</p>
<p>En este contexto nacen nuevas formas de administración            de la identidad. Precisamente, de manera especialmente intensa durante            los últimos años se ha visto la red como espacio de su redefinición.            Concepto relacional por excelencia, se convierte en muchas de las propuestas            de net.art no sólo en objeto de reflexión o de crítica (como generalmente            sucedía en el arte feminista, por ejemplo, de un década atrás) sino,            sobre todo, en una forma de actividad, de producción simbólica. Hacer            identidad, ensayar identidad (siempre bajo un cierto matiz de juego,            de experimentación accidental y lucrativa) ocupa a muchos de los artistas            que operan hoy en la red. Las identidades generadas, por supuesto, son            siempre <em>blandas,</em> cuerpos de reflexión de lo múltiple y de lo            colectivo. Quizá podamos, incluso, proferir sobre ellas su existencia            en la red como <em>textos límite. </em></p>
<p><em> </em></p>
<p>En realidad, los desarrollos de la percepción del mundo            y de nosotros mismos corresponden ahora más a los propios objetos de            la tecnología. Se anticipa una nueva forma de identificación generada            por su propia capacidad de observarnos y definirnos, por la dependencia            de ella como espacio, escenario, de nuestro actuar.</p>
<p>En innumerables ocasiones se ha querido ver la interactividad            como el principio fundamental de la definición social de los nuevos            medios.Forzada reactivación de las olvidadas nociones de la participación            de la audiencia tras el imprevisible despliegue de la microinformática            en el espacio doméstico. Desde el campo de la industria se presenta            como el término definidor de las nuevas relaciones entre tecnología            y audiencia-consumidor queriendo que se considere como un vehículo democratizador,            como el auténtico vehículo democratizador.</p>
<p>Una reactivación del concepto de interactividad que            no deja de suscitar profundas reticencias. Incluso se ha visto el fenómeno            del arte electrónico interactivo como un cambio de la representación            a la manipulación. Manipulación envuelta, sin embargo, en lo reconfortante            de términos como interacción o comunicación, mediante los que se sometería            a la audiencia, bajo la seducción de la experiencia del futuro, a seguir            unas pocas opciones, en un pseudo-interactivo juego que Alexei Shulgin            considera basado en un banal deseo de poder del artista sobre la audiencia<a href="http://aleph-arts.org/pens/definicion_social.html#_edn8" name="_ednref8">[8]</a>            y no como práctica abierta de colaboración en la producción de sentido.</p>
<p>De forma creciente, la interactividad se convierte            en sistema de virtualidad, en una política del efecto. La participación            del público en los programas de la televisión o su simple presencia            como espectadores podrían ser incluidos dentro de esta línea de actuación            propia de los <em>mass media</em>. Una cuestión de falta de perspectiva,            de distancia cero respecto a la escenificación en la que se nos obliga            a sumergirnos para participar, incapaces, por tanto, de adquirir un            distanciamiento crítico de la situación de la que el espectador forma            parte integrante. Por ello, la interactividad, la participación, serían            hoy, al menos desde la óptica de los medios de comunicación, una retórica.            Recordemos que la misión de toda retórica no es determinar una verdad            intersubjetiva, sino conseguir apoyo para un sistema particular de valores.</p>
<p>Uno de los rasgos más característicos de la perspectiva            social de los nuevos medios es que sus formas de colectividad están            basadas casi de manera exclusiva en una experiencia de conexión, de            constante ensamblaje. Una tendencia que procura generar la necesidad            de conectar todo con todo, como principio primero de actuación. Propuestas            de conexión absoluta, mediante las que se pretende un mundo de socialización            transparente, en la que toda intimidad es transgredida, puesto que toda            intimidad es registrada y archivada en su totalidad y de la misma forma.            De ahí que se critique a internet como un nuevo panóptico que guardaría            muchas de las peores formas de transgresión de la intimidad que se daban            cita en las sociedades comunistas y en los modos de concebir sus formas            de habitar, apartamentos compartidos, casas comunales, etc. Una pérdida            de la intimidad que se acompaña también de nuevas formas de censura,            administradas a través de la saturación, en la que la máxima posibilidad            de hablar se corresponde con una ausencia de capacidad y tiempo para            la escucha.</p>
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<p>Precisamente, los intentos de producir una voz de crítica            y denuncia política que sea realmente escuchada en la red es el motor            central de una nutrida vía de activismo político <em>on line</em>. De            demostrada eficacia, como se pudo comprobar sobre todo durante el apoyo            de numerosos activistas a la causa zapatista en 1997, se trata de prácticas            orientadas a potenciar las posibilidades ofrecidas por internet para            subsanar y cubrir las graves carencias de información propias de los            medios de comunicación de masas. Estas iniciativas rechazan la característica            privación y manipulación de la información de la televisión y la prensa,            tratando de crear espacios para la denuncia social y política sin restricciones            ni censuras, mediante listas de correo y foros de debate en la red,            promoviendo un pensamiento crítico que difícilmente podría tener otro            tipo de difusión.</p>
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<p>De gran importancia son aquellas prácticas que tratan            de hacer de internet un medio útil para la organización y coordinación            de actividades políticamente comprometidas en distintos campos, permitiendo            una estrecha colaboración entre personas y grupos activistas independientemente            de su situación geográfica. Estrechamente relacionado con ellas estaría            el grupo de actividades que han adoptado una estrategia basada en la            actuación sobre el funcionamiento de la propia red internet, mediante            la apropiación directa de los lugares que articulan el propio medio.            Entre ellas destaca especialmente el conjunto de actividades que podemos            incluir dentro del campo de acción del llamado <em>Hacktivismo.</em></p>
<p><strong> </strong></p>
<p>Planteamientos que son en gran medida resultado de            una compleja tarea de aplicación de tácticas de actuación activista            callejera al mundo de internet, de las que la llamada “sentada virtual”            sería, seguramente, el ejemplo más explícito. Una acción orientada a            interrumpir el tráfico de la red, a detener temporalmente el acceso            a los websites elegidos como diana, a bloquear su funcionamiento o ralentizarlo.            Actuaciones, que, sin embargo, sólo en raras ocasiones tienden a la            eliminación de datos. De hecho, en la cultura de los medios, lo catastrófico            para el sistema no es la pérdida de información o su fuga, sino su interrupción.</p>
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<p>Es posible que, con muchas de estas acciones activistas,            el arte asuma la misión de denunciar el temor y los peligros de la sociedad            provocando el miedo.Sin embargo, “esto no es ciber-terrorismo”, insistía            Carmin Karasic, el ingeniero de software que diseñó el programa <em>Floodnet</em>            (herramienta empleada para una de las sentadas virtuales más conocidas            y efectivas), “es más bien arte conceptual”<a href="http://aleph-arts.org/pens/definicion_social.html#_edn9" name="_ednref9">[9]</a>.            De hecho, Ricardo Domínguez y el Electronic Disturbance Theater, por            ejemplo, denominan su net-protesta como <em>performance art</em> en internet.            Una estética que trata de ser, ante todo, un modelo de práctica social,            de resistencia crítica dentro de la red. Acusadas en numerosas ocasiones,            sin embargo, de no consultar la opinión de los grupos a los que pretenden            ayudar y de suponer una forma más de intervencionismo político de los            países indutrializados sobre los no desarrollados, su mayor capacidad            de acción parece centrarse en la apertura y redefinición del concepto            de interacción social en la red. Con ellas éste se extiende más allá            de los principios de “habituación”, “intercambio” e “instrumentalidad”            propios de su lógica comercial. Interacción social como verdadera acción            colectiva que pretende hacer visible como efecto de bloqueo lo que generalmente            queda oculto en internet, es decir, la experiencia del espacio compartido,            de la presencia de otros en los entornos remotos de las redes.</p>
<p>Un clima intenso de confusión el que estas prácticas            generan, que no es sino el propio de una estética de relativización            inmediata de la premisa de veracidad de los contenidos en internet y            de la credibilidad de sus formas de organización y funcionamiento. Por            ello, lejos de estar limitada la acción de las actividades activistas            <em>on line</em> a la detención o sustitución de la información, sus efectos            se desplazan al trasfondo de la experiencia vivencial y psicológica            de la red, generando un estado de incertidumbre, escepticismo y desconfianza.</p>
<p>Pensar el medio, analizar el espacio de las redes y            sus políticas, apropiarse de él, modificar sus lugares, significa invertir            los roles de actuación tradicionales de la práctica artística y de sus            sistemas de mediación, desmantelar las relaciones de significado, los            órdenes que constituyen la autoridad.</p>
<p>El net.art, por tanto, no puede ser entendido como            algo a lo que se accede a través de internet, que es presentado en internet            o que internet contiene, sino como algo que contiene a internet, que            la estudia, indica y presenta. Su estrategia central tendría, en este            sentido, una estrecha relación con la estrategia de <em>invaginación</em>            derridiana: Contener el espacio en vez de ser contenido por él, apropiarse            del espacio en vez de ser presentado por él. En vez de crear un espectáculo            que comenta las condiciones sociales lo que hace el net.art más crítico            es exponer el espacio social de las redes en sí mismo como espectáculo,            interviniendo el lenguaje de sus lugares y procesos, haciendo obvios            los modos en los que se articulan los sistemas de producción y circulación            de significados y las formas en los que éstos administran las prácticas            de poder.</p>
<p>Sin embargo, es posible que la propuesta social más            ambiciosa y compleja del net.art no parta de una intención de crítica            o de denuncia explícita sino de la creencia en que es posible solucionar            los problemas de la sociedad a través de una comunicación pública diferente.            Se trataría de promover una vía en la que la experiencia estética pudiera            convertirse en un modelo de conducta comunicativa. Conseguir que la            comunicación sea algo más que un mero efecto. Apreciar las posibilidades            de la ingente liberación de la comunicación tanto a nivel técnico como            político de cara a abrir camino a una efectiva experiencia de la individualidad            como multiplicidad. Entendida ésta como una equivalencia entre subjetividad            y colectividad sólo podría manifestarse en práctica de acompañamiento            y diálogo, principio fundacional de muchas de las más interesantes propuestas            de net.art y, por supuesto, de las famosas y ya legendarias comunidades            virtuales de artistas.</p>
<p>Este replanteamiento del concepto de comunicación está            vinculado a una cierta ontología del declinar, a esa íntima exigencia            que implica un necesario replanteamiento del sujeto, que sólo es en            cuanto se da, en cuanto que acontece como lenguaje. Seguramente lo que            la creación digital más preocupada por esa definición social de los            medios presenta es esa dificultad enorme del sujeto del darse al mundo            como lenguaje, de aprovechar esa nueva oportunidad de creación de comunidad            que parecen proveer las nuevas redes de comunicación. Es difícil pero            necesario, desde luego, dejar de pensar el ser humano como realidad            cerrada, como sujeto fuerte, como estadio previo a la comunicación,            no como la fuente de donde emana el lenguaje, sino más bien al contrario,            como algo que brota y nace de él. Partir de la aceptación de que poco            a poco el lenguaje ha ido ocupando, quizá ya para siempre, el espacio            del sentido.Esta concepción del sujeto como un darse al otro en el acto            de la comunicación y el diálogo, de producirse en el acto de comunicativo            nos sugiere, sin embargo, un nuevo y tormentoso interrogante: ya no            sabemos si es tarea del corazón o de la crítica pensar socialmente.</p>
<p>Pero si el concepto más extendido de interactividad            es una retórica, también lo es, seguramente, la fascinación por la ampliación            de las audiencias que siempre han prometido los nuevos medios de comunicación            y sus instrumentos. Una fascinación que mucho tiene que ver con la que            sentían los futuristas por el enorme poder de efecto que éstas tienen            sobre las masas y que debía convertirse en una instancia positiva, darse            la vuelta, ser invertida. Es en este intento donde debemos enmarcar            la propuesta de Brecht de 1932: “cambiar este aparato (la radio) de            la distribución a la comunicación”. Una propuesta que, en cierto sentido,            podemos considerar un punto de referencia esencial para muchas de las            manifestaciones artísticas en la actualidad.</p>
<p>Crear en la red o a través de ella entornos de intercambio            de opinión y lenguaje, de producción de comunidad como ámbitos para            la movilización social, de nuevos medios, es una práctica que puede            ser considerada como propia de lo implícito en el recurrente término            <em>Tactical Media</em>. Propuesta que ha ido tomando cuerpo en todos            aquellos proyectos derivados de la llamada “ideología californiana”            de los noventa del <em>&#8216;Wired&#8217; magazine</em>, o de las premisas de partida            de las ciudades digitales internacionales creadas desde 1994 en adelante,            primero en Amsterdam y luego en otras ciudades europeas. Iniciativas            dentro de las que las comunidades <em>on line </em>de artistas son, desde            luego, sus ejemplos más radicales. Ellas combinan la idea del arte con            la idea de la comunidad, haciendo explícita su premisa en cada momento:            la interpretación debe ser una actividad producida colectivamente.</p>
<p>Como punto de partida subyace la creencia en que es            posible solucionar los problemas de la sociedad a través de una comunicación            pública diferente. De esta manera, se trataría de sustituir la interacción            ser humano–máquina por una interacción ser humano-máquina-ser humano            contradiciendo la propuesta desarrollada por Alan Turing por ejemplo,            la más generalizada también en el mundo de la ciencia ficción y quizá            también en el arte electrónico de menor interés, en la que se insiste            una y otra vez en proponer una reflexión –no carente de cierto regocijo-            sobre la llegada de una inevitable indiferenciación entre seres humanos            y máquinas.</p>
<p>En cualquier caso, más que en los intentos de producción            de un ámbito diferencial de encuentro y comunicación, de modificación            de las pautas relacionales propias de internet, donde la producción            artística en la red parece jugar su baza más compleja es en la reconfiguración            misma de las prácticas de lenguaje. Con ella lo que procura es, ante            todo, revelar la heterogeneidad formal y temática de la red como una            fundamentalmente social.</p>
<p>Frente a los sistemas de lenguaje dominantes en internet            basados en la eficacia, el mejor net art, y desde luego que no sólo            el más explícito activismo político, es siempre metáfora de la transmisión,            de la distribución, de la diseminación de los significados, de las intenciones            de significación.</p>
<p>Ciertamente, la experiencia de la red no es la de la            fragmentacíon, sino la de la proliferación espontánea de lo múltiple.            El net.art, de esta forma, debe ser planteado como disolución de los            entramados sintagmáticos en función de la libre circulación de las estructuras            y mecanismos asociativos. Es en él, además, donde se produce un mayor            acercamiento entre las dos dimensiones tradicionales de una obra: esa            según la cual se extienden simultáneamente el total de los estratos            y la otra, por la que las partes se suceden unas a otras<a href="http://aleph-arts.org/pens/definicion_social.html#_edn10" name="_ednref10">[10]</a>. Una indiferenciación de ambas, característica            de las prácticas más comunes del net.art, que trata de generar una nueva            conciencia social del tiempo y el espacio.</p>
<p>Sólo desde estas premisas podemos explicarnos porqué            la caracterización del arte en la red suele estar referida, por un lado,            a la explotación de las extensiones de las variables de los términos,            a la proliferación de las series y las repeticiones infinitas, y, por            otro,a la disyunción como alternatividad excesiva de las posibilidades            y los envíos. Recordemos que en las redes telemáticas el valor social            del signo sólo puede estár en su “valor de deriva”<a href="http://aleph-arts.org/pens/definicion_social.html#_edn11" name="_ednref11">[11]</a>, en el deambular constante de los lenguajes.</p>
<p>Partamos, sin embargo, del hecho de que siempre todo            acto de lectura fue interactivo, que siempre hubo participación activa            del espectador en la concreción de todo texto, recreación en cada acto            de lectura. En efecto, la imagen del receptor forma parte siempre del            código del emisor; el código no existe, pues, en sí mismo, sino gracias            a su manifestación en el discurso, es decir, que no hay obra sin receptor.            Por tanto, lo que todavía queda pendiente de analisis es cómo los medios            digitales son capaces de redefinir las condiciones de la lectura. Ver            cuáles son las nuevas aportaciones en los procesos de concreción de            la obra por parte del espectador, valorar la dimensión social de este            proceso.</p>
<p>Si aceptamos la propuesta de Gadamer que afirmaba que            el texto es la respuesta a una pregunta (dicho de otra manera, solo            percibo en un texto aquello que tiene algo que ver conmigo), nos veremos            en la obligación de determinar que, respecto a la creación en la red,            lo que tienen en común obra y receptor es, sobre todo y en primer lugar,            el medio que los transmite. De esta forma, los modos y sistemas de espacialización            de la red no afectan exclusivamente a sus contenidos sino, sobre todo,            al propio sujeto que accede a ella. De hecho, estar conectado a la red            no parece significar tanto estar inmerso en ella sino más bien “estar            distribuido”, algo que sucede porque, como afirmara Druckery, en la            red percepción e información aparecen siempre unificadas.</p>
<p>Distribución del sujeto en el entramado de la <em>web</em>            que es lo que realmente define la nueva posición del participante en            el ciberespacio. Una posición que contradice, además, la antigua descripción            de esta posición del sujeto como de inmersión, como aparecía, por ejemplo,            en el pionero manifiesto de Nicolas Schöffer <em>The Future of Art</em>            de 1968. Por tanto, la labor de la obra de arte electrónica no debiera            ser tanto el estudio de las posibilidades sociales de un medio como            la reflexión crítica de nuestras acciones en él.</p>
<p>Una experiencia de lectura la propia del net.art en            la que el lenguaje es reducido, generalmente, a los engranajes de su            mutabilidad. Retorna el aforismo, el truismo, desmembrados. De hecho,            los <em>passwords</em>, los índices, los directorios de contenidos, tan            propios de la lógica exhaustiva de internet, son entidades constituidas            sobre la especificidad solipsista de la palabra, que ejemplifica la            primacía de ésta por delante de la estructura gramatical, convirtiéndola            en el principio rector del orden. Uno, por supuesto, débilmente constituido            y dependiente siempre del carácter incompleto de cada acto de búsqueda,            encuentro y lectura, siempre implicado en visiones periféricas, en asociaciones            casuales sin correspondencia.</p>
<p>La lectura que exige la obra de net.art es una práctica            de relacionalidad constante, siempre inconclusa.Una propuesta que compartiría            bastantes elementos con la <em>différance</em> derridiana: el significado            como producto de diferencias, siempre diferido en el tiempo. De hecho,            la actividad de su interpretación siempre depende de una actividad constante            de reconfiguración de los momentos de acceso a los datos que la componen.            Un movimiento constante entre cada uno de los términos, donde objeto            y atribuciones responden a una relación de absoluta movilidad, de intercambio,            de modificación a distancia. Esta estética se caracterizaría por un            fundamento de heterogeneidades, de diferencias, de inestabilidades,            de discontinuidades, de arrastres. Un nuevo concepto de lo yuxtapuesto            que pone fin a toda temporalidad perspectivista.</p>
<p>La red como un espaciode compartimentos inconexos,            no por carecer de posibilidades de enlace, siempre presentes y ofrecidas,            sino por su carácter incombinable. Un entorno que sólo podemos concebir            en términos de distancia<a href="http://aleph-arts.org/pens/definicion_social.html#_edn12" name="_ednref12">[12]</a>. Espacio por excelencia para el desarrollo            de alegorías <em>horizontales,</em> que procuran promover vías que permitan            transferir las regiones de la memoria en términos espaciales antes que            históricos. Conseguir el desarrollo y activación de una vía de interpretación            capaz de explicar la formación de un nuevo modelo espacial de procesos            de subjetivación, define, indudablemente, muchas de las intenciones            del net.art. Un modelo de imaginación espacial no sólo como método,            como forma de lectura, sino como actividad de producción.</p>
<p>Parece preciso rechazar cualquier orientación <em>interdisciplinar</em>            o sintética del todo, sólo así internet, como medio en sí misma, puede            ser concebida como un distintivo modo de “producción del espacio”. Por            ello, la experiencia del net.art no puede ser entendida como coexistencia            de sentidos, como se podría inferir de su definición como producción            “multimedia” sino, como propondría Barthes acerca del texto, como paso,            travesía: lejos de depender de una interpretación se fundamentaría en            &#8220;la pluralidad estereográfica de los significantes que lo tejen&#8221;<a href="http://aleph-arts.org/pens/definicion_social.html#_edn13" name="_ednref13">[13]</a>.</p>
<p>Se trata de comprender los intercambios simbólicos            y económicos como sistema de redes, sustituyendo al concepto y práctica            de actuación social y estética basada en el tiempo. Consiste en la intensificación            de la atención a la disposición espacial del conocimiento, de los datos,            inducida por la presión del desarrollo de los nuevos dispositivos técnicos            de archivación, reproducción y contacto, que han acompañado el despliegue            último de la cultura de las telecomunicaciones.</p>
<p>Desde estas premisas, los modos y maneras en los que            se organiza la dimensión espacial de la red deben constituirse en los            nuevos elementos de estudio, sustituyendo progresivamente las todavía            más frecuentes propuestas de análisis que se concentran en los contenidos            de la red o en las relaciones de falsa interactividad o inmersión que            en ella se producen. Recordemos que, según Foucault, la “arqueología”            del conocimiento debía recorrer el acontecimiento según su disposición            se manifiesta. Una propuesta nítida y efectiva, protagonista primera            en muchas de las obras de net.art, que se fundamenta en el análisis            del conocimiento en términos espaciales (lugar, dominio) y dinámicos            (desplazamientos, trasposiciones). La conclusión que se trata de extraer            es la naturaleza de los procesos mediante los que éstos se articulan            como ejercicios de poder. Desde ahí, entender la naturaleza de las pautas            de su extensión y diseminación, concebida ésta siempre como ocultación            dinámica, y por ello, profundamente eficaz, de sus efectos.</p>
<p>El arte más preocupado por las relaciones entre hecho            artístico y receptor, de la dimensión social de su propia producción            y, seguramente, el más crítico de las décadas anteriores, estaba basado            fundamentalmente en evidenciar los múltiples marcos dentro de los que            la obra de arte es contenida. En todas las vías apropiacionistas e intervencionistas            de los setenta y ochenta, se señalaba el espacio, soporte o marco que            acogía la obra, su espacio institucional, que en todo momento dejaba            de estar asumido técnica e ideológicamente como transparente, es decir,            invisible al tiempo que considerado como condición de visibilidad. Este            desplazamiento de la obra al marco tratabade volver a presentar las            obras, reenmarcarlas, desplazar la observación del espectador hacia            el marco y la pared del museo.El cambio de pauta era obligado, sin embargo,            con la llegada de los nuevos medios de distribución y difusión de las            prácticas culturales y artísticas. El problema del marco deja de tener            verdadero sentido ahora pues los nuevos medios telemáticos están generalmente            caracterizados por la tendencia a la disolución de éste, bien sea a            través de las prácticas de inmersión (en las instalaciones de realidad            virtual por ejemplo) o a través de las de ubicuidad simultánea propias            de internet.</p>
<p>De esta forma, la teoría de los nuevos medios sólo            puede ser un teoría del desplazamiento, una dinámica, estudio y comprensión            de las migraciones de lenguaje, de los envíos, de los continuos procesos            de traducción medial.</p>
<p>De hecho, y a pesar de lo que pudiera parecernos, la            actividad del pensar hoy no es ya la creación de juicios sintéticos.            Es más bien, como proponían Deleuze y Guattari en su definición del            propio concepto de lo filosófico, como un sintetizador de pensamientos,            que sirve para hacer viajar el pensamiento, hacerlo móvil (de igual            modo que el sintetizador electrónico hace viajar al sonido)<a href="http://aleph-arts.org/pens/definicion_social.html#_edn14" name="_ednref14">[14]</a>,            una práctica de ensamblaje, de distribución de microintervalos. Por            ello, toda experiencia estética en la red parece estar vinculada a una            constante práctica de distribución, desplazamiento, envío, transmisión.            Relación estrecha, por tanto, la de los medios electrónicos con prácticas            de extensión y proliferación. De hecho, la función de la obra de arte            digital parece ser la de una práctica empeñada en hacer oscilar los            discursos, de forma constante y en continua aceleración, no buscando            su negación, sino su <em>descarrilamiento</em>.</p>
<p>No en vano, las manifestaciones artísticas a las que            más les debe nuestro presente, remitían, al igual que sucedía en el            museo portátil de Duchamp, a la idea de transporte, envío, destino,            trayecto. El envío de constantes cartas, acción que conformaba uno de            los elementos esenciales de aquel <em>Musée d’Art Moderne Département            des Aigles</em> de Broodthaers, servíapara introducir en el envío la            movilidad de la palabra, la no fijación del sentido.Obras también las            del net.art centradas en la tecnología de la diseminación y sus formas,            que, pretendiendo la captación de las nuevas leyes de la sustitución            y del desplazamiento intentanescapar de las articulaciones de la cadena            del significante creada por el discurso.</p>
<p>De ahí lo que justifica la constante reflexión de            muchas de las propuestas del arte en la red sobre el concepto y funcionamiento            del navegador de internet, incluso sobre la concepción de la obra de            net.art como navegador de internet en sí misma. La búsqueda de la producción            de una obra que se genera justamente en el momento de su transmisión (la obra no es sino que se transmite). Poéticas,            por tanto, del envío y del desvío, de la dispersión. Inorganicidad de            la obra siempre como extranjería. Definición como rastreo aproximativo,            como diseminación de los lenguajes.</p>
<p>Quizá, por ello, incluso podamos afirmar que la interactividad            queda descubierta no como la posibilidad de alterar el espectro de los            significados, de formar parte integrante de ellos, sino de participar            en la conversión del lenguaje en lugar, en espacio, en itinerario. La            alternativa es siempre una espacial, tiene que ver con el despliegue            del territorio. Entendamos desde ella la verdadera interactividad como            práctica del desplazamiento, opuesta a ese trampantojo navegacional            de falsa apertura, al que estamos acostumbrados en muchas de las obras            de net.art. No olvidemos que el lenguaje se despliega ahora como un juego que va más            alla de sus reglas, pasando así al exterior, identificándose, como propone            Foucault respecto a la escritura, con su propia exterioridad desplegada.</p>
<p>Un proceso que se desarrolla, sin embargo, mediante            un desvelamiento de las convenciones y recursos utilizados, como el            juego de la visión del cristal duchampiano, en donde formaciones indeseables            o máquinas solteras permanecían ocultas tras un espacio transparente.Un            desvelamiento que procura que el mejor net.art sea siempre el desapego            del artificio.</p>
<p>No            es extraño, por todo ello, que mucho del arte electrónico de los últimos            años sea, en última instancia, una infinita lucha por mostrar lo evidente,            por manifestar lo obvio, por volver a situarnos ante la obscenidad de            la evidencia absoluta. De hecho, y como propusiera Baudrillard, frente            a la ineficaz oposición directa al poder se hace necesaria una actividad            de desplazamiento, la de llevarle a ocupar la posición obscena de la            verdad, la posición obscena de la evidencia absoluta (“es allí donde            confundiéndose con lo real, cae en lo imaginario; es ahí donde ya no            existe, por haber violado su propio secreto”<a href="http://aleph-arts.org/pens/definicion_social.html#_edn15" name="_ednref15">[15]</a>).</p>
<p>Pensamiento social hoy como intervención artística            en las redes que conforman las prácticas de producción y placer, siglas            del dominio inevitable de lo virtual o de lo posible. La crítica lanzada            lo es a los medios de producción del significado que en ellas operan,            a sus políticas, a sus exclusiones, a sus contradicciones insolubles,            que se concilian en el acontecer de sus funcionamientos. Net.art como            el intento de acabar con la imposición de significados y con la creación            de dependencias que organizan la red, que la nutren y la mantienen,            tratando de romper los ensamblajes que nos unen a ella, que nos hacen            conformarla de forma no consciente. Quizá, no obstante, sólo se trate            de deshacernos de los influjos del fascinante poder de la indiferencia.            Su capacidad de actuación crítica, sin embargo, no es la investigación            de los significados proyectados por la red, sino el estudio de las condiciones            que permiten su construcción. El net.art como el proceso de comprensión            de esas circunstancias.</p>
<p> <br />
<hr align="left" size="1" width="33%" />
<p><a href="http://aleph-arts.org/pens/definicion_social.html#_ednref1" name="_edn1"></a>[1] Gilles Deleuze, “What is an Assemblage?”, en <em>Kafka:Towards                a Minor Literature</em>, University of Minnesota Press, 1986, p.                81.</p>
<p><a href="http://aleph-arts.org/pens/definicion_social.html#_ednref2" name="_edn2"></a>[2]Ibid. p. 82.</p>
<p><a href="http://aleph-arts.org/pens/definicion_social.html#_ednref3" name="_edn3"></a>[3]Ibid.</p>
<p><a href="http://aleph-arts.org/pens/definicion_social.html#_ednref4" name="_edn4"></a>[4]Alessandro Dal Lago, &#8220;La ética de la debilidad, Simone Weil                y el nihilismo&#8221; en <em>El Pensamiento débil</em>, Cátedra, Madrid                1990. p. 133.</p>
<p><a href="http://aleph-arts.org/pens/definicion_social.html#_ednref5" name="_edn5"></a>[5]Jean Baudrillard,<em> Las Estrategias fatales</em>, Anagrama, Barcelona,                1994, p. 126.</p>
<p><a href="http://aleph-arts.org/pens/definicion_social.html#_ednref6" name="_edn6"></a>[6] Michel Foucault, en C. Gordon (ed.), <em>Michel Foucault: Power/Knowledge</em>,                Harvester Press, Brighton, 1980. p. 98.</p>
<p><a href="http://aleph-arts.org/pens/definicion_social.html#_ednref7" name="_edn7"></a>[7] M. Maffesoli, “La socialidad en la postmodernidad”, en <em>En                Torno a la Postmodernidad</em>, Antropos, Barcelona, 1991, p. 107.</p>
<p><p class="MsoEndnoteText"><a href="http://aleph-arts.org/pens/definicion_social.html#_ednref8" name="_edn8">[8]</a> Alexei Shulgin, “Art, power and Communication”,                en <em>Rhizome digest</em>, 8 de octubre de 1996, (http://www.rhizome.com).</p>
<p><a href="http://aleph-arts.org/pens/definicion_social.html#_ednref9" name="_edn9"></a>[9]Citado por Amy Harmon en “Hacktivists&#8217; of All Persuasions Take                Their Struggle to the Web”, <em>The New York Times</em>, 31,de octubre                de 1998.</p>
<p><a href="http://aleph-arts.org/pens/definicion_social.html#_ednref10" name="_edn10">[10]</a> Véase Roman Ingarden, “Concreción                y reconstrucción”, en Rainer Warning (ed.), <em>Estética de la recepción,</em>                Visor, Madrid 1989, p. 35.</p>
<p><a href="http://aleph-arts.org/pens/definicion_social.html#_ednref11" name="_edn11">[11]</a>José Luis Brea,“Net.art: (no)arte, en una zona                temporalmente autónoma” <em>,</em>en<em> Aleph</em>, (www.aleph-arts.org).</p>
<p><a href="http://aleph-arts.org/pens/definicion_social.html#_ednref12" name="_edn12">[12]</a>Fredric                Jameson propone esta idea refiriéndose a la naturaleza de la propia                percepción postmoderna, en “Proyecciones Postmodernas”, <em>Teoría                de la Postmodernidad</em>, Trotta, Madrid, 1996, p. 295</p>
<p><a href="http://aleph-arts.org/pens/definicion_social.html#_ednref13" name="_edn13"></a>[13] Roland Barthes, “De la obra al texto”, en <em>El                susurro de la lengua,</em> Paidós comunicación, Barcelona, 1994,                p. 77.</p>
<p><a href="http://aleph-arts.org/pens/definicion_social.html#_ednref14" name="_edn14">[14]</a> Gilles Deleuze y Félix Guattari, “Del                ritornello”, en <em>Mil mesetas</em>, Pre-Textos, Valencia 1994, p.                347.</p>
<p><p class="MsoEndnoteText"><a href="http://aleph-arts.org/pens/definicion_social.html#_ednref15" name="_edn15">[15]</a>Jean Baudrillard, <em>Las estrategias fatales</em>,                cit. p. 84.</p>
<br /><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/categories/vidoc.wordpress.com/42/" /> <img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/tags/vidoc.wordpress.com/42/" /> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gocomments/vidoc.wordpress.com/42/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/comments/vidoc.wordpress.com/42/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godelicious/vidoc.wordpress.com/42/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/delicious/vidoc.wordpress.com/42/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gofacebook/vidoc.wordpress.com/42/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/facebook/vidoc.wordpress.com/42/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gotwitter/vidoc.wordpress.com/42/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/twitter/vidoc.wordpress.com/42/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gostumble/vidoc.wordpress.com/42/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/stumble/vidoc.wordpress.com/42/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godigg/vidoc.wordpress.com/42/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/digg/vidoc.wordpress.com/42/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/goreddit/vidoc.wordpress.com/42/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/reddit/vidoc.wordpress.com/42/" /></a> <img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=vidoc.wordpress.com&amp;blog=1777301&amp;post=42&amp;subd=vidoc&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></content:encoded>
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		<title>El Museo del futuro</title>
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		<pubDate>Sun, 30 Sep 2007 13:52:08 +0000</pubDate>
		<dc:creator>vidoc</dc:creator>
				<category><![CDATA[General]]></category>

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		<description><![CDATA[Jon Ippolito &#8220;El Museo es Historia&#8221; puede sonar como una inocua declaración de hecho para expertos en bronces y bibelots, pero para expertos de bits está empezando a sonar como un grito de batalla. En un mundo y en un siglo donde las economías de la reproducción y distribución están desplazando las economías de adquisición [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=vidoc.wordpress.com&amp;blog=1777301&amp;post=41&amp;subd=vidoc&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><!-- #EndEditable --><!-- #BeginEditable "cuerpo" -->Jon Ippolito &#8220;El Museo es Historia&#8221; puede sonar como una inocua declaración            de hecho para expertos en bronces y bibelots, pero para expertos de            bits está empezando a sonar como un grito de batalla. En un mundo            y en un siglo donde las economías de la reproducción y            distribución están desplazando las economías de            adquisición y colección del siglo XIX, -cuando se almacenaba            un objeto de cada clase bajo seguro, en una cámara acorazada            de ambiente controlado- puede servir para los propósitos de algunos            artistas y curadores del ámbito digital.</p>
<p>¿Por qué esperar que un museo te confiera respetabilidad            cuando puedes obtenerla tu mismo en el World Wide Web? Según            esta manera de pensar, &#8220;El Museo del Futuro&#8221; es poco más            que una contradicción en los términos.</p>
<p>Como muchos de los aspectos aparentemente radicales del arte digital,            su desdeño por los museos no es tanto una innovación sin            precedentes, sino más bien una herencia.</p>
<p>La deuda genética afecta menos en este caso a aquellos hermanos            que normalmente se enorgullecen de estar en el árbol de familia            de las artes digitales &#8211; las conocidas películas de la avant-garde,            las vídeo instalaciones, y las esculturas cinéticas &#8211;            y mucho más a sus primos más lejanos del 1960 y 1970 &#8211;            Conceptual, Process, y Performance Art-.</p>
<p>Observando los proyectos de aquel periodo de la colección Panza            del Guggenheim Museum, he llegado a comprender por qué ciertas            estrategias para &#8220;desmaterializar&#8221; el objeto de arte fracasaron-y            cómo los artistas digitales trabajando tres décadas más            tarde pueden aprender lecciones vitales de aquellos errores. Y lo que            es más importante, mi investigación me ha llevado a la            irónica conclusión de que las más extremas salidas            del objeto material, digital o de otra manera, son a fin de cuentas            de las que depende el futuro de las muchas instituciones a las cuales            han sido asignados para quedarse obsoletos.</p>
<p>Las instalaciones de luz fluorescente de Dan Flavin son un caso indicativo.            Flavin escogió a propósito tan sólo los ocho colores            estándar de los tubos fluorescentes disponibles. Cuando unos            años más tarde el Guggenheim y el Dia Center for the Arts            montaron una retrospectiva de sus trabajos, el conservador descubrió            que uno de aquellos colores, el cereza rojo profundo, había dejado            de comercializarse porque la exposición a un pigmento tóxico            que revestía el interior del tubo representaba un peligro laboral            para quienes lo fabricaban. Como consecuencia, los coleccionistas de            los trabajos de Flavin tuvieron que hacerse con todas las bombillas            rojo cereza que pudieron encontrar, y almacenarlas para ser utilizadas            en futuras exhibiciones. Es sin duda una ironía que trabajos            basados en la aparentemente infinita reproducibilidad de la fabricación            industrial, ahora estén guardados en los almacenes del Guggenheim,            junto a muchos Kandinskys y Picassos.</p>
<p>Hoy en día, estetas del arte digital se ríen de la ingenuidad            de los artistas de los 60 como Flavin, pero al mismo tiempo, ellos cometen            los mismos errores en una década en donde la técnica cae            en desuso a una velocidad mucho mayor de los treinta años que            han tardado los tubos de Flavin en caducar. Por ejemplo, la web hace            cinco años no existía en su forma actual, luego ¿qué            posibilidades tiene de existir dentro de cinco, diez, o cincuenta años?</p>
<p>A pesar de todo lo que ha reemplazado a la web &#8211; las proyecciones            en 3D, los interfaces de Realidad Virtual, los smart walls,&#8230;- no existe            ninguna garantía de que el público pueda llegar a ver            en estos nuevos entornos proyectos pensados originalmente para la web.</p>
<p>Es cierto que algunos artistas que hacen trabajos para la web, sostienen            que la información que contienen las páginas html será            accesible en el futuro. Bien; ¿Pero accesible de que forma? Html            es en sí mismo un formato variable, razón por la que una            misma página web puede aparecer distinta en diferentes pantallas.            Cada usuario tiene la opción de ajustar como desee los iconos            y los distintos elementos que aparecen en pantalla, así como            modificar formatos de páginas y colores de fondo, tipos de caracteres            y tamaños de letra, e incluso no visualizar ningún tipo            de imágenes, y siempre estaríamos accediendo al mismo            código ASCII.</p>
<p>Para mí, sin embargo, la variabilidad del html hace que con            mucha probabilidad todo vaya evolucionando hacia algo distinto de aquí            a diez años. No veo ninguna razón para que los millones            de páginas web basadas en la &#8230;.. de información que            en estos momentos se están diseñando de Boston a Bankok,            no puedan ser transferidas a algún futuro protocolo de comunicación,            de la misma forma que estamos ahora traduciendo antiguas databases del            estilo de dBASE a nuevos formatos como Access. El proceso de conversión            no lo alcanzará todo, pero el usuario medio debería presionar            para que exista esa conversión, porque le ofrecerá nuevas            opciones.</p>
<p>El problema, por supuesto, es que las características que probablemente            podrían perderse en esta conversión puede que sean exactamente            aquellas características de que depende habitualmente la web            artística. En este momento, la mayoría de los proyectos            artísticos que se están haciendo para la web no se detienen            sólo en el desarrollo cuantitativo de información verbal,            sino en un cuidadoso diseño visual y, en ocasiones, en un juego            que engloba ambos.</p>
<p>Si la resolución de la pantalla llegara a alcanzar un tamaño            de 10.000.000 por 10.000.000 de pixels, ¿cómo se veremos            una imagen de un artista que había sido renderizada a 800 por            600-pixels?: degenerará en una minúscula imagen en medio            de una desmesurada pantalla negra, o en una gran imagen con una resolución            espantosamente baja.</p>
<p>Para los museos que están considerando adquirir en sus colecciones            proyectos web, esa no es una cuestión meramente académica.</p>
<p>El caso más conocido de museo que colecciona sitios web, es            el del San Francisco Museum of Art, que adquirió distintos sitios            en su colección de diseño, incluyendo grafismos provenientes            del influyente sito de arte ada&#8217;web. El problema es que aquellas imágenes            fueron simplemente almacenadas en un cd-rom para verlas en el futuro.            Eso es casi como alquilar un Ferrari en una isla sin calles; quedará            estéticamene muy presentable en el aparcamiento de tu casa, pero            esa no es la utilidad para la que había sido pensada sido pensada.            (Almacenar páginas web en cd-rom no resuelve exactamente el problema            de una eventual obsolescencia de los cd-rom).</p>
<p>Desde luego, en el año 2020 artistas y conservadores serán            capaces de rescatar una página web realizada en nuestros días,            desenterrarán un Pentium fosilizado y una copia de Netscape,            contratarán un programador para escribir un emulador de html            que funcione en la última generación de ordenadores. Sin            embargo, se trata sólo de soluciones específicas. Si no            tuviera importancia una distribución en una red, no fuera importante            para la obra de un artista, entonces ¿se habría hecho            arte directamente orientado a la web?</p>
<p>Considerado el vertiginoso ritmo del progreso tecnológico, algunos            sostienen que los sitios web y otros proyectos on-line son esencialmente            efímeros y no pueden ser almacenados. El problema de esta política,            sin embargo, es que induce a los museos a convertir en fetiches objetos            más convencionales, ya aceptados por el mercado, dejando a los            trabajos más radicales &#8220;desaparecer entre las grietas&#8221;            de la historia del arte. En sí mismo eso no hará los museos            obsoletos, pero sí terriblemente aburridos.</p>
<p>¿Cómo, entonces, podemos evitar repetir los errores            de la generación de Flavin? Aprendiendo de la generación            de los artistas que la sigue justo después.</p>
<p>Artistas minimalistas como Flavin han consentido que su trabajo fuera            destruido y recreado veces y veces, mientras que lo fuese en el mismo            medio.</p>
<p>Ciertos artistas pertenecientes a movimientos posteriores, conocidos            como Conceptual, Process, o Performance Art,&#8230;., han concebido lo que            yo llamo &#8220;un soporte variable&#8221;. Con exactitud qué aspecto            del proyecto/obra fuese &#8220;variable&#8221; dependía de cada            pieza: podía ser una característica relativamente sencilla            como su tamaño o forma (como en el caso de los paneles expansibles            de diseño de Sol LeWitt), o podía ser el mismo contenido            de la pieza (podía ser la parte más significativa de la            pieza) (como por la contribución de Robert Barry a la exhibición            PROSPECT &#8217;69, que consistía en las ideas que la gente tenía            cuando leía su entrevista en el catálogo). Otras características            afectaban por completo la configuración (la escultura de Robert            Morris, Permutation), la composición (las instalaciones de Barry            Le Va, Ends Meet/Ends Cut), e incluso su valor (Douglas Huebler&#8217;s Duration            Pieces).</p>
<p>Es cierto que LeWitt y Barry podrían haber pensado más            sobre la extensión de la definición de arte que acerca            de la conservación de sus obras para el futuro. Pero la estrategia            que inventaron ofrece a los artistas y a los conservadores del digital            una alternativa al conservar unos tubos de rayos catódicos y            PC en un habitáculo de ambiente controlado. He estado discutiendo            esta alternativa (que yo llamo Iniciativa del Medio Variable) con mis            colegas conservadores en el Guggenheim. La idea es:</p>
<p>1. Reconocer cuándo una adquisición ha sido creada o            realizada sobre un medio variable. En algunos casos, tal y como sucedía            con la pieza de LeWitt y Barry ya mencionada, la variabilidad del medio            es intrínseca a la intención del artista. Cosa que otras            veces, como en la mayoría de las esculturas fluorescentes o páginas            web, no es intencional y es consecuencia del hecho de que las condiciones            en que la pieza ha sido originariamente creada, no existirán            algún día.</p>
<p>2. Contactar con el artista para determinar si la pieza tiene fecha            de caducidad. Robert Rauschenberg, por ejemplo, considera sus performances            del 1960 obras efímeras, con lo cual no pueden ser reproducidas.            Robert Morris, por el contrario ha vuelto a representar sus performances            del mismo periodo durante las décadas posteriores &#8211; con, por            supuesto, un reparto diferente, atrezzo distinto,&#8230;</p>
<p>3. Entrevistar al artista y a cualquier otra persona involucrada en            la producción original de la pieza para recoger la mayor cantidad            de información posible acerca del grado de flexibilidad del proyecto.            ¿Puede un trabajo existir al mismo tiempo en dos lugares distintos?            Un Trabajo de Felix Gonzalez-Torres puede; uno de Donald Judd no.</p>
<p>¿Puede un trabajo venir libremente distribuida sin ningún            permiso? La respuesta es sí en el caso del software sin libre            de derchos de autor que utilizó Lawrence Weiner en una obra perteneciente            a la Collection Public Freehold, pero eso no es posible en la mayoría            de los proyectos de autor.</p>
<p>¿Puede una obra ser recreada a distintas escalas? Bill Viola            para su video instalación &#8211; City of Man &#8211; especifica hasta los            centímetros de la imagen a proyectar. John Simon, mientra tanto,            considera que su aplicación Java &#8211; Every Icon &#8211; está indicada            tanto para un monitor de 15 pulgadas, como para una pantalla de 30 pies,            e incluso para la pantalla de un ordenador de bolsillo.</p>
<p>4. Adquirir cualquier tipo de documentación u objeto, incluidas            medidas, notas, fotos, e imágenes en movimiento, que pueda ser            de ayuda para la recreación de la pieza en futuro. El Whitney            Museum posee un video de Barry Le Va haciendo una de sus piezas, de            esta forma, podrán recrear la instalación en el caso en            que el artista no pueda hacerlo.</p>
<p>5. Hacer que esta documentación sea accesible a cualquier interesado            en reproducir la obra. De esta forma, el museo tendría la opción            de conservar el sentido original que el artista había impreso            a todas las obras y performances.</p>
<p>Es interesante observar que, de esta forma, el museo se vestiría            de una nueva autoridad: la capacidad de declarar la autenticidad de            un proyecto. Sin embargo, eso conlleva también que el museo se            haga cargo de informar sobre la existencia de los proyectos accesibles,            y quizás participaría en el proceso de traslación            del proyecto a otros nuevos entornos y contextos si el antiguo no fuera            recuperable.</p>
<p>¿Cuál es el incentivo para que los artistas hagamos            partícipe de las decisiones futuras sobre nuestros proyectos            a un grupo selecto de conservadores que nunca han manejado un ratón            ni escrito una aplicación java? Muy simple, para asegurarse que            en futuro las personas puedan seguir viendo nuestro trabajo de algun            modo una vez estemos criando malvas.</p>
<p>Muchos artistas no tolerarían semejante falta de control sobre            su obra y preferirían llevarse ésta a la tumba.</p>
<p>Sin embargo, la Iniciativa del Medio Variable -por muy estrafalaria            que parezca esta idea en el contexto tradicional del coleccionismo-            ofrece una alternativa para los proyectos cuyo concepto va mas alla            de su manifestación formal.</p>
<p>Esto nos ayuda a imaginarnos los museos como incubadoras donde los            proyectos artísticos puedan seguir viviendo y cambiando, más            que un mausoleo para proyectos muertos.</p>
<p>&#8212;&#8211;</p>
<p>[_Este artículo apareció originalmente en Artbyte_ (June-July            1998).]</p>
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		<title>Una historia del arte en internet</title>
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		<pubDate>Sun, 30 Sep 2007 13:51:21 +0000</pubDate>
		<dc:creator>vidoc</dc:creator>
				<category><![CDATA[General]]></category>

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			<content:encoded><![CDATA[<p class="autor"> Rachel Greene</p>
<p>El término “NET.ART” no es tanto una nueva acuñación            lingüística como un accidente, el resultado de un fallo            de software ocurrido en diciembre de 1995 durante la transmisión            malograda de un e-mail anónimo enviado al artista esloveno Vuk            Cosic. Entre el laberinto alfanumérico, Cosic encontró            un término legible -“net.art”- que comenzó a            utilizar para referirse al arte de la red y las comunicaciones. El término            se difundió como un virus entre las comunidades de Internet interconectadas,            y rápidamente fue asumido para describir una variedad de actividades            cotidianas. El Net.art permitía que confluyesen e interactuaran            comunicaciones y gráficos, e-mail, textos e imágenes;            facilitando que los artistas, entusiastas y críticos de la tecnocultura            intercambiaran ideas, y compartieran un interés común            en el mantenimiento de un diálogo permanente.</p>
<p>Net.art significaba detournements en red, discurso a través            de textos singulares e imágenes, definido todo ello más            por los enlaces, e-mails e intercambios que por una estética            “óptica”. Lo que las imágenes de los proyectos            de net.art aportan a estas páginas visto fuera de su espacio            nativo de HTML, fuera de su cualidad de red, de su hábitat social,            supone en relación al net.art el equivalente a ver los animales            en los zoológicos.</p>
<p>Desde el principio los net.artistas han tenido grandes metas. Gran            parte de la breve historia del net.art ha visto como sus practicantes            han estado colaborando conscientemente en propósitos e ideales            colectivos, aprovechando para ello las peculiaridades de Internet, la            inmediatez y la inmaterialidad. El E-mail, la forma dominante de comunicación            fuera y dentro de las comunidades del net.art, ha permitido a todo aquel            que esté conectado la posibilidad de comunicarse dentro de un            espacio de igualdad, donde se traspasan las fronteras internacionales,            instantáneamente, cada día. Todo ello fue de gran importancia            para los que durante la segunda mitad de los noventa han hablado sobre            net.art. Construir una comunidad más igualitaria en la que el            arte estuviera notoriamente presente en cada una de las actividades            cotidianas era un ideal colectivo.</p>
<p>Entre 1994 y 1998, momento en que se formaron muchas de las comunidades            orientadas al Arte, Internet permitió a los net.artistas trabajar            y conversar al margen de las burocracias de los ámbitos institucionales,            sin que ello les supusiera estar marginados o necesitados de dicha comunidad.            La atmósfera online fue vivaz y gregaria, y en ella encontramos            una temprana audiencia del net.art, que incluye a los subscriptores            de listas de correo como Rhizome (www.rhizome.org), uno de los primeros            sites dedicados al arte de los nuevos media; Syndicate (www.v2.nl/syndicate),            una lista originada de la política y cultura de Europa del Este;            y Nettime una plataforma orientada política y teóricamente            que ha sido de gran trascendencia para los intelectuales de la tecnocultura.</p>
<p>Al igual que ya hicieran Surrealistas y Situacionistas, los net.artistas            tuvieron desde el principio una gran afición a publicar manifiestos            y suscitar polémicas – algo que fue posible en muchos casos            gracias a publicaciones como las Series ZKP de Nettime (www.nettime.org/pub.html)            y Read-me (en referencia a las instrucciones de ayuda para la instalación            de software); una antología de escritos anunciados en el site            más reciente se publicaron el año pasado como Readme!            ASCII Culture and the Revenge of Knowledge (La Cultura y la Venganza            del Conocimiento). Tal vez mucha de la energía proveniente del            arte y las comunicaciones fue motivada por los importantes cambios políticos            que tuvieron lugar en Europa a mediados de los 90, momento a partir            del cual el net.art comenzó a tomar forma.</p>
<p>Aunque Internet ha llegado a ser recientemente controlado por las grandes            compañías de comunicaciones americanas, no podemos olvidar            que para Europa –especialmente Europa del Este- y Rusia Internet            fue especialmente crucial en sus primeros años como entorno artístico            (como también lo fuera para los ámbitos militar y académico            como herramienta para las comunicaciones). El nacimiento y desarrollo            de una “sociedad civil” (leer “post-Communist and neo-liberal”)            en Europa del Este a principios y mitad de los noventa fue caracterizado            por una apertura de los media al pluralismo político. Por aquel            entonces para los artistas europeos y los expertos en nuevos media,            Internet tenía todavía cierto halo utópico. El            Instituto Open Society de Georges Soros y otras ONG fundaron centros            para el desarrollo de los media -tales como Ljudmila en Ljubljana, Slovenia,            y Open Society, iniciativa donde Cosik todavía trabaja–            también crearon programas educativos sobre software y ordenadores,            haciendo relativamente fácil la labor de los entusiastas motivados            por participar en el apasionante nuevo mundo de las comunicaciones internacionales.            Mientras el comercio del Este se abrió al Oeste, la tecnología            y los centros de nuevos media a los que se habían adherido fueron            utilizados con frecuencia como prueba fehaciente de la reforma cultural            y política así como de la colaboración internacional.</p>
<p>En 1994, Internet estaba todavía poco explorada. Popularizada            por páginas que contaban los hobbies e historias personales de            sus pocos usuarios, publicitando empresas de tecnología o promocionando            todo tipo de comunidades online, la Red se alejó del ascetismo            de las paredes blancas de las galerías y de las pretenciosas            ironías del Neo-Conceptualismo. De hecho, para la agotada y comercialmente            explotada cultura del arte que triunfó en los ochenta y que cayó            a principios de los 90, fue un descubrimiento cuando Internet comenzó            a extenderse. Ya algunas personas vinculadas a las instituciones del            mundo del arte se conectaron en ese momento.</p>
<p>En 1994 y 1995, pequeños grupos de intelectuales de izquierdas,            virtuosos de la tecnología, algunos subversivos y artistas habían            empezado a reunirse en puntos concretos de la red como The Thing, aleph,            Nettime, y The Well. Las listas de correo y los BBS (Bulletin Board            System -sistema de información mediante boletines electrónicos)            supusieron algo más que estructuras de distribución y            promoción: eran a la vez contenido y comunidad. Como la Factory            de Andy Warhol, donde tanto las personas como los métodos de            producción y distribución formaban parte del sentido del            proyecto.</p>
<p>Entre los sites memorables de estos comienzos están äda’web,            Irational.org y Jodi.org. äda’web comisariada por Benjamin            Weil (recientemente nombrado comisario de Media Arts del Museo de Arte            Moderno de San Francisco (ver Jana, p. 166) que ya estuvo activo en            el mundo del arte antes de fundar äda con John Borthwick en 1994,            y ya hizo un discurso de fundación para el arte basado en la            web: Weil invitaba a artistas como Lawrence Weiner, Jenny Holzer, Julia            Scher y Vivian Selbo a experimentar con las herramientas y el espacio            de Internet, colaborando con productores y diseñadores de talento.            äda’web tuvo un inusual destino Silicon Alley: al principio            en 1997 fue adquirida por un proveedor local de contenidos llamado Digital            Cities; después, a primeros de 1998, la nueva compañía            fue comprada por AOL, que no acababa de entender el uso comercial de            äda. Eventualmente, la plataforma encontró un hogar que            se convertiría en permanente en el Walker Art Center (adaweb.walkerart.org)</p>
<p>Irational.org (nombre obviamente posicionado contra la lógica            de la industria capitalista) fue creada por el analista de sistemas            británico convertido en “anartivista” Heath Bunting.            Su primer trabajo en Internet, hecho en 1994, fue un proyecto llamado            Kings Cross Phone-In. En él Bunting enviaba en una página            Web y varias listas de correo los números de teléfono            de 36 cabinas telefónicas que rodeaban la estación de            trenes King Cross de Londres, invitando a la gente a llamar a esos teléfonos            y decir algo a cualquier hora del día. Las llamadas crearon una            intervención musical que interrumpía la rutina de este            urbano lugar de transportes, haciendo posible que los viajeros que circulaban            hacia la estación charlasen con extraños de cualquier            parte del mundo que llamaban simplemente para decir hola. La funcionalidad            del trabajo en red fue entendida al nivel de las amistosas llamadas            de teléfono, y de cómo un espacio público podía            ser reconfigurado sensitiva y socialmente. Desde 1994 el modus operandi            de Bunting ha sido crear trabajos /eventos que requieren una baja tecnología            y funcionan tan fácil y directamente como los graffiti: subversiones            simples generadas por una convicción anarquista. Para los ciudadanos            tiene algo de héroe popular.</p>
<p>Jodi.org también adquirió el grado de culto en el mundo            del arte de los nuevos media. Una colaboración entre Dirk Paesman            y Joan Heemskerk, Jodi.org se fundó después de que ambos            pasaran dos años en San José, California, cerca de compañías            como Netscape y Apple. El primer término del trabajo de jodi.org            es la máquina, como afirma el eslogan hacker “Nosotros amamos            tu ordenador”. Cuando miras muchos de los proyectos de Jodi.org,            puedes ver muestras del código HTML. Lo que normalmente se oculta            en una página Web, la programación, pasa a formar parte            del contenido visible en una sopa alfanumérica tan vasta que            a menudo sorprende hasta a los más expertos informáticos.            Normalmente, los proyectos de Jodi.org ofrecen oportunidades de interacción;            en http://404.jodi.org, por ejemplo, se insta al visitante a indicar            su entrada a través de las casillas de diálogo del site.            Sin embargo lo que uno introduce será hackeado, y 404 expulsará            a la pantalla la dirección IP del usuario. Jodi.org te habla            a ti y a tu máquina en un lenguaje de red y hardware.</p>
<p>En 1996 estaba claro que las tecnologías de Internet se estaban            convirtiendo a gran velocidad en un fenómeno económico            y cultural de gran relevancia, y que la economía digital parecía            ofrecer misteriosas y nuevas posibilidades, incluso para hacer hueco            a los proveedores de contenidos.</p>
<p>En vista de que proyectos como äda’web estaban al margen            de las publicaciones del arte, muchos se preguntaban si Internet no            podría facilitar alojamiento para los espacios alternativos y            las publicaciones así como para la gente que los crea. Feed,            STIM, Word, New York Online, Bianca’s Smut Shack, äda’web,            Suck, Rhizome, aleph –todos ellos fueron creados, publicitados            y difundidos, invirtiendo muy poco dinero. Al principio se impulsaron            principalmente por el entusiasmo y por la fuerte sensación de            que el vertido de dinero que los capitalistas de empresa estaban dedicando            a la red aseguraba el interés de los nuevos tipos de contenidos            que estos sitios proporcionaban.</p>
<p>Entretanto los proyectos de base estaban explorando caminos diferentes            para mantenerse económicamente, los net.artistas estaban yendo            más lejos para definir sus movimientos. En Mayo de 1996, un grupo            de net.artistas se reunió en Trieste, Italia, en una conferencia            llamada Net.art Per Se. Notas de este encuentro están todavía            disponibles en la red (www.ljudmila.org/naps), pero están mejor            resumidas por la falsa página CNN.com publicada para conmemorar            el evento (www.ljudmila.org/naps/cnn/cnn.htm). “El Net.Art Específico            Se Declara Posible” resuena en el titular. Los enlaces a los proyectos            de net.art desde entonces están envueltos en torpes titulares            como “El Arte Sin Compromiso Social Es Imposible” y “Hoy            No hay Más Afuera”</p>
<p>Más allá de la divertida parodia del filtro de las noticias            ciber-corporativas de la CNN, la preocupación sobre la pronta            colonización de Internet por la principal corriente de los media            y el monstruo destructor empresarial cada vez era mayor. Paralelamente            a Net.Art Per Se, el artista neoyorkino Paul Garrin comenzó Name.Space,            un proyecto a partir del cual intentaba ampliar el conjunto limitado            de componentes de la URL (.com, .net, .co, .uk, .edu, .org, .jp). La            lógica de Name.Space (Nombre.Espacio) proponía que si            hubiera un conjunto ampliable de los nombres para Websites, sería            más difícil tanto para las corporaciones como para los            individuos monopolizar las direcciones Web. Durante algún tiempo            el proyecto de Garrin exigió un complicado proceso judicial con            objeto de romper el monopolio nombre-dominio, y carecía de pretensión            artística alguna. No obstante compartía con los trabajos            contemporáneos del moscovita Alexei Shulgin y de Heath Bunting            un interés por la organización literal del espacio público            de la Red. Los proyectos de Shulgin y Bunting a partir de entonces–            Link X (www.desk.nl) y Own, Be owned or Remain Invisible (Poseer, Ser            poseído o Seguir Siendo Invisible) (www.irational.org/heath/_readme.html),            respectivamente- demuestran que los nombres de dominios elegidos (e.g.,            www.artforum.com, www.love.com) contribuyen a definir cualitativamente            Internet, pudiendo ser, no obstante, contextualizados y recuperados            de maneras interesantes. Los proyectos ‘hipertextuales’ de            estos artistas incorporaban textos personales sobre Internet, que dramatizaban            la experiencia subjetiva (y desconcertante) de negociar un espacio altamente            mercantilizado y particularmente público.</p>
<p>En 1997, el net.art estalló. Vieron la luz trabajos divertidos            como 7-11 (una lista de e-mail, archivada como 7-11.org), Desktop Is            (comisariada por Shulgin, www.easylife.org/desktop), Form Art (también            comisariada por Shulgin, www.c3.hu/collection/form), Documenta Done            (Vuk Cosik, www.ljudmila.org/~vuk/dx) y Easylife (dominio de Shulgin,            www.shulgin.org), así como trabajos más serios tales como            My Boyfriend Came Back From the War (My novio regresó de la guerra)            de Olia Lialina (www.teleportacia.org/war) y el software rompedor del            Web Stalker del colectivo I/O/D (www.backspace.org/iod/iod4Winupdates.html).            Por aquel entonces, mujeres net.artistas empiezan a ocupar una posición            más representativa en el candelero. Rachel Baker, Beth Striker,            Josephine Bosma, Shu Lea Cheang, y las VNSMatrix son sólo algunas            de las mujeres que estaban haciendo interesantes trabajos. Las VNSMatrix            (leer “Venus”) han sido destacadas precursoras para los net.artistas            que exploran cuestiones feministas. Un grupo de mujeres australianas            que viven en y alrededor de Adelaida, Australia. Las VNS publicaron            su “Manifiesto Ciberfeminista” en 1991. Allí escribieron,            por ejemplo: “nosotras somos el coño moderno/ la antirazón            positiva/ inalquilables implacables impenetrables/ vemos arte con nuestro            coño hacemos arte con nuestro coño/ creemos en la locura            pasajera en la santidad y en la poesía/ somos el virus de los            nuevos disturbios del mundo/ la ruptura de lo simbólico desde            dentro/ saboteadoras de las grandes corrientes de papá / el clítoris            es una línea directa a la matriz VNSMatrix” (sysx.org/vns/manifiesto.html).</p>
<p>Cheang, la realizadora de cine, después de Fresh Kill (1994)            hizo una serie de websites ya en 1997 y 1998. En su proyecto Buy One            Get One (Compra Uno Consigue Otro) (www.ntticc.or.jp/HoME2), ahora parte            de la colección del ICC, exploró la tecnología            y el acceso en Asia, Africa, y Australia desde una posición que            ella consideraba “Cibergranjera”. La labor de la Cibergranja,            en el proyecto de Cheang, consistía en hacer su vida fuera de            una “caja digital doblable”, supuestamente un ordenador portátil            y algunos otros equipos que le permitían fijar sus encuentros            en los servidores del ICC. También por aquel entonces Cheang            fue invitada a producir la primera website del Guggenheim. Brandon (www.brandon.guggenheim.org),            basada en la vida de Brandon Teena (objeto de la reciente película            “Boys Don’t Cry”), fue desarrollada a lo largo de un            año, y se presentó en 1997. Narrando la vida de mujeres            biológicas que viven y aman como un hombre, brandon.guggenheim.org            mantuvo el juego del género en red, con Cheang y su grupo de            charla. Hubo también un componente off-line importante: un foro            fue sostenido en el Theatre Anatomicum, un teatro holandés de            performance new-media que en una ocasión utilizó cirugías            experimentales del género en presos; otro (foro) sobre ciber-ley            tuvo lugar en Harvard, resucitando un caso de “cyber-violación”,            ocurrido cuando un hombre fue sorprendido maquillado como una mujer            en una íntima sala de estar.</p>
<p>Mientras que la mayoría de los participantes se enorgullecían            de su relativa determinación como net.comunidad, el ciberfeminismo            se convertía en un asunto de interés para unos pocos.            Hubo chispas de conflicto cuando en junio de 1996 se envió el            manifiesto de Anne de Haan “The vagina Is the Boss on the Internet”            (La vagina Es el jefe de Internet) a Nettime. (El texto está            archivado en www.rhizome.org/cgi/to.cgi?q=698). Los moderadores de la            lista dijeron que aquellos que se interesaran por el feminismo llevaran            la discusión a otra parte, a plataformas de mujeres como Old            Boys Network (www.nettime.org/oldboys).</p>
<p>Una net.artista (“female”), la rusa Olia Lialina, siguió            presentando trabajos especialmente atractivos, fuera de lo programado            mucho de su “male” (hombre) se revela triunfador de premios            y encargos regulares. My Boyfriend Came Back From the War, por ejemplo,            es una narración fílmica de un romance predestinado. El            trabajo de Lialina, que a menudo sugiere un interés por una belleza            física y por aspectos personales propios de las relaciones románticas,            diferenciándose de los trabajos de otros net.artistas, ha explorado            en la época más reciente, indistintamente, documentos            legales, cuestiones relativas a la distribución de arte, y sistemas            de direccionamiento de los navegadores. Su proyecto “War”            (Guerra), que hizo uso de una programación básica de “marcos”,            fue comentado por Lev Manovich, profesor de Historia del Arte en San            Diego en la Universidad de California, en “Behind the Screen”            (Detrás de la Pantalla), un perspicaz ensayo sobre muchas de            las particulares influencias de los trabajos de los net.artistas rusos.            Manovich sugiere que la herencia visual de la pantalla, el montaje paralelo,            y los marcos son repensados en tiempos de “guerra”. Los visitantes            del site de Lialina son alentados a experimentar, creando marcos dentro            de marcos así como nuevas combinaciones de texto e imagen. Podríamos            argumentar que My Boyfriend Came Back From the War es una actualización            de las teorías de Eisensteins sobre el montaje dentro de los            límites del navegador Web.</p>
<p>Haciendo una descripción de 1997, uno puede pensar que prevaleció            el formalismo, con proyectos como Desktop Is y Form Art que invitaban            a los artistas a crear trabajos usando un conjunto definido de objetos            o protocolos HTML. Desktop Is fue una muestra de net.art seminal. Su            premisa era sencilla: los participantes se rendirían a las tentativas            sobre la pantalla del escritorio de su CPU, que se convierte en lo que            ves cuando reinicias tu ordenador y no funciona ninguna aplicación.            Este es el punto de partida del usuario, el lugar donde la organización,            la interfaz de la red, los atajos, y la descarga de páginas o            imágenes podían residir. En su declaración curatorial            Alexei Shulgin explica que el escritorio es un psicoanalista de usuarios,            amistoso, la cara más cotidiana de los ordenadores, o quizás            sólo la última cosa que uno ve antes de terminar una sesión.            Las presentaciones nos hablan de ‘un rango’ desde las sutiles            revelaciones personales (por ejemplo el icono de una carpeta titulado            “bakerssexuality”, como si en la sexualidad de Rachel Baker            – ¡solamente nosotros pudiéramos mirar dentro!) hasta            los más deslumbrantes convenios de la iconografía del            escritorio, como el propuesto por M@, es decir, Matt (el proyecto de            Baker está alojado en www.irational.org/tm/desktop.gif y el de            M@ en www.easylife.org/desktop/desktops/M@2.jpg).</p>
<p>Hubo también una serie de juegos de identidades ese año.            Algunas -todavía-no identificadas son los pranksters que publicaron            sus textos en Rhizome y Nettime bajo el nombre de los críticos            Timothy Druckery y Peter Weibel, usando sus e-mails -robados-. (Sólo            uno de esos textos sigue estando disponible: La revisión falsificada            de Heath Bunting por el Artista que Reclama Ser Tim Druckerey, está            archivada en Nettime en www.nettime.org/nettime.w3archive/199712/msgooo36.html).            Hubo también un ficticio Keiko Suzuki, que comenzó un            nuevo servicio de lista, pidiendo prestado el nombre 7-11. En la red,            las falsificaciones de la identidad son realmente fáciles de            llevar a cabo y estas travesuras tiñen el ciberespacio de un            aire juguetón y malicioso de impredicibilidad. 7-11 estuvo dedicado            a lo irracional y excesivo. Operativamente trabajaba como una lista            de gran volumen: la gente enviaba y leía varias veces al día            . 7-11 era chatarra, e-mail art, confusión, bromas, indirectas,            travesuras, notas de gente que confunde la lista con un servicio que            ofrece todo tipo de ventajas a los grandes almacenes. Keiko Susuki,            se evaporó cuando la lista fue a menos, era probable que el avatar            que compartió tantas bromas online, se cansara del típico            discurso embriagador enviado a listas como Rhizome y Nettime.</p>
<p>No obstante el caso cumbre de identidades robadas fue sin duda la reproducción            que el artista esloveno chico-malo Vuk Cosic hizo del site de la Documenta            X, Documenta Done. Cosic, que recientemente ha hecho un brillante serie            de la película ASCII (incluyendo Deep Throat (Garganta profunda)            ¡en ASCII!), para copiar el site hizo uso de un programa robot            fácilmente disponible, (o “bot”), en el momento en            que la Documenta anunció que en breve sería quitada de            la red. La Helena de Troya del mundo del arte off-line, el website de            la Documenta X fue, en opinión de Cosic, demasiado institucional            y pretencioso para arrasar, y mucho menos porque su desaparición            fuera tratada ceremonialmente. Cosic, que fue definido por la prensa            como un “hacker de Europa del Este”, comentó en un            principio que el site de la Documenta robado era su readymade y proclamó            que los net.artistas eran “los hijos ideales de Duchamp”.</p>
<p>Tal vez el trabajo artístico más ambicioso de 1997 vino            del colectivo I/O/D, que presentó un navegador web. Cuando pregunté            a Simon Pop miembro de I/O/D sobre la decisión de desarrollar            software, él contestó, “intentamos difundir la idea            de ‘cultura como software’ y romper con algunos de los tópicos            de las corrientes de creadores de software. Cuando el sistema operativo            comienza a ser descrito como un recurso natural, deben sonar las alarmas”.            Una herramienta de software para la red, Web Stalker lee HTML de manera            distinta a los navegadores tradicionales como Netscape Navigator y Microsoft            Internet Explorer. En vez de visualizar lo que pensaron los diseñadores            y los productores para ser visto, Web Stalker proyecta los enlaces externos            desde la página concreta de HTML. Simplemente ponga, el navegador            de I/O/D localiza fuera del espacio entre las páginas Web. Desde            la más amplia perspectiva el Web Stalker supuso una paradigmática            rotación en el net.art: las páginas Web desaparecían            de pronto, sus aplicaciones para la red se convertían en algo            nuevo.</p>
<p>El movimiento fuera de las páginas Web continuó en 1998,            mientras el software, el terrorismo, la radio, y la incipiente institucionalización            del net.art se convertían en los puntos calientes de la investigación.            Las páginas Web, si esperaban conseguir alguna atención            en este clima, bajo la presión del aumento al que se vieron sometidas            ese año llegaron a incluir contenidos altamente volátiles            –como la revista electrónica Biotech Hobbyist de Heath Bunting            y Natalie Jeremijenko, que ofrecía instrucciones de cómo            clonar piel humana en casa, por ejemplo- o incluso a superarlos. El            artista neoyorkino Mark Napier, por ejemplo, realizó dos piezas            interesantes que destruyen y desfiguran respectivamente los objetos            HTML. Sus Digital Landfill (www.potatoland.org/landfill) y Shredder            (www.potatoland.org/shredder) utilizan los componentes de cualquier            página Web y desde su código los reconfigura en un nuevo            diseño (Shredder) o les añade una serie de nuevos componentes            de otras páginas (Landfill). Estos trabajos son dinámicos            y divertidos, un poco como muñecas voodoo para Websites: introduzca            una URL y mire como se transforma el sitio elegido.</p>
<p>En 1998, el colectivo británico Mongrel versionó un producto            de shoftware gratuito llamado Heritage Gold (www.mongrel.org/uk/heritagegold).            Partiendo del editor de imágenes Adobe Photoshop, Heritage Gold            sustituye sus herramientas y comandos convencionales (“Enlarge”            (agrande), “Flatten” (aplane)) por términos impregnados            de carga racial y clasista (“Defina la casta”, ”pegue            en la piel del anfitrión”, “Rote la vista del mundo”).            Graham Harwood, un miembro de Mongrel describe así las habilidades            de esta pieza: “puedes inventar una nueva familia &#8230; puedes hacer            inmigración, repatriación”. Los menús del            programa permiten a los usuarios añadir, modificar, o reducir            los niveles e inflexiones de las características de cada raza            en sus propias imágenes, desde chinos a africanos, indios del            este a caucasianos. La meta-belleza de Heritage Gold es su sinceridad            como una herramienta de software implicada socialmente. Muy pocos de            los instrumentos y materiales –incluyendo el software y los ordenadores-            que trabajamos de manera cotidiana son explorados para revelar las líneas            por las que reproducen, apoyan, o simplemente permiten la opresión            social o las relaciones económicas.</p>
<p>El net.art produjo una sensación muy diferente en 1999, en cuanto            un cierto sentido de popularidad y relevancia pendientes parecía            autorizar el trabajo de los net.artistas. Basándose en Nueva            York el artista Maciej Wisniewski diseñó Netomat (www.netomat.net),            un proyecto que tanto para él como para el curator administrador            Tamas Banovich supuso algo así como ir de compras alrededor de            la industria. Con habilidad para uncir palabras e imágenes, a            diferencia de los motores de búsqueda convencionales, que sólo            devuelven páginas Web, el software de Netomat produce de manera            obligada, algún buen collage. Varios artistas comenzaron a sacar            partido a las posibilidades del comercio electrónico, tanto en            el acceso a la oferta como en la construcción de sus propias            galerías online, como han hecho Olia Lialina (art.teleportacia.org/art-ns4.html)            y John Simon Jr. (www.numeral.com/everyicon.html). Wolfgang Staehle,            Tamas Banovich, Maarie Ringler, Rachel Baker, y otros iluminados del            net.art empezaron a recibir lo que ahora se ha convertido en un torrente            de invitaciones para hablar en seminarios y conferencias sobre Internet.            Realmente, el net.art había adquirido bastante reconocimiento,            si no prestigio, lo cual llegó con cierta sorpresa ya que en            torno a la sexta parte de los premios dados a los artistas por Capital            Creativo, una nueva fundación para las Artes, fue a parar a personas            que trabajaban en proyectos de Internet. Y por supuesto este año            el net.art no fue solamente incluido en la Bienal del Whitney, sino            que además estuvo representado con una amplia variedad de proyectos,            entre los que había trabajos de Fakeshop, Ben Benjamin, Annette            Weintraub, Mark Amerika, Ken Goldberg, y ®TMark, entre otros.</p>
<p>Originalmente concebido como un campo social alternativo donde el arte            y la vida diaria estaban fusionados, el net.art podía ahora parecer            amenazado por su propio éxito- lo que supone, probablemente,            la cesión de un grado por el hecho de haber llegado a un punto            muerto, un espíritu anti-institucional que lo ha llevado más            dentro si cabe del cerco institucional. Sin embargo la prodigiosa capacidad            de Internet para presentar e inspirar trabajos artísticos “hacktivistas”,            politizados, no debiera ser desestimada. Y como la Red se mueve precipitadamente            hacia la convergencia con la televisión, se reclaman urgentemente            nuevas estrategias para maniobrar libremente, soberanamente, hacia un            entorno total-media cada vez más factible. En su ensayo “El            ABC del Tactical Media” (1997), David García, artista y            activista de los media, y Geert Lovink, miembro del colectivo media            holandés Adilkno y moderador de Nettime, describen elocuentemente            los planteamientos que los más ambiciosos trabajadores culturales            del net.art han adoptado y sobre los que continúan preguntándose:            “¿De qué manera utilizamos -como consumidores- los            textos y artefactos que nos rodean?”. Encontrando su respuesta            en La Práctica de la vida diaria (1974) de Michel de Certeau:            “Tácticamente.” “Eso es.” García y            Lovink continúan, “en los caminos más lejanos, creativos            y rebeldes que fueron imaginados antes &#8230; Una estética existencial.            Una estética de furtivos, de engaños, interpretaciones,            discursos, de paseos, de compras, de deseos. Bromas ingeniosas, donde            el astuto del cazador, maniobra, situaciones polimórficas, descubrimientos            divertidos, poéticos mejor que bélicos”.</p>
<p>&#8212;</p>
<p>Original publicado como “WEB WORK A HISTORY OF INTERNET ART”            en ARTFORUM International, nº 9 May 2000, pp. 162-167, 190.</p>
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		<title>¿Qué son los estudios digitales?</title>
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		<pubDate>Sun, 30 Sep 2007 13:50:27 +0000</pubDate>
		<dc:creator>vidoc</dc:creator>
				<category><![CDATA[General]]></category>

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		<description><![CDATA[Alex Galloway Hoy en día es necesario situar en su contexto el volumen cada vez mayor de material teórico dedicado a las tecnologías digitales, teniendo siempre en cuenta las escasas disquisiciones sobre tecnología de lo que hemos pasado a llamar simplemente &#8220;teoría&#8221;. En los últimos años las tecnologías digitales han pasado a tener un papel [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=vidoc.wordpress.com&amp;blog=1777301&amp;post=39&amp;subd=vidoc&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p class="autor">  Alex Galloway</p>
<p>Hoy en día es necesario situar en su contexto el volumen cada vez mayor de material teórico dedicado a las tecnologías digitales, teniendo siempre en cuenta las escasas disquisiciones sobre tecnología de lo que hemos pasado a llamar simplemente &#8220;teoría&#8221;. En los últimos años las tecnologías digitales han pasado a tener un papel cada vez más importante en la producción y el consumo de textos, en su mediación así como en la forma en que nos imaginamos el espacio y nos movemos en él. Ante las nuevas tecnologías nos vemos obligados a replantearnos las teorías de lo textual y lo espacial. Al mismo tiempo, al enfrentarnos a una combinación especialmente insidiosa de tecnofobia intelectual y pura ignorancia reconocida, debemos actualizar toda una disciplina intelectual, una disciplina que antes se centraba en el postestructuralismo, en el significante, en el psicoanálisis lacaniano, en ciertos tipos de literatura y filosofía francesa, en el marxismo estructuralista y en la teoría sobre medios visuales (cine, televisión y vídeo).Aunque muchas personas ya han comenzado a escribir textos teóricos sobre &#8220;tecnología&#8221; o &#8220;globalización&#8221; -dos conceptos de bastante importancia en el análisis de los nuevos medios- si nos fijamos nos daremos cuenta de que gran parte de la teoría contemporánea no se ocupa de modo primordial del objeto de su análisis, es decir, de lo digital. A menudo nos repele el simple hecho de que se trata de tecnología. El legado teórico que mencionábamos anteriormente -postestructuralismo, teoría cinematográfica- plantea diversas cuestiones que podrán ser de utilidad en los nuevos debates. Mi objetivo es determinar cuáles de estas cuestiones son todavía pertinentes y sugerir una dirección de investigación para el futuro en este campo. La reflexión crítica reciente sobre los nuevos medios es, por tanto, mi principal interés en este artículo en el que pretendo impulsar un evolución de la presente etapa descriptiva a una teoría más general de los estudios digitales.</p>
<p>Los estudios digitales tienen como objeto de su análisis la tecnología digital. Algunos de los temas específicos que engloba la tecnología digital son: la internet, los navegadores de internet, el &#8220;objeto&#8221; digital (es decir, la página <em>web</em>) y el &#8220;protocolo&#8221; (cómo se organizan los objetos digitales). Según mi planteamiento, los estudios digitales son una disciplina que, como ocurriera con la economía política antes, no sólo constituye un nuevo paradigma teórico, sino además la adopción de una postura dentro de ese paradigma.</p>
<p>Con la llegada de las tecnologías digitales se deben retomar varios debates teóricos, especialmente los que giran en torno a cuestiones textuales y espaciales. Expondré brevemente la posición de los estudios digitales en estos debates y después desarrollaré análisis más detallados de estos temas. Primero, en cuanto al debate sobre textualidad (¿Qué es una red semiótica y cómo funciona?) los estudios digitales se muestran en contra de la significación y la obsesión por hallar significados en objetos y textos. Interpretar la red no interesa a los estudios digitales; no les interesa ofrecer una definición de su significado o de su relevancia. Segundo, dentro del debate sobre espacialidad (¿Cómo se producen las relaciones espaciales? ¿Cómo se mueven los objetos y los cuerpos en el espacio?) los estudios digitales declaran que el espacio digital está organizado de una forma particular (pero, en última instancia, contingente) de acuerdo con ciertas tecnologías procesales y estratégicas.</p>
<p>A continuación expondré unas cuantas afirmaciones que son programáticas para los estudios digitales. Los estudios digitales apoyan la idea de que los objetos (cuerpos de la red) están organizados en el &#8220;espacio de la red&#8221; de acuerdo con unos protocolos, y también la idea de que ciertas clases de conocimiento legitiman esta organización. Este argumento plantea la categoría del espacio de la red como un acontecimiento histórico específico resultado de la reorganización de cuerpos u objetos (colocación en el espacio de la red). Es más, es un argumento en contra de quienes hacen uso de explicaciones pragmáticas y neoliberales para explicar los cambios en las estructuras sociales del capitalismo de finales del siglo XX. Los estudios digitales se oponen al uso arbitrario de metáforas antiguas a la hora de describir el espacio de la red: el texto, el árbol, el espacio cartesiano, etc. Los estudios digitales refutan la oposición entre cuerpo y mente. También se oponen a la noción muy extendida de que lo que se conoce como la actual sobrecarga de información está destruyendo las relaciones sociales. Todo lo contrario, estamos siendo testigos, no de la desintegración, sino de la extrema proliferación y consecuente regulación de relaciones sociales en la era de los nuevos medios. Pero sobre todo los estudios digitales son una reacción contra la tendencia de ciertos pensadores a abusar de conceptos de economía de la información, de nuevos medios, de redes, etc., sin describir las tecnologías que están detrás de estos cambios.</p>
<p>+ + +</p>
<p>Textualidad &#8220;Primero mercancía, luego signo, ahora objeto&#8230;&#8221;</p>
<p>Durante muchos años, los pensadores han preferido hablar de las economías de valor, ya fueran semióticas, marxistas o psicoanalíticas, en función de las unidades genéticas de valor y de los equivalentes que usualmente regulan su producción, intercambio y representación. Aunque es muy tentador seguir los pasos de críticos cinematográficos como Christian Metz y Andre Bazin que afirman que, como el cine, el medio digital es esencialmente un lenguaje, o los del marxista Jean-Joseph Goux, colaborador de la revista Tel Quel (o incluso del Baudrillard de la primera época tan influido por la economía) y afirmar que el medio digital es una economía de valores regulada por el código de ceros y unos, aunque ya digo que sería tentador, está claro que el medio digital necesita otro tipo de semiótica, o quizás algo completamente distinto. La red no depende del texto como metáfora principal, no está basada en intercambios de valores, sus términos no se definen en una relación diferencial con una especie de equivalente universal. La tecnología digital requiere un conjunto nuevo de relaciones entre objetos. ¿Cuáles son esas relaciones?</p>
<p>Existe un nuevo sistema de clasificación en la economía digital: objeto y protocolo. La unidad básica de la economía digital no es el signo, sino la unidad de contenido, el infoide, la diginarrativa. No se trata simplemente de mercancía digital ni de signo digital. El objeto no constituye una unidad de valor. El objeto digital es cualquier unidad de valor o descripción de contenido: datos MIDI, texto, mundo VRML (lenguaje de modelación de realidad virtual), imagen, textura, movimiento, conducta, transformación. El objeto es lo que Foucault denomina un &#8220;cuerpo&#8221; o lo que Deleuze podría llamar el contenido de una imagen simulada. Los objetos digitales son entes puramente positivos.</p>
<p>Estos objetos, ya sean digitales o de otro tipo, siempre derivan de una copia anterior (cargada) por medio de diversas clases de equipo de mediación (unidades de disco, transferencias de redes) y se muestran con una serie de aparatos de simulación (monitores, pantallas, hardware de realidad virtual y otros interfaces). Se ocultan y finalmente desaparecen. De este modo, los objetos sólo existen si se usan. Se forman desde cero cada vez y no son más que la articulación de su propia condición de objetos. Independientes de toda plataforma, los objetos digitales dependen de la estandarización de los formatos que adopta la información. Existen en el ámbito del <em>script</em>, no de la máquina. Los objetos se pueden heredar, expandir, son procreativos. Desde un principio son siempre niños. Los objetos no se archivan, se autoarchivan. Los objetos no se leen, se pasan por escáner, se analizan sintácticamente, se concatenan y se fragmentan.</p>
<p>Un protocolo es un tipo de objeto muy particular. Es un lenguaje universal para la descripción de objetos, un lenguaje que regula el flujo, dirige el espacio de la red, codifica las relaciones y establece vínculos entre formas de vida. Un protocolo no produce ni da lugar accidentalmente a objetos sino que constituye una estructura de organización basada en una serie de disposiciones de éstos. El protocolo es la razón por la que internet funciona y actúa. Del mismo modo en que los tipos de letra de un ordenador regulan la representación de un texto, el protocolo se puede definir como una serie de instrucciones para la compilación e interacción de objetos. El protocolo es siempre un proceso de segundo orden, dirige la arquitectura de objetos.</p>
<p>Para poder entender mejor la superposición entre objeto y protocolo analizaré cuatro ejemplos: HTML, el navegador de internet, las filtraciones de colaboración y la biometría.</p>
<p>El lenguaje de marcado de hipertexto (<em>Hypertext Markup Language &#8211; HTML)</em>, un lenguaje de <em>script</em> para redes, es una manera de crear documentos de texto con instrucciones de presentación básicas &#8211;pon esta frase en negrita, añade una imagen aquí, sangra este párrafo, etc&#8211;. Como código universal del diseño gráfico desde su introducción en 1990, el HTML designa cómo se organizan los objetos en un navegador. Según las especificaciones del HTML 3.0: &#8220;el HTML está diseñado con el fin de actuar como instrumento para relacionar información de fuentes muy diferentes, es una herramienta para solucionar el problema de la capacidad de funcionamiento interactivo de distintos formatos de documento y una forma de facilitar un interfaz verdaderamente abierto a los sistemas de información bajo licencia&#8221;.(1) En la medida en que el HTML versifica tanto el texto como las instrucciones de formato y elimina la <em>di-versificación</em> de formatos cualitativamente distintos, se le puede llamar versificador. El HTML es un protocolo vectorial (<em>scaleable)</em>, esto es, que puede crecer eficiente y rápidamente con la llegada de nuevas tecnologías. Al contrario que otros lenguajes de<em> scripting</em> informático, el HTML no depende de ninguna plataforma, no está limitado a un único sistema operativo.</p>
<p>Como demuestra el ejemplo del HTML, un protocolo hace posible la interacción (<em>interfacing</em>) de objetos que son distintos. Al contrario de lo que la gente cree, la red digital no es pura heterogeneidad. Es una estructura hegemónica, o más bien, un espacio procesual dinámico a través del cual las formaciones hegemónicas surgen y se disuelven. Es decir, las redes digitales se estructuran de acuerdo con la hegemonía previamente negociada de ciertas formas textuales sobre otras, todo ello de acuerdo con programas, jerarquías y procesos. El protocolo equivale a las normas de cortesía entre objetos. Los objetos se filtran, se analizan sintácticamente, se concatenan. No se archivan, ni se transforman en documentos, no se examinan en exceso (actividades predigitales). El protocolo constituye una economía auténticamente rizomática. El flujo y el reflujo están gobernados por diversos protocolos de la red (FTP, HTML, SMTP, etc.). La posibilidad de conexión se establece de acuerdo con ciertas jerarquías. Y como la lógica de la economía política tradicional, todos los elementos se someten a una estandarización formal. El protocolo textual digital &#8220;permite a los objetos leerse y escribirse a sí mismos&#8221;.(2) De este modo, los objetos no dependen del lector, de hecho se transportan ellos mismos al mercado.</p>
<p>Una de las principales características de las redes inteligentes (el capitalismo, Hollywood, el lenguaje) es su habilidad para producir una estructura que esconde su estructura. Para el capitalismo esta lógica se encuentra en la forma que adopta la mercancía, para Hollywood se trata del montaje de continuidad. En el espacio digital la máquina de ocultación, el aparato encubridor de diferencias es, como cabe esperar, el navegador.</p>
<p>El navegador es un aparato de interpretación que interpreta el HTML (además de diversos otros protocolos y formatos de medios) para incluir, excluir y organizar contenidos. Es una válvula, un aparato de montaje, una máquina. En la ventana del navegador se unen objetos digitales (imágenes, texto, etc.) procedentes de fuentes muy diferentes. Estos objetos se organizan cada vez al usuario hace una petición. No hay objetos en las redes digitales, o más bien el objeto no es más que una tediosa lista de instrucciones: el documento HTML. Por ello el navegador es, fundamentalmente, una especie de filtro que utiliza una serie de instrucciones (HTML) para incluir, excluir y organizar contenidos.</p>
<p>A pesar del reciente debate acerca del llamado potencial revolucionario de los nuevos navegadores (el Web Stalker es el mejor ejemplo: http://www.backspace.org/iod), considero que todos los navegadores funcionan de modo similar y los clasifico según las siguientes categorías: navegadores dominantes (Netscape y Explorer), navegadores primitivos (Lynx), navegadores de medios especiales (navegadores VRML, visualizadores Applet, reproductores de audio y vídeo, etc.) y navegadores tácticos (Web Stalker).</p>
<p>Fuera del ámbito del navegador surge otro tipo de protocolo más radicalmente ideológico: el concepto de filtración colaborativa. Sin duda, se trata de una especie de interpelación en grupo. La filtración colaborativa, también llamada filtración sugestiva y que forma parte del campo cada vez más desarrollado de los &#8220;agentes inteligentes&#8221;, permite predecir nuevas características (en particular nuestros llamados deseos) basándose en información recogida en encuestas. Lo que hace de esta técnica algo tan diferente de las otras técnicas de predicción basadas en información obtenida en encuestas es el uso de poderosos algoritmos para determinar y al mismo tiempo alterar la identidad del usuario. Al contestar a las preguntas de una encuesta, el usuario establece su &#8220;perfil&#8221;. El agente de filtración sugiere los posibles gustos y aversiones del usuario tras comparar sus preferencias con las de los demás. La filtración colaborativa es un ejemplo extremo de la organización de los cuerpos en el espacio de la red a través de un protocolo. La identidad en este marco se formula de acuerdo con ciertos patrones preferentes. En esta inmensa colaboración algorítmica, siempre se sugiere que el usuario que sea como otra persona, que, para que el sistema funcione, debe ser previamente como el usuario. La filtración colaborativa es lógica sincrónica aplicada a las relaciones sociales, es decir, como en la amplia definición de protocolo que ofrecíamos anteriormente, la filtración colaborativa es una estructura de organización basada en una serie de disposiciones del usuario. Como lo describía en un mensaje de correo electrónico el representante de Firefly, empresa pionera de la industria y víctima de Microsoft: &#8220;Los resultados de la encuesta de un usuario se comparan con una base de datos que contiene los de los demás. Se hace una búsqueda para encontrar los usuarios que hayan hecho elecciones similares y entonces el filtro utilizará las otras selecciones de este grupo para construir un perfil de los gustos de esta persona.&#8221; Este tipo de información sugestiva que requiere un conjunto importante de información identificativa, se desplaza a lo ancho de enormes distancias de información para versificar (igualar) distintos objetos.</p>
<p>La floreciente disciplina de la biometría también ilustra la lógica del objeto y el protocolo en los nuevos medios. Las antiguas caracterizaciones de la identidad (ya fueran objetos externos como tarjetas o llaves de identidad, relaciones sociales como el apretón de manos, relaciones interpersonales o entes intangibles como contraseñas que se memorizan o digitalizan) están siendo reemplazadas por análisis biométricos (controles de identidad con escáners del ojo, análisis de sangre, huellas digitales, etc.). Se vuelve a invertir en la medición y autenticación del cuerpo físico. La criptografía es la biometría de los cuerpos digitales. La autenticidad (identidad) vuelve de nuevo al cuerpo/objeto, en secuencias y muestras y escáneres. El protocolo es &#8220;lo que constituye una prueba&#8221;.</p>
<p>+ + +</p>
<p>Espacio</p>
<p>También relacionado con la sección anterior sobre protocolo, los debates actuales sobre espacio derivan hacia la cuestión digital, centrándose especialmente en el flujo de los cuerpos y la información, en la telepresencia, en la organización de esos cuerpos, etc. Como decíamos anteriormente, según los estudios digitales la red es una organización protocolaria de objetos en el espacio de la red. Esta lógica se basa en el pensamiento de Foucault que opinaba que &#8220;en toda sociedad la producción del discurso está controlada, seleccionada, organizada y redistribuida simultáneamente a través de ciertos procesos cuya función es la de alejar sus poderes y sus peligros, hacer frente a sucesos accidentales, huir de su laboriosa y temible materialidad&#8221;. (3) La palabra clave de Foucault es &#8220;discurso&#8221;, la nuestra, &#8220;objeto&#8221;. Si seguimos el método arqueológico de Foucault podemos argumentar que la categoría de espacio de la red es un acontecimiento histórico específico, el resultado de la reorganización de los cuerpos y los objetos, la colocación en el espacio de la red. Sin embargo, el historicismo no es tan importante en este caso como la cuestión de la espacialidad. El lema ya no es &#8220;busca siempre la relevancia histórica&#8221; (objetivo fundamentalmente modernista) sino &#8220;especifica siempre&#8221;, &#8220;colócate siempre en un punto x específico&#8221;. En resumen <em>espacio-ifica</em> siempre.</p>
<p>El espacio de la red es la manipulación imaginaria de fronteras imaginarias. El espacio es tanto el área de la narrativa en sí como su colocación en el espacio. Es un término bastante problemático y debe subdividirse rápidamente. Lo que llamamos espacio &#8220;local&#8221; se define a través de la existencia imaginaria de fronteras que limitan al usuario a una sola &#8220;página&#8221;. Es la producción del sentimiento de una geografía imaginaria local. La física del sitio, su narrativa, el hardware, la categoría liminar de los enlaces con otras dimensiones y la amenaza del espacio exterior, del espacio del otro, de las dimensiones (que no son sólo otros dimensiones) constriñen el espacio local de la red. Por otra parte, &#8220;el espacio abstracto de la red&#8221; está definido por la eliminación imaginaria de las fronteras, por la producción de inmensos espacios imaginarios. El espacio abstracto de la red tiene varias características: acceso infinito (nunca resulta inalcanzable), propagación rizomática infinita, previsibilidad del formato (lo desconocido nunca resulta ilegible), transparencia, ontología productiva (si lo piensas, existe en algún lugar &#8220;ahí fuera&#8221;).</p>
<p>La ciberfeminista Allucquere Rosanne (Sandy) Stone ha demostrado en uno de sus primeros ensayos, <em>&#8220;Will the Real Body Please Stand Up?&#8221; </em>(&#8220;Por favor, que se ponga en pie el auténtico cuerpo&#8221;) (4) que el espacio digital es fundamentalmente una máquina para la organización de los cuerpos. En este ensayo, Stone, con su transgresora perspectiva sobre la historia del ciberespacio, del deseo y del cuerpo virtual, ayudó a establecer lo que estaba en juego en los debates contemporáneos sobre la posición que ocupa el cuerpo en las comunidades virtuales.(5) Stone argumenta convincentemente que los conjuntos binarios como naturaleza/cultura de hecho funcionan lógicamente como &#8220;estrategias para mantener las fronteras entre los fines políticos y los económicos, y, por tanto, estrategias para generar significados&#8221;.(6) De hecho, la incorporación del cuerpo al espacio virtual crea significados a través de la articulación de las diferencias entre cuerpos y entes no corpóreos, entre espacios y antiespacios. Siguiendo los pasos de Foucault con su refutación de la hipótesis represiva, Stone afirma que las nuevas tecnologías no son agentes transparentes que eliminan las cuestiones de género del campo visual, sino que aumentan la producción y la organización de cuerpos sexuados en el espacio. Demuestra que la metáfora espacial dominante (lo que Doreen Massey podría llamar &#8220;geografía imaginaria&#8221;) para las interacciones en el espacio virtual es, sencillamente, la metáfora del espacio cartesiano. Esto es lo que Kathy Rae Huffman ha denominado &#8220;volumen electrónico&#8221; en su descripción de la arquitectura del tecnoespacio.(7) Como nuestro espacio fuera de línea, los espacios virtuales están poblados por cuerpos con &#8220;componentes eróticos complejos&#8221;.(8) Como Stone indica, esta metáfora funcional es, por supuesto, totalmente arbitraria al no haber nada en la lógica de las redes digitales que necesariamente presuponga una estructura cartesiana, o basada en cuerpo o en deseos. Entonces, ¿por qué las comunidades en línea dependen del deseo, el espacio y los cuerpos? Esta la pregunta ciberfeminista para Stone.</p>
<p>Stone toma sus ejemplos de la historia del ciberespacio (CommuniTree, Habitat, y otras de las primeras comunidades en línea). Los espacios virtuales contemporáneos están trazados de modo similar. El Etoy Tanksystem, espacio en línea accesible a través de la red se basa en el interfaz de mapas (<em>map interface)</em>. Incluso la estructura del lenguaje de modelación de realidad virtual (<em>Virtual Reality Modeling Language,</em> VRML) está basado en la construcción de polígonos en el espacio cartesiano. Quizás los mejores ejemplos de antropomorfización de la red son las regiones interactivas en línea, llamadas MOO (dimensiones de multiusuarios con objetos). Como afirman los creadores del conocido LambdaMOO: &#8220;LambdaMOO es un nuevo tipo de sociedad donde miles de personas de todo el mundo se unen voluntariamente&#8221;.(9) Una dimensión en línea con objetos en la que los usuarios pueden conectarse, conversar y por la que pueden moverse en tiempo real, el espacio de LambdaMOO esta modelado según el plano de una casa. Nada podría ser más diferente a la estructura de las redes digitales.</p>
<p>El empleo de metáforas procedentes de la realidad fuera de línea para organizar el espacio de la red es a menudo problemático. Un ejemplo claro es la metáfora del navegador, ya que los navegadores no navegan. Los navegadores no se deslizan sobre la superficie de una selección unificada de contenido y no pueden dejarse caer aleatoriamente sobre cualquier punto. Por el contrario, para poder ver una página web el usuario debe apuntar con gran precisión el navegador hacia ella radicalmente fuera de contexto. Para navegar en el mundo &#8220;real&#8221; es necesario un conjunto de materiales similares próximos unos a otros, conjunto que se puede hojear como se hojea una pila de libros. Para los navegadores informáticos no existe tal pila. Es más, la prestación de la red que más se asemeja a la idea de navegar, el hiperenlace, no es una opción que escoja el usuario, sino una pasarela entre dos documentos establecida por el administrador de la Web.</p>
<p>+ + +</p>
<p>Lo que se pretende con este análisis en profundidad de las tecnologías digitales es demostrar que lo digital es un conjunto de protocolos basados en la tecnología que gobiernan las relaciones entre los objetos y que en sí mismos son una compleja constelación de relaciones dentro de los textos y de la organización de objetos en el espacio. Para facilitar estos protocolos ciertas formas de pensar sobre la tecnología digital legitiman y dan preferencia a ciertas maneras de organizar los objetos. La táctica de Stone es mostrar cómo pensamos acerca del cuerpo en la comunidad en línea. Mi táctica es mostrar cómo funciona el HTML para producir las relaciones entre objeto y protocolo.</p>
<p>Partiendo de un legado teórico los estudios digitales ya pueden empezar a analizar el campo de tecnologías digitales emergentes, el espacio de internet, el navegador de internet, el &#8220;objeto&#8221; digital, el &#8220;protocolo&#8221; digital.</p>
<p>+ + +</p>
<p>[Este texto está muy inspirado en fragmentos de textos que he escrito a lo largo de este año, como los escritos para RHIZOME (http://www.rhizome.org), "Fonts and Phrasing" en _Digital Delirium_ (St. Martin's, 1997), "2 Keywords for the Digital Text: Object and Protocol" in Nettime's _ZKP4_ (Ljubljana, 1997) y el prototípico "What is Digital Studies?" que aparece en DIGITAL STUDIES (http://altx.com/ds, 1997).]</p>
<p>+ + +</p>
<p>[Trad: Carolina Díaz]</p>
<hr noshade="noshade" size="1" width="100%" /><strong>Notas</strong></p>
<p>1. Las especificaciones sobre el HTML 3.0 están disponibles en la web a través de sitios réplica. Uno de estos sitios, de los que he sacado las citas para este ensayo es</p>
<p>http://www.cms.dmu.ac.uk/~iv/home/WWWDoc/html3/.</p>
<p>2. Como el HTML, el lenguaje de modelación de realidad virtual (VRML) tiene sus propias especificaciones. Esta cita la he obtenido de una versión de las especificaciones de VRML que se encuentra en:</p>
<p>http://www.vrml.org/VRML1.0/vrml10c.html.</p>
<p>3. Michel Foucault, &#8220;The Discourse on Language&#8221; The Archaeology of Knowledge (Pantheon, 1972), p.- 216.</p>
<p>4. Allucquere Rosanne Stone. &#8220;Will the Real Body Please Stand Up?&#8221; Michael Benedikt, Ed. Cyberspace. First Steps (MIT Press, 1992).</p>
<p>5 Un buen sitio para empezar a conocer la obra de Stone es su página http://www.actlab.utexas.edu/~sandy/, que es parte de ACTlab de UT, Austin.</p>
<p>6. Stone, &#8220;Will the Real Body Please Stand Up?&#8221; p.- 102. 7 Kathy Rae Huffman, &#8220;Video, Networks, and Architecture: Some Physical Realities of Electronic Space&#8221; Timothy Druckrey, Ed. Electronic Culture (Aperture: 1996), p.- 200. 8 Stone, &#8220;Will the Real Body Please Stand Up?&#8221; p.- 105.</p>
<p>9. LambdaMOO (telnet://lambda.moo.mud.org:8888).</p>
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		<title>Mal de archivo</title>
		<link>http://vidoc.wordpress.com/2007/09/30/mal-de-archivo/</link>
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		<pubDate>Sun, 30 Sep 2007 13:07:22 +0000</pubDate>
		<dc:creator>vidoc</dc:creator>
				<category><![CDATA[General]]></category>

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		<description><![CDATA[Mal de Archivo (fragmento)1  Jacques Derrida Se trata ahí nada menos que del porvenir, si lo hay: del porvenir del psicoanálisis en su relación con el porvenir de la ciencia. Como tecno-ciencia, la ciencia no puede más que consistir, en su movimiento mismo, en una transformación de las técnicas de archivación, de impresión, de inscripción, [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=vidoc.wordpress.com&amp;blog=1777301&amp;post=38&amp;subd=vidoc&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<table border="0" cellpadding="0" cellspacing="0" width="90%">
<tr>
<td bgcolor="#006499">
<p class="titulo"><strong>Mal de Archivo (fragmento)<sup>1</sup> </strong></p>
</td>
</tr>
<tr>
<td>
<p class="autor"><font color="#000000">Jacques Derrida</font></p>
</td>
</tr>
<tr>
<td>Se trata ahí nada menos que del <em>porvenir,</em> si lo hay: del porvenir del psicoanálisis en su relación con el porvenir de la ciencia. Como tecno-ciencia, la ciencia no puede más que consistir, en su movimiento mismo, en una transformación de las técnicas de archivación, de impresión, de inscripción, de reproducción, de formalización, de cifrado y traducción de marcas.<br />
Por tanto, las cuestiones son al menos de <em>dos órdenes</em>.1. Unas atañen a la <em>exposición teórica</em> del psicoanálisis. Concernirían a su <em>objeto</em> y en particular a lo que se ha puesto en juego en los modelos de representación del aparato psíquico como aparato de percepción, de impresión, de registro, de distribución tópica de los lugares de inscripción, de cifrado, de represión, de desplazamiento, de condensación. Nombramos así, por supuesto, otros tantos lugares de lectura y de interpretación -es por ello por lo que el campo de estas preguntas no es propiamente un campo. Ya no se deja delimitar. Independientemente de las reservas formuladas en <em>Freud y la escena de la escritura</em> con motivo de los presupuestos de la modelización misma (reservas sobre las que no voy a volver aquí), podemos al menos preguntarnos si <em>por lo esencial, y de otro modo que en los detalles extrínsecos,</em> la estructura del aparato psíquico, ese sistema a la vez mnémico e hipomnémico que quería describir Freud con el «bloc mágico», resiste o no a la evolución de la tecno-ciencia del archivo. ¿Estaría el aparato psíquico <em>mejor representado</em> o bien <em>afectado de otra forma</em> por tantos dispositivos técnicos de archivación y de reproducción, de prótesis de la memoria llamada viva, de simulacros de lo viviente que ya son y serán en el porvenir tan refinados, complicados, poderosos, como el «bIoc mágico» (micro-informatización, electronización, computerización, etc.)?<br />
Estas dos hipótesis son irreductibles la una a la otra. Puesto que si las conmociones en curso afectaran las estructuras mismas del aparato psíquico, por ejemplo, en su arquitectura espacial y en su economía de la velocidad, en su tratamiento del espaciamiento y de la temporalización, ya no se trataría de un simple progreso continuo en la representación, en el valor <em>representativo</em> del modelo, sino de una lógica absolutamente distinta.</p>
<p>2. Otras cuestiones conexas pero de otro orden: no conciernen ya sólo al objeto teórico del psicoanálisis en su exposición, sino a la archivación del psicoanálisis mismo, de su «vida» si se quiere, de sus <em>«actas/actos»,</em> de sus procesos privados y públicos, secretos o manifiestos, provisionalmente o definitivamente encriptados; conciernen a la archivación de su práctica institucional y clínica, del aspecto jurídico-editorial, académico y científico de los inmensos problemas de publicación o de traducción que sabemos. La palabra «actas/actos» puede designar aquí a la vez el contenido de lo que hay que archivar y el archivo mismo, lo archivabIe y lo archivante del archivo: lo impreso y lo impresor de la impresión. Ya se trate de la vida privada o pública de Freud, de sus compañeros o de sus herederos, a veces también de sus pacientes, de los intercambios personales o científicos, de las correspondencias, deliberaciones o decisiones político-institucionales, de las prácticas y de sus reglas (por ejemplo, las de la llamada «situación analítica», el lugar y la duración de las sesiones, la asociación libre, oral, en persona, y en presencia del analista, sin registro técnico), ¿hasta qué punto el conjunto de este campo ha sido determinado por un estado de las técnicas de comunicación y de archivación? Se puede soñar con o especular sobre las sacudidas geo-tecnoIógicas que habrían hecho irreconocible el paisaje del archivo psicoanalítico desde hace un siglo si, para decirlo en una palabra, Freud, sus contemporáneos, colaboradores y discípulos inmediatos, en lugar de escribir miles de cartas a mano, hubieran dispuesto de tarjetas de crédito telefónico MCI o ATT, de magnetófonos portátiles, de ordenadores, de impresoras, de fax, de televisión, de teleconferencias y, sobre todo, de correo electrónico (<em>E mail</em>).<br />
Me hubiera gustado consagrar toda mi conferencia a esta ciencia-ficción retrospectiva. Me hubiera gustado imaginar con ustedes la escena de ese otro archivo tras el seísmo y tras los <em>après-coups</em> de sus <em>aftershocks. </em>Ya que nos encontramos ahí. Como no puedo hacerlo, habida cuenta de la organización todavía arcaica de nuestros coloquios, del tiempo y del espacio del que disponemos, me atengo a una observación de principio: ese seísmo archivador no habría limitado sus efectos al<em> registro secundario</em>, a la impresión y a la conservación de la historia del psicoanálisis. Habría transformado esa historia de arriba a abajo y en el adentro más inicial de su producción, en sus <em>acontecimientos </em>mismos. Otra forma de decir que el archivo, como impresión, escritura, prótesis o técnica hipomnémica en general, no solamente es el lugar de almacenamiento y conservación de un contenido archivabIe <em>pasado </em>que existiría de todos modos sin él, tal y como aún se cree que fue o que habrá sido. No, la estructura técnica del archivo <em>archivante</em> determina asimismo la estructura del contenido <em>archivabIe</em> en su surgir mismo y en su relación con el porvenir. La archivación produce, tanto como registra, el acontecimiento. Ésta es también nuestra experiencia política de los media llamados de información.</p>
<p>Ello significa que <em>en el pasado</em> el psicoanálisis (no más que tantas otras cosas) no habría sido lo que fue si el <em>E mail</em>, por ejemplo, hubiera existido. Y <em>en el porvenir</em> no será ya lo que Freud y tantos psicoanalistas han anticipado, desde que el <em>E mail</em>, por ejemplo, se ha hecho posible. Se podrían tomar muchos otros indicios aparte del <em>E mail</em>. Como la técnica del correo, ejemplo que sin duda merece algún privilegio. En primer lugar, a causa del papel principal y excepcional (excepcional en la historia de los proyectos científicos) que ha jugado en el centro del archivo psicoanalítico la correspondencia manuscrita. Todavía no se ha terminado, estamos lejos de ello, de descubrir y de tratar su inmenso <em>corpus</em>, por una parte inédito, por otra parte secreto, y quizás por otra parte aún radical e irreversiblemente destruido por ejemplo, por el propio Freud. ¿Quién sabe? Sería preciso preguntarse acerca de las razones históricas y no accidentales que han vinculado una institución semejante, en sus dimensiones teóricas y prácticas, con la comunicación postal y con esa forma de correo, sus soportes, su velocidad mediana: una carta escrita a mano tarda tantos días en llegar a otra ciudad europea, y nada es independiente nunca de este plazo. Todo permanece a su medida.<br />
Pero, asimismo, privilegio el indicio del <em>E mail</em> por una razón más importante y más evidente: porque el correo electrónico está hoy día, más aún que el fax, a punto de transformar todo el espacio público y privado de la humanidad y, en primer lugar, el límite entre lo privado, lo secreto (privado o público) y lo público o lo fenomenal. No es sólo una técnica en el sentido corriente y limitado del término: a un ritmo inédito, de forma casi instantánea, esta posibilidad instrumental de producción, de impresión, de conservación y de destrucción del archivo no puede no acompañarse de transformaciones jurídicas y, por tanto, políticas. Éstas afectan nada menos que al derecho de propiedad, al derecho de publicar y de reproducir. Transformaciones en curso, turbulencias radicales e interminables, a la vista y a escala de las cuales nos es preciso calibrar hoy los trabajos clásicos que continúan haciéndose en la colmena de los estudios freudianos -en torno a los manuscritos de Freud y de los suyos, de las correspondencias que están o que no están aún publicadas, de las ediciones o reediciones, de los borradores y de los esbozos, de lo accesible y de lo inaccesible, de las notorias filtraciones de la <em>Library of Congress</em>, etc. CIásicos y extraordinarios, estos trabajos se alejan de nosotros a toda velocidad, acelerándose sin cesar. Se hunden en el pasado a una distancia que es, cada vez más, comparable a la que nos separa de las excavaciones arqueológicas (esa extraña actividad de la que habla el autor de <em>Gradiva</em> hacia la que nos volveremos en un instante), de la filología bíblica, de las traducciones de la Biblia, de Lutero a Rosenzweig o a Buber, o del establecimiento de los escritos hipomnémicos de Platón o de Aristóteles por los copistas medievales. Otro modo de decir que ello no le quita nada a la nobleza, a la indiscutible necesidad y a la irrecusable legitimidad de esa filología clásica que es mucho más que una filología. Mas esto no debe cerrarnos los ojos ante la conmoción sin límite de la técnica archivadora en curso. Sobre todo debe recordarnos que la susodicha técnica archivadora no determina únicamente, y no lo habrá hecho jamás, el solo momento del registro conservador, sino la institución misma del acontecimiento archivabIe. No sólo condiciona la forma o la estructura impresora, sino el contenido impreso de la impresión: la <em>presión</em> de la <em>impresión</em> antes de la división entre lo impreso y lo impresor. Esta técnica archivadora ha regido aquello que en el pasado mismo instituía y constituía lo que fuera como anticipación del porvenir.<br />
Y como empeño imposible. El archivo ha sido siempre un <em>aval</em> y como todo aval, un aval de porvenir. Más trivialmente: no se vive de la misma manera lo que ya no se archiva de la misma manera. El sentido archivabIe se deja asimismo, y por adelantado, co-determinar por la estructura archivante. Comienza en la impresora.</p>
<p>Por el momento, dejemos estas cuestiones en suspenso. Señalemos solamente, y esto mismo es la preocupación del archivo, una fecha: ese <em>«Bloc mágico»</em>, ese modelo <em>exterior,</em> por tanto, de archivo, del aparato <em>psíquico</em> de registro y de memorización, no sólo integra los conceptos inaugurales del psicoanálisis desde el <em>Proyecto </em>hasta los artículos de la <em>Metapsicologia,</em> pasando por la <em>Traumdeutung,</em> en particular todos los que conciernen, por ejemplo, a la represión, la censura, el registro <em>(Niederschrift)</em> en los dos sistemas ICS y PCS, a los tres puntos de vista tópico, dinámico y económico. Teniendo en cuenta la multiplicidad de lugares <em>en</em> el aparato psíquico, el <em>«Bloc mágico»</em> integra asimismo, dentro de la propia <em>psyché,</em> la necesidad de un cierto afuera, de ciertas fronteras entre el adentro y el afuera. Y con este <em>afuera doméstico,</em> es decir, con la hipótesis de un soporte, de una superficie o de un espacio <em>internos</em> sin los que no hay ni consignación, registro o impresión, ni supresión, censura o represión, acoge la idea de un archivo psíquico distinto de la memoria espontánea, de una <em>hypómnesis</em> distinta de la <em>mnéme</em> y de la <em>anámnesis:</em> la institución, en suma, de una <em>prótesis del adentro</em>. Decimos «institución» (se podría decir «erección») para señalar, desde el umbral originario de esta prótesis, una ruptura asimismo absolutamente originaria con la naturaleza. La teoría del psicoanálisis se transforma entonces en una teoría del archivo y no solamente en una teoría de la memoria. Lo que no le impide al discurso freudiano seguir siendo heterogéneo, como he intentado mostrarlo en <em>Freud y la escena de la escritura:</em> un motivo antagonista y tradicional continúa oponiéndole una metafísica a la consecuencia rigurosa de esta protética, a saber, de una lógica de la hipomnesis.</p>
<p>El modelo de este singular <em>«Bloc mágico»</em> incorpora también lo que habrá parecido contradecir, bajo la forma de una pulsión de destrucción, la propia pulsión de conservación, que podríamos asimismo denominar la <em>pulsión de archivo.</em> Esto es lo que llamábamos hace poco, habida cuenta de esta contradicción interna, el <em>mal de archivo.</em> Ciertamente no habría deseo de archivo sin la finitud radical, sin la posibilidad de un olvido que no se limita a la represión. Sobre todo, y he aquí lo más grave, más allá o más acá de ese simple límite que se llama finidad o finitud, no habría mal de archivo sin la amenaza de esa pulsión de muerte, de agresión y de destrucción. Ahora bien, esta amenaza es <em>infinita,</em> arrastra la lógica de la finitud y los simples límites fácticos, la estética trascendental, se podría decir, las condiciones espaciotemporales de la conservación. Digamos más bien que abusa de ellos. Un abuso así abre la dimensión ético-política del problema. No hay un mal de archivo, un límite o un sufrimiento de la memoria entre otros: al implicar lo in-finito, el mal de archivo está rozando el mal radical.</p>
<p><strong>Nota </strong></p>
<p>1. Este fragmento corresponde al 2º del &#8220;Exergo&#8221; de <em>Mal de Archivo. Una impresión freudiana,</em> ed. Trotta, Madrid, 1977, pp. 23 &#8211; 27.</td>
</tr>
</table>
<br /><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/categories/vidoc.wordpress.com/38/" /> <img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/tags/vidoc.wordpress.com/38/" /> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gocomments/vidoc.wordpress.com/38/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/comments/vidoc.wordpress.com/38/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godelicious/vidoc.wordpress.com/38/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/delicious/vidoc.wordpress.com/38/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gofacebook/vidoc.wordpress.com/38/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/facebook/vidoc.wordpress.com/38/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gotwitter/vidoc.wordpress.com/38/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/twitter/vidoc.wordpress.com/38/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gostumble/vidoc.wordpress.com/38/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/stumble/vidoc.wordpress.com/38/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godigg/vidoc.wordpress.com/38/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/digg/vidoc.wordpress.com/38/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/goreddit/vidoc.wordpress.com/38/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/reddit/vidoc.wordpress.com/38/" /></a> <img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=vidoc.wordpress.com&amp;blog=1777301&amp;post=38&amp;subd=vidoc&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></content:encoded>
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		<item>
		<title>Nuevos soportes tecnológicos, nuevas formas artísticas</title>
		<link>http://vidoc.wordpress.com/2007/09/30/nuevos-soportes-tecnologicos-nuevas-formas-artisticas/</link>
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		<pubDate>Sun, 30 Sep 2007 13:06:05 +0000</pubDate>
		<dc:creator>vidoc</dc:creator>
				<category><![CDATA[General]]></category>

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		<description><![CDATA[Nuevos soportes tecnológicos, nuevas formas artísticas.  (Cuando las cosas devienen formas). José Luis Brea &#8220;El sentimiento más profundo de las formas consiste en esto: conducir al momento de un gran silencio, y dar al abigarramiento sin objetivos de la vida una forma tal como si sólo corriera a la búsqueda de esos instantes. Las obras [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=vidoc.wordpress.com&amp;blog=1777301&amp;post=37&amp;subd=vidoc&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<table border="0" cellpadding="0" cellspacing="0" width="90%">
<tr>
<td bgcolor="#006499">
<p class="titulo"><strong>Nuevos soportes tecnológicos, nuevas formas artísticas. </strong> (Cuando las cosas devienen formas).</p>
</td>
</tr>
<tr>
<td>
<p class="autor">José Luis Brea</p>
</td>
</tr>
<tr>
<td>
<ul>
<font size="-1">&#8220;El sentimiento más profundo de las formas consiste en esto: conducir al momento de un gran silencio, y dar al abigarramiento sin objetivos de la vida una forma tal como si sólo corriera a la búsqueda de esos instantes. Las obras escritas son diferentes sólo porque es posible atisbar la cumbre por muchos caminos ascendentes. Una pregunta, y en torno suyo la vida. Una pregunta, y en torno suyo y detrás el rumor, el ruido, &#8230; eso es la forma&#8221; </font></p>
<p align="right">
<dd> <font size="-1">G. Lukács, <em>Carta a Leo Poper.</em> </font></dd>
</p>
<dd> <font size="-1">&#8220;La anarquía es la bomba o la comprensión de la técnica&#8221; </font></dd>
<p align="right">
<dd> <font size="-1">G. Deleuze, <em>Crítica y clínica.</em></font></dd>
</p>
<dd> <font size="-1">&#8220;El momento decisivo en el destino del crítico es cuando las cosas devienen formas; el instante en que todos los sentimientos y todas las vivencias, situadas más acá y más allá de la forma, obtienen una en la que decirse y condensarse. Es el instante místico de la unión de lo interno y lo externo, del alma y la forma&#8221;. </font></dd>
<p align="right">
<dd> <font size="-1">G. Lukács, <em>Carta a Leo Poper.</em> </font></dd>
</p>
<dd> <font size="-1">&#8220;La forma de la vida no es más abstracta que la de un poema &#8230;&#8221; </font></dd>
<p align="right">
<dd> <font size="-1">G. Lukács, <em>Ibidem</em>. </font></dd>
</p>
</ul>
<dd> Lo técnico es determinación, destino. Es la forma en que un pensamiento anónimo, la consecuencia de un cálculo callado que suma la totalidad de lo existente tal y como existe, decide en lo abstracto cada parte y lugar, cada escenario posible, de la vida de los hombres. </dd>
<dd> Es la expresión objetivada del espíritu -a cada época. Lo que en ella configura a la tierra, para el hombre, como mundo, como sistema, como globalidad que -en una inversión fractal- dispone el destino de sus fragmentos, repitiendo en ellos el mensaje genérico que cada parte envía -y el feedback que de ellas recibe- a todas las otras. </dd>
<dd> La imposición de lo técnico es entonces resultado -de una cierta &#8220;ingeniería genética&#8221;. Lo técnico es el lenguaje de la globalidad -que cada parte habla, es forzada a hablar. Como una especie de clon fractal -cada parte no sólo proyecta su forma hacia lo total a lo que pertenece, sino que recibe simultáneamente su instrucción de éste. </dd>
<dd> El carácter de esta &#8220;instrucción&#8221; es, en efecto, lo técnico. </dd>
<dd> Pero lo técnico es a la vez lugar de alumbramiento. Eso significa que la &#8220;instrucción de código&#8221; que las partes se reenvían mutuamente no configura un sistema estable y cumplido, sino una ecuación abierta, irresuelta. Un equilibrio inestable y en evolución -que impele al sistema a la búsqueda de su &#8220;dirección de reposo&#8221;. Lo técnico no es sólo el modo en que un argumento de necesidad se impone al mundo -como territorialización humana del darse del ser- sino también la grieta por la que lo indeterminado se expresa, el horizonte de una libertad inexcusable que en todo momento compete al hombre resolver. El pensamiento brega con esa indeterminación para decidirla conforme a un proyecto -a una intención que entrega su idea al quehacer de lo técnico. </dd>
<dd> Lo técnico es el dominio del hacer, a través del que la mano del hombre realiza en el mundo al pensamiento -como alumbrarse de lo posible allí donde la ecuación de conjunto del sistema global de las relaciones permanece irrevocablemente indecidido, inestable. </dd>
<dd> Forma es el modo en que esa ecuación compleja de la relación global de las partes se expresa -descendiendo de lo abstracto hacia la productividad del sentido- en tanto ecuación irresuelta, en tanto manifestación de lo inestable que caracteriza al sumatorio infinito de todas las partes de cada complejo, de cada sistema en sí mismo considerado. </dd>
<dd> Una forma artística nace siempre que lo irresuelto de la compleja ecuación abstracta que define un estado epocal del mundo se manifiesta -de otra forma que como silencio. </dd>
<dd> Es -dicho de otra manera- el silencio que produce la algarabía atronadora de un momento epocal del espíritu, revelando la tensión de constelación del sistema en toda su complejidad -tal y como ésta se manifiesta en el orden desgarrado e irresoluble de un alma individual. </dd>
<dd> No todo desarrollo técnico, por lo tanto, da lugar a una forma artística. </dd>
<dd> Pero toda forma artística nace irreversiblemente ligada a un desarrollo de lo técnico, a un estado epocal del mundo, del darse del ser como espíritu, como constelación o sistema de las partes. </dd>
<dd> Cada forma artística pertenece -por tanto- a un mundo, a un momento tensional del espíritu. Puede entonces darse una coexistencia de varias formas artísticas que expresen adecuadamente un mundo -pero resulta inadecuado pensar que toda forma artística posea la potencia de expresar en toda su complejidad a un momento cualquiera del espíritu. </dd>
<dd> Sólo aquella -o aquellas- que por contraste desocultan las articulaciones de la forma dominante de su darse en un tiempo poseen la capacidad de no sólo expresar el &#8220;abigarramiento&#8221; de la totalidad de las relaciones de cada parte al todo (el &#8220;código&#8221; de la época, el ordenamiento de su universo simbólico), sino también la de entregarse al silencio que su insuficiencia abre. Instalada en él, la forma artística -que es genuinamente de su tiempo- permite atisbar en un tiempo inmediato y no determinado, de cuya anticipación ella se hace no sólo profecía -sino también poesía, auténtico principio de <em>producción,</em> anticipación. </dd>
<dd> Es esto lo que un pensamiento -no técnico- de lo técnico, como <em>poiesis</em>, como principio genuiamente productivo, significa. </dd>
<dd> El contenido mismo de la forma artística -y valga el oxímoron- no puede entonces ser otro que el desocultamiento de las estructuras mismas de la representación, bajo cuya prefiguración se fija el ordenamiento simbólico que es propio de un mundo. </dd>
<dd> Este desocultamiento de las estructuras de la representación -que expresa la constelación epocal en que se manifiesta cada momento del darse del espíritu en el tiempo- se dice por referencia principal a tres cuestiones básicas: el fundamento de la estructura de una &#8220;comunidad&#8221; dada, el principio de inscripción en ella del registro de la experiencia individual, y la modulación de sus potenciales de experimentar el pasaje del tiempo -por supuesto y siempre en relación a las posibilidades dadas de producir sentido. </dd>
<dd> Por ello, puede decirse que una forma artística sólo nace cuando o las relaciones estructurales de una forma de darse lo comunitario, o lo individual en relación a ello, o las posibilidades de experimentar el existir de todo ello en el tiempo, se ven alteradas. </dd>
<dd> Ni que decirse tiene que cuando ello ocurre, las posibilidades de producir sentido -las estructuras mismas de la representación que organizan el dominio de lo simbólico- se transforman profundamente. </dd>
<dd> La forma artística nace por la necesidad y la angustia de anticiparse a ese &#8220;gran cambio&#8221;. </dd>
<dd> Sujeto, comunidad y experiencia de lo temporal: he aquí los &#8220;contenidos&#8221; en cuanto a los que la forma artística debe desvelar las estructuras de la representación, los mecanismos de la producción del sentido. </dd>
<dd> Si, como asegurara Benjamin, éste se encuentra siempre en proporción directa a la presencia de la muerte, bien podría entonces resumirse la tríada en una ecuación única. Una forma artística es la expresión de lo que a un sujeto le es dado esperar en relación a su existencia individual -como miembro de una comunidad instituida. </dd>
<dd> La &#8220;forma artística&#8221; como genuino documento constitucional -de cualquier comunidad de espíritu. Como tensión capaz de arbitrar en el desgarro de cada hombre con su tiempo, como relato de aquello que, en tanto incolmados en nuestro infinito anhelar, nos une. </dd>
<dd> Una forma artística no nace, entonces, por la mera aparición de un desarrollo técnico -sino sólo cuando los desplazamientos que tales desarrollos de lo técnico en el mundo determinan transformaciones profundas que afectan a la forma en que los sujetos experimentan su propio existir individual tanto en relación a la comunidad de la que forman parte como a su propio darse en lo temporal. Cuando ello ocurre, la necesidad colectiva de darse el relato que pueda dar cuenta de tales desplazamientos (y la insuficiencia que para pensarlos afecta a las formas preexistentes) presiona a favor de su aparición. </dd>
<dd> Pero éste es un proceso necesariamente lento. </dd>
<dd> No debería ofender a nadie que por tanto se dijera que ha pasado mucho tiempo antes de que la aparición de la técnica fotográfica -haya dado vida a una nueva forma artística. Que, muy posiblemente, el cine no lo ha conseguido todavía. Que el video -si es que llega alguna vez a lograr que su diferencial técnico con el cine llegue a también expresar un diferencial lingüístico- no llegará probablemente a hacerlo nunca (el así llamado videoarte es un subgénero subsidiario de otros: la performace, la instalación, &#8230;). Y que al desarrollo técnico de nuevas posibilidades de intercomunicación puesto por los desarrollos de la telemática le queda aún mucho antes de que pueda dar pie a algo que con sólido fundamento podamos describir como aparición de una nueva forma artística &#8230; </dd>
<dd> Y, sin embargo, tampoco debería sorprender a nadie que se dijera que en la constelación de todos esos hallazgos técnicos vibra por surgir -como en ningún otro lugar- la &#8220;forma artística&#8221; más propia de nuestro tiempo: aquella en que vendría a efectuarse -cuando las cosas devienen formas- &#8220;el instante en que todos los sentimientos y todas las vivencias, situadas más acá y más allá de la forma, obtengan una en la que decirse y condensarse&#8221;. El &#8220;instante místico de la unión de lo interno y lo externo, del alma y la forma&#8221;. </dd>
<dd> Una razón fundamental para ello. El que ha sido descrito como &#8220;total condicionamiento de las formas de la experiencia contemporánea por el media audiovisual&#8221;. </dd>
<dd> Podrían darse otras muchas, seguramente -pero ésta, por sí misma, es la <em>razón suficiente</em>. </dd>
<dd> Un rasgo caracteriza a todas las formas de darse lo artístico -en el orden de la visualidad, de lo plástico- previas al desarrollo de esa constelación de hallazgos técnicos. A saber: el renunciar a desarrollarse en el tiempo, como duración, como algo que se diferencia de sí en el discurrir de lo temporal, sancionando la absoluta estaticidad del dominio de la representación. Ella es expresión de un <em>&#8220;désir de durer&#8221;</em> que sacrifica su darse como genuina temporalidad a único darse como identidad, como inmóvil mismidad a sí. </dd>
<dd> Bajo la prefiguración de ese paradigma de la representación, ni en el cine ni en la televisión -que &#8220;duran&#8221; en el tiempo- podía entonces desarrollarse una forma genuinamente artística de lo visual. El espectador de lo plástico todavía espera de su objeto estaticidad, inmovilidad, instantaneidad definitiva -y quizás eterna. </dd>
<dd> He aquí una buena razón para explicar por qué no se mira, en una videoinstalación o en una &#8220;cineinstalación&#8221;, lo que ocurre en la pantalla más allá de unos pocos segundos -y también para explicar por qué una obra de arte puede ser contemplada una infinidad de veces, y durante tiempo ilimitado -mientras que incluso la mejor película se vuelve insoportable tras dos (tres, cuatro, &#8230; diez) visionados. </dd>
<dd> Pero también hay en ello una razón para esforzarse en mirar en esa pantalla -una película se vuelve obra de arte (y el mejor cine hecho por artistas auténticos, como Warhol, sabe muy bien de esto) sólo cuando nos obliga y vuelve capaces de atravesar la frontera de su extremo tedio. Cuando mirarla un instante o un tiempo eterno revelan lo mismo. </dd>
<dd> Justo allí puede lograr la imagen tecnológica hacer comparecer una genuina imagen-movimiento, hacer aflorar el tiempo-imagen. En ello se expresaría con toda su potencia la insuficiencia del dominante pensamiento de la representación regulado únicamente por los mecanismos de la identidad, por la estaticidad, manifestando su inhabilidad para recoger bajo ese régimen el <em>diferir de la diferencia.</em> </dd>
<dd> La capacidad de hacerlo -en el orden justamente de la imagen-movimiento- es la que carga de unos potenciales imponderables a toda la constelación de producciones artísticas que explora la virtualidad expresiva del nuevo dominio de la &#8220;imagen tecnológica&#8221;. </dd>
<dd> Todas las tentativas que en el contexto de la imagen plástica han explorado la posibilidad de representar en su diamicidad este potencial de la imagen-tiempo, de la imagen-movimiento -han fracasado al hacerlo. Desde el cubismo hasta el futurismo, desde el accionismo hasta la propia <em>performance,</em> el tiempo interno de la imagen visual es siempre el tiempo de la representación: y este es un tiempo congelado, un tiempo único. </dd>
<dd> Por el contrario, y en ello reside el primer potencial que legitima pensar en la aparición en su contexto de una forma artística genuinamente nueva, en la imagen tecnológica este tiempo interno se presenta como un tiempo expandido, cinemático. Un tiempo no único, sino extendido, movedizo: un tiempo-imagen que concibe a la propia imagen como imagen-movimiento. </dd>
<dd> Esto es cierto incluso para la fotografía. Si la instantánea es el hallazgo que hace de la fotografía un instrumento subsidiario del modelo representacional (estatizado), es el descubrimiento de un tiempo expandido interno en ella el que permite -y obliga- a leerla como narración, como relato desplegado en un tiempo desplazado, dado como en movimiento. </dd>
<dd> Esa virtualidad pertenece a lo que ha sido descrito como el inconsciente óptico de la fotografía -el dispositivo que permite al tiempo de la obturación desarrollarse y recorrerse como tiempo expandido, no instantáneo. De Muybridge a Jeff Wall, este expandido &#8220;tiempo interno&#8221; de la fotografía capacita a la imagen técnica para albergar narración, ficción, en su propia superficie significante: para ostentar dinamicidad cinemática en su misma presentación estática. </dd>
<dd> Innecesario decir que esta virtualidad cinemática de la fotografía se ha hecho más nítidamente manifiesta tan pronto como el tratamiento digitalizado de la imagen -a partir de la computerización de la fotografía- ha cobrado carta de naturaleza. Pero ese &#8220;tiempo expandido&#8221; que el ordenador, como segundo obturador, incorpora a la imagen -no hace sino venir a corroborar un potencial que virtualmente pertenecía ya a la esencia misma de la técnica de captura fotográfica de la imagen. </dd>
<dd> A partir de ello, en todo caso, esa condición de soporte narrativo -cinematografizado- del medio fotográfico se convierte en el gesto reconocible -que podría permitir precisamente el desarrollo en su medio de una nueva &#8220;forma artística&#8221;. La epifanía definitiva de ésta, en cualquier caso, nos habrá de venir de la mano de &#8220;artistas&#8221; -nunca de fotógrafos. Wall, Coleman, Graham, &#8230; </dd>
<dd> Contra lo que pudiera parecer, los medios propiamente cinemáticos de tratamiento y presentación de imagen -cine y video- no sólo no poseen ventajas efectivas respecto al potencial de aparición de (por relación a la epifanía de una auténtica imagen-movimiento) una nueva forma artística en el entorno de la imagen tecnológica -sino incluso al contrario, profundas desventajas. </dd>
<dd> Para empezar, ellos son medios &#8220;falsamente cinemáticos&#8221; -en realidad en ellos no comparece sino una sucesión de imágenes estáticas. Justamente el efecto de dinamicidad que producen distrae respecto a la percepción de ese microtiempo interno que vibra como virtualidad dinámica en el dominio de la imagen tecnológica. Ellos entonces no sólo no atentan contra la estructuración &#8220;estática&#8221; del orden de la representación, sino que precisamente la corroboran. </dd>
<dd> Cuando el espectador se acerca a la imagen visual limitando su tiempo de observación evidencia la expectativa que verdaderamente le cautiva: percibir el tiempo interno de la imagen -la imagen-movimiento en que se expresa el diferir de la diferencia, pero que ella no resulte de un puro efecto externo de dinamicidad. </dd>
<dd> La segunda desventaja de los medios dinámicos de tratamiento y presentación de la imagen se refiere a su &#8220;mobiliario&#8221; -y a través de ese &#8220;mobiliario&#8221; a la relación que les es dado establecer entre dominio de la representación y la propia esfera de lo real. </dd>
<dd> La condición a través de la que la imagen plástica se postula en el orden de lo simbólico atraviesa su segregación del dominio de lo real. La merma de una dimensión -su devenir bidimensional, planitud abstracta- es en ese sentido básica, pero más básico aún es la interposición de lo que ha sido llamado un &#8220;dispositivo de discontinuidad&#8221; (Moraza). Ya el marco, ya el pedestal -y cualquiera sea su &#8220;espesor&#8221; físico- ese distanciarse de lo real que producen los dispositivos de discontinuidad es condición de posibilidad del asentamiento de la imagen en un orden abstracto, simbólico. </dd>
<dd> El problema con los medios de reproducción técnica de imagen en movimiento, cinemática, es que no logran efectuar este distanciamiento de lo real que les capacite para constituirse en el orden de lo simbólico. </dd>
<dd> En el caso del cine, el único dispositivo de discontinuidad posible -y es un recurso de utilización muy limitada en el orden de la plástica: donde lo que interesa es su irrupción separada en el orden de lo real- es la &#8220;oscurización&#8221; de la sala. Pero ella entonces ignora lo real, produce en ello una especie de &#8220;cueva&#8221; psíquica. </dd>
<dd> En el caso de la televisión, todavía es peor. Ella se produce en una pantalla -pero esta pantalla, visible bajo condiciones de diurnidad plausible, viene envuelta en un &#8220;mueble&#8221; perfectamente integrado en el orden de lo cotidiano. Por culpa de ello -el video está seriamente depotenciado para segregarse del puro orden de realidad, y lograr así efectuarse en el dominio de lo simbólico. </dd>
<dd> No hay la merma de una dimensión -profundidad- que permitiría a algo real ser reconocido como mistéricamente perteneciente a otro orden, a otro registro. </dd>
<dd> No resulta insensato pensar entonces que sólo cuando la optimización de estos recursos técnicos les permitan resolver estas deficiencias estructurales podría tener lugar en su entorno el advenimiento de una genuina nueva &#8220;forma artística&#8221;. </dd>
<dd> Especulemos con la posibilidad de que ello está en trance de ocurrir. </dd>
<dd> Dos serán las condiciones. Una: un gran aumento de los índices de luminosidad de las proyecciones -de tal manera que el &#8220;enmarcado&#8221; de las imágenes no dependa de la oscurización completa, es decir de la negación del espacio real. Y dos, la posibilidad de hacer desaparecer definitivamente -de hacer invisibles- los aparatos de proyección. </dd>
<dd> Ese doble desvanecimiento (de la negra cueva psíquica del cine y del monitor videográfico, y por supuesto en ambos casos de los aparatosos proyectores o aún las pantallas) está permitiendo -en obras como por ejemplo las de Stan Douglas o Gary Hill- que a partir de su utilización se genere una genuinamente nueva forma artística. </dd>
<dd> En ella, la imagen comparece ostentando esa sobrecarga de potencialidad simbólica que le otorga el pertenecer a un dominio abstracto (por estar mermado de una dimensión), y no estrictamente real, -pero a la vez poder hacerlo en el pleno dominio de éste, logrando modular su presencia en él justamente por la eficacia de algún &#8220;dispositivo de discontinuidad&#8221; no rígido, sino poroso (el propio <em>frame</em> de la imagen proyectada). </dd>
<dd> La tecnología -en cuanto aplicada a la representación- pone las condiciones de posibilidad para el desarrollarse de una nueva forma artística -en tanto permite el manifestarse cumplido de una nueva relación del sujeto de conocimiento con la representación como tal. </dd>
<dd> Lo novedoso de la forma artística hecha posible por las nuevas tecnologías audiovisuales residiría, justamente, en el hecho de que haría posible una experiencia novedosa de la representación -pensada ésta no en términos de identidad, sino en términos de diferencia, de diferición. Ellas posibilitarían en efecto la aparición de un pensamiento-imagen caracterizado como representación-evento, que permitiría, por primera vez en la historia de la humanidad, el desarrollo definitivo de un orden de la representación no estatizado, sino regulado por la eficacia de la nueva imagen-movimiento. </dd>
<dd> La potencia de trastorno de esta emergencia de un nuevo orden genérico de la representación -es incalculable. </dd>
<dd> El contenido mítico que habría de expresar la nueva forma artística emergente -en cuanto relato fundacional capaz de restituir la constelación cambiada de la nueva relación estructural de los sujetos de conocimiento con la representación- tendría su primera relación con la experiencia del tiempo que a éstos les sería dado reconocerse. </dd>
<dd> Sin lugar a dudas, ese es el primer contenido estructural que caracterizaría a los desarrollos de las nuevas formas narrativas -desplegadas a través de la eficacia de la imagen-movimiento. Una característica que no puede resumirse de forma simple en un mero dar testimonio de la fugacidad y efimeridad de los modos contemporáneos de la experiencia. </dd>
<dd> Más allá de ello, en efecto, el mito producido por las nuevas formas artísticas surgidas en el entorno de la imagen tecnológica -pensada como imagen-tiempo- habrá de narrar una transformación fundamental de la relación del sujeto con la representación. El sujeto no esperará de ella, para decirlo muy brevemente, promesa de duración, sino un mero acompasamiento a su darse como radical contingencia. </dd>
<dd> Si el paradigma de la representación se eleva bajo la expectativa -en última instancia cristiana, platónica- de una vida eterna, la emergencia de una nueva forma artística ligada al desarrollo de nuevas narrativas en el entorno de la imagen-tiempo habrá de venir en cambio a relatar la melancólica experiencia del no durar, del ser contingente y efímero del sujeto. </dd>
<dd> Las nuevas narrativas tendrían entonces que darse por misión última el desmantelamiento final de los residuos de una forma religiosa de pensar la representación. Habrán de ser profundamente nihilistas -es decir, radicalmente ateas, antirreligiosas. </dd>
<dd> Como consecuentemente es obvio, el segundo aspecto frente al que esta emergencia de nuevas formas artísticas habrá de desarrollar niveles profundos de contenido -habría de ser inevitablemente referido a la experiencia del estatuto de la propia (in)consistencia de los sujetos de experiencia. </dd>
<dd> Si en un régimen de la representación regulado por el orden de la identidad la autopercepción del yo podía todavía resolverse en la ilusión trascendental del sujeto moderno -en el nuevo paradigma de la imagen-tiempo la desregulación de la subjetividad bajo las puras figuras de la diferencia habrá de impulsar narraciones que sólo podrán en cambio dar cuenta de la inconsistencia esencial del yo. De tal manera que en el orden de las nuevas mitologías, la subjetividad no se expresaría sino como un principio movedizo y acéntrico, que únicamente tendría lugar en el diferirse de la diferencia. </dd>
<dd> En ello, toda nueva narrativa se habría de dar por finalidad el relatarle al sujeto de conocimiento en qué consistiría su ser como tal sujeto. Es en efecto el difícil narrarle su propia (in)consistencia -una que se expresa como pura diferencia, y no como identidad- el que habrá de constituirse en objeto último de las nuevas narrativas. </dd>
<dd> Ello hace una vez más inevitable que éstas se desarrollen en un plano radicalmente melancólico -pues no han de venir a relatar la consistencia del sujeto en su condición de identidad. Sino al contrario su vida desvaneciente posicionada en el puro <em>diferirse de la diferencia</em>. </dd>
<dd> Finalmente, el tercer nivel en el que a la emergencia de una nueva forma artística le corresponderá desarrollar su dimensión mito-narrativa se refiere justamente al constituirse de la experiencia de la subjetividad en el orden de lo colectivo, en el orden de la comunidad. Correlativo al darse de la experiencia de lo temporal como experiencia de un tiempo fugaz y efímero, y al de la del sujeto como contingencia y desplazamiento en los juegos del diferirse de la diferencia, la expresión de la <em>comunidad que viene</em> como no regulada por efectos de identidad -ni étnica, ni religiosa, ni cultural, ni por supuesto &#8220;nacional&#8221; o estatal- sino por efectos estratégicos de coincidencia puntual y movediza -constituye justamente la dimensión política de la tarea a realizar. </dd>
<dd> Como ha sido dicho, en ello consistiría la misión política de nuestra generación. </dd>
<dd> La autodefinición fundacional de esa &#8220;comunidad que viene&#8221;, como objeto último y profundo del relato propio de la nueva forma artística emergente, sería el contenido que por excelencia tendría ella que hacer pensable. Sólo en su contexto, en efecto, podría manifestarse en toda su potencia la definición de una nueva forma de experimentar tanto la temporalidad como el propio ser del sujeto -en última instancia la respuesta a la pregunta de qué nos es dado esperar, como seres sometidos a la eventualidad de nuestra segura muerte individual. </dd>
<dd> Acaso a ese respecto la experiencia de comunidad constituida por el encuentro fortuito y puntual &#8220;en la red&#8221; -constituya una ocasión incomparable. Si esto es así, la proyección que sobre el conjunto de hallazgos que prefiguran la constelación formal de lo que hemos llamado la &#8220;imagen tecnológica&#8221; añade su disposición en la red (como forma de comunión iniciática de las nuevas formas de experiencia de la comunidad que viene) predispone una combinatoria óptima -de <em>condiciones de posibilidad</em>. </dd>
<dd> Que tal combinatoria óptima llegue además a verificarse como efectiva depende en todo caso de algo más. Están dados los desarrollos técnicos. Están dadas las nuevas formas de experencia que ellos inducen. Están también dadas ya, por tanto, las nuevas necesidades expresivas, que querrían dar cuenta de tales nuevas formas de la experiencia. En lo que los hallazgos técnicos representan además posibilidades formales de vehicular esas nuevas necesidades expresivas, están dados por añadidura los soportes tecnológicos que podrían ver nacer las nuevas formas artísticas. </dd>
<dd> Pero todo ello, ciertamente, no basta -aún con sentar la constelación de condiciones suficientes para que ellas aparezcan. </dd>
<dd> Acaso, de cualquier manera, sea preciso esperar algún tiempo antes de que el complejo &#8220;abigarramiento sin objetivos de la vida&#8221;, tal y como ella hoy se nos ofrece, pueda desembocar en ese momento de límpido silencio &#8220;en que todos los sentimientos y todas las vivencias, situadas más acá y más allá de la forma, obtienen una en la que decirse y condensarse&#8221;. </dd>
<dd> Acaso algún tiempo todavía para ver realizarse esa intuición magnífica que se condensaría en una obra capaz de retener ese &#8220;instante místico de la unión de lo interno y lo externo, del alma y la forma&#8221;. Esa intuición y ese instante en que la vida de los hombres alcance a pensarse por encima de sí misma, de lo que en ella está dado y condiciona, de lo que en ella es determinación. </dd>
<p>Sin duda en él podría definitivamente germinar eso que legítimamente podríamos llamar una nueva &#8220;forma artística&#8221;. O también, y por qué definitivamente no, la efectiva y plena epifanía del genuino sentido de lo técnico -en nuestro tiempo, este tiempo de la <em>pecaminosidad consumada, </em>este tiempo del rebasamiento de la metafísica, o de la realización de su cumplimiento en lo tecnológico.</td>
</tr>
</table>
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		<title>El Museo contemporaneo y la esfera pública</title>
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		<pubDate>Sun, 30 Sep 2007 13:04:26 +0000</pubDate>
		<dc:creator>vidoc</dc:creator>
				<category><![CDATA[artículos]]></category>

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		<description><![CDATA[El museo contemporáneo y la esfera pública José Luis Brea Libertad, igualdad, fraternidad. Este triple canto ordenó una cierta agitación ciudadana, una efervescencia callejera que cambió radicalmente nuestro mundo. Por debajo de su proclama latía mucho, toda una forma diversa de comprender la existencia humana, lo social, la misma concepción moral del existir del hombre [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=vidoc.wordpress.com&amp;blog=1777301&amp;post=36&amp;subd=vidoc&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<table border="0" cellpadding="0" cellspacing="0" width="90%">
<tr>
<td bgcolor="#006499">
<p class="titulo"> <strong>  El museo contemporáneo y la esfera pública  </strong></p>
</td>
</tr>
<tr>
<td>
<p class="autor">  José Luis Brea</p>
</td>
</tr>
<tr>
<td>Libertad, igualdad, fraternidad. Este triple canto ordenó una cierta agitación ciudadana, una efervescencia callejera que cambió radicalmente nuestro mundo. Por debajo de su proclama latía mucho, toda una forma diversa de comprender la existencia humana, lo social, la misma concepción moral del existir del hombre en la tierra, eso que haciendo todavía un homenaje desde lejos a Hannah Arendt podemos llamar &#8220;la condición humana&#8221;. Lo que allí emergía poseía un alcance entonces todavía difícil de interpretar, y en cierta forma no puede dejar de resultarnos misterioso que esa proclama compartida, encendida como una chispa de complicidad prendida simultáneamente en una gran multitud de los espíritus, nos interpele tanto todavía. Tanto, que no estaría demasiado errado el punto de vista que sostuviera que todo el tiempo histórico venido después, después de aquel encendido canto, ha tenido más que nada como sentido y encargo -el de interpretar el significado, o si queréis el de dárselo en los hechos, de aquellas tres proclamas. Libertad, igualdad, fraternidad.Quiero con esto decir que nuestro tiempo, aunque tan alejado en apariencia de la tensión histórica que diera vida a aquella proclama, bebe todavía el mismo reto, que es un reto no resuelto. Como ha escrito Charles Taylor, en Fuentes del yo, &#8220;aún está por entender la insólita combinación de grandeza y peligro, de grandeur et misére, que caracteriza a la edad moderna. Percibir plenamente la complejidad y la riqueza de la edad moderna es percibir hasta qué punto estamos todavía inmersos en ella, pese a todos los intentos de rechazarla&#8221;.</p>
<p>Si el punto de vista defendido por Taylor es cierto, y yo lo comparto en buena medida, toda la construcción de la identidad moderna, del yo en ella, depende de la posibilidad de definir al sujeto en un orden moral, de responsabilidad sobre la propia acción pública. Eso significa que toda la contemporánea tendencia a afirmar los poderes y derechos del yo, de la interioridad, la privacidad o la intimidad, fracasaría siempre si quisiera ignorar esta dimensión moral que se proyecta en el escenario de lo público, sobre la que se basa y estructura toda la construcción del yo moderno. Dicho de otra manera, y vamos entrando en materia: que para la modernidad -y para nosotros mismos, habitantes de su legado- el ámbito del yo y la privacidad es un constructo dependiente de la esfera de la acción práctica prioritariamente, y por serlo así viene obligadamente sometida a su dialéctica con la esfera de lo colectivo, de lo público, de lo social. Dicho de otra forma, todavía: todo aquello que podríamos llamar, tomando ahora la expresión de Giddens, &#8220;las transformaciones de la intimidad&#8221;, debe necesariamente contemplarse en el contexto de las propias transformaciones de lo público características de las sociedades actuales -ya que cualquier especulación acerca de la consistencia constitutiva del yo pasa por el reconocimiento de su ubicación en el espacio de lo público, de la ciudad. Esto es, y si me permitís que resuma ahora en un pequeño epigrama, que en la modernidad la la construcción del yo, de la identidad, se cumple en un orden primordialmente político (también en el sentido en que polis es la ciudad, el territorio de los “varios”, de los “múltiples”), y que cualesquiera estructuras de la intimidad o de la privacidad poseen necesariamente su proyección en el dominio de lo público, y que es la dialéctica problemática que se establece entre ambas esferas la que alimenta de complejidad la misma realizabilidad de aquella triple y encendida proclama: &#8220;libertad, igualdad, fraternidad&#8221;.</p>
<p>Me gustaría que se retuviera esta sugerencia -e incluso que se la reconociera en la órbita del trabajo que a mi modo de ver ha llevado más lejos en su radicalidad la reflexión política sobre el sentido del capitalismo en las sociedades actuales. Me refiero al Antiedipo de Deleuze y Guattari, publicado hace ahora ya 30 años, y a su puesta en evidencia de cómo un modo de construcción de la subjetividad es por entero dependiente (por serlo de ordenamiento específico del espacio de la representación), de la hegemonía de un modelo históricamente determinado -y despótico por cierto- de organización social y política del mundo: el modo del capitalismo. Bajo ese punto de vista, la producción experimental del yo y los dominios de la identidad y el sujeto pueden pasar a incluso ser concebidos como trabajos de intervención radical, y el desarrollo de &#8220;estrategias de la intimidad&#8221;, o de agenciamientos experimentales en el orden de la gestión del deseo y sus figuras, se despliega en un campo politizado de trabajo revolucionario, capaz además de proyectar su eficacia transformadora a toda la esfera de lo social mismo.</p>
<p> # Se ha dicho que el conflicto político esencial de lo moderno es irresoluble porque los objetivos de libertad e igualdad (o libertad y justicia) son incomponibles. Esta es una idea casi generalizada en el universo de la filosofía moral y política contemporánea, y la resolución que unos u otros pensadores proponen suele atravesar la priorización de una u otra idea reguladora, en detrimento de la segunda. Si hablamos de pensadores neoliberales, veremos cómo ponen el énfasis en una idea debilitada de libertad, poco menos que identificada con la mera libertad de actuación en el ámbito de las relaciones económicas, y en que el pluralismo de las visiones del mundo y las ideas del bien no es superable, por lo que no cabe pensar ninguna conceptualización de una idea de justicia o del bien común que no sea puramente procedimental -esto es, limitada a la mera moderación regulativa del conflicto de los intereses.Si hablamos en cambio de los pensadores comunitaristas, lo que parece inadecuado es considerar como punto de partida la afirmación de la irreductible libertad del individuo, toda vez que pensar a éste fuera de su posición en un contexto comunitario dado significa desconocer la verdadera condición del yo, impensable fuera de su posicionalidad en el seno de una comunidad, compartiendo sus creencias, sus relatos constituyentes y los hábitos de comportamiento regulados por ellos. Aquí una idea de la justicia ya no meramente procedimental es pensable, desde la defensa revisada de un posible socialismo radical, cuya realizabilidad no se concibe en los términos de ningún esencialismo histórico, sino como resultado de la elección de una opción plausible a partir de la mera radicalización del mismo proyecto democrático. La toma de partido a favor de constituirla en hegemónica no atraviesa entonces y nunca la suspensión del diálogo público o el conflicto de las interpretaciones sino que justamente al contrario depende de la radical multiplicación de los escenarios del diálogo público -o lo que es lo mismo, de la producción activista de lo público como dominio políticamente activo.</p>
<p>Sea como sea, parece que inevitablemente aflora en este debate sordo entre distintas concepciones políticas el eco de un clásico conflicto de las esferas: la de lo público y la de lo privado. Un conflicto larvado en todo el despliegue del mismo proyecto moderno, que acaso tenga el misterio de su resolución justamente en la tercera de las voces, la de fraternidad.</p>
<p>¿Qué podría ella -la idea de fraternidad- significar hoy, todavía? Puede que todo el misterio del engranamiento no resuelto entre lo público y lo privado, e incluso entre los ideales de libertad y justicia -resida justamente aquí, en esta necesidad de repensar y dar sentido (y resolver entonces en los propios hechos) la misma idea de fraternidad.</p>
<p>Una idea que sin duda concierne de modo muy específico a la esfera de la experiencia estética -pues es en ella donde se despositaba el contenido mismo del sentimiento de gregariedad, de comunidad. Su dimensionamiento antropológico, allí donde un concepto meramente instrumental de la idea de razón especulativa como garante de la capacidad de juzgar coincidentemente era trascendido. La experiencia, en efecto, de la coincidencia no condicionada en el juicio de gusto -era en última instancia el argumento máximo de reconocimiento de hermandad de la especie humana que los ilustrados podían imaginar. Y por ende esa experiencia de hermandad antropológica -sobre la que se apoyan tanto todas las estéticas de la catharsis como las estéticas de la solidaridad al estilo de la rortyana- esa experiencia de hermandad se afirmaba como principal motivo de la fruición estética. Dicho de otra forma: el origen del placer estético no era puesto por ninguna experiencia sensorialista del objeto como tal: sino por la experiencia de reconocimiento de una semejanza estructural con los otros sujetos  en la coincidencia incondicionada en el juicio de gusto, en la valoración del objeto y en la misma experiencia, nombrada como tal con acuerdo unánime, de la belleza.</p>
<p>Resulta evidente que ese sueño de universalidad hermanada de la especie humana en el juicio de gusto es un sueño roto, cuyo etnocentrismo en torno a unos imaginarios compartidos por la organización específica e históricamente determinada de una hegemonía cultural ha sido ya puesto en evidencia, por lo que la pregunta que ahora se alza es desde dónde, y cómo, restaurar el &#8220;efecto de hermandad&#8221;, la experiencia de fraternidad, de comunidad.</p>
<p>Quizás es de ella de lo que habla Agamben, cuando en ese hermoso libro que es &#8220;La Comunidad que viene&#8221;, quizás el más enigmático ensayo en su exquisita brevedad de los que están brillando en este final de milenio, cuando en ese hermoso libro sugiere:</p>
<p>&#8220;seleccionar en la nueva humanidad planetaria aquellos caracteres que permitan su supervivencia, remover el diafragma sutil que separa la mala publicidad mediática de la perfecta exterioridad que se comunica sólo a sí misma -ésa es la tarea política de nuestra generación&#8221;. Una tarea, nos atrevemos a añadir, que sin duda compromete de manera directa, y por las razones que ya hemos ido insinuando, a la misma esfera de la estética, de la experiencia artística. Una esfera estética, en todo caso, y por su parte, explícitamente politizada -obvio es decirlo.</p>
<p> #  La tensión dialéctica entre lo privado y lo público no ocupa un lugar marginal en el proyecto ilustrado, su discusión es central a toda la construcción de la visión moderna del mundo. La misma idea de una razón especulativa -lo que con Kant podríamos llamar una idea de la Razón pura- no es pensable al margen de la disposición de un mecanismo de &#8220;puesta en lo público&#8221;, en el escenario del contraste dialógico, de los propios juicios, de las propias opiniones. No es extraño que los intentos contemporáneos de reconstrucción de aquel sujeto trascendental kantiano se resuelvan siempre en la construcción especulativa de un ámbito público de intercambio del pensamiento, de la acción comunicativa: por ejemplo, en la idea de una razón pública de John Rawls o en la de una Comunidad de Comunicación en Habermas. El mismo carácter sintético de los juicios, y la naturaleza &#8220;convergente&#8221; de los procesos de la razón, permitía confiar en que de la confrontación de las opiniones (el kantiano público enunciarse del pensamiento) cabría esperar la obtención de un consenso superador. La confluencia entre el mecanismo cognoscitivo, productor de verdades científicas, teóricas digamos, y el mecanismo de construcción social, política, de la &#8220;verdad jurídica&#8221;, de la verdad práctica y moral, era requerido -y en ello precisamente se fundaba la presunción de una índole moral del sujeto, fluídamente habitante a la vez de su propio interior autónomo e incondicionado, de su propia &#8220;privacidad&#8221;, y de la polis, de la ciudad, de lo público.Todo la construcción histórica del estado de derecho y la democracia parlamentaria, como el instrumento capaz de garantizar que no se interrumpía ni lesionaba la libertad o autonomía de la voluntad individual por encadenarse al mandato de la ley promulgada por el derecho -si es que éste en efecto resultaba emanado de un proceso de acuerdo en lo público asistido potencialmente al menos por la totalidad de la ciudadanía-, dependía, y depende, precisamente de esta dialéctica. Podríamos incluso entender que toda la tradición hegeliano-marxista de la izquierda no hizo otra cosa que intentar extraer las consecuencias directas de esta fe ilustrada en el mecanismo de la puesta en público del propio pensamiento como mecanismo de construcción doblemente valiosa de verdad científica y valor moral. Toda vez que esa fe habría de necesariamente desembocar en una afirmación del carácter &#8220;trascendental&#8221; del espíritu, del carácter público del sujeto de la historia, y consiguientemente en la afirmación de la plena legitimidad de legislar la totalidad del universo de las relaciones políticas y económicas precisa y únicamente desde la consideración del interés común, público -incluso allí donde él llegara a suponer el rebasamiento o la denegación del privado.</p>
<p>Evidentemente fue ahí donde la dialéctica privado / público reveló, históricamente hablando, su carácter contradictoro -y fue Habermas quien en su análisis de la esfera de la publicidad burguesa puso esta contradicción en evidencia de manera más clara. Si la de lo público surge en la ilustración como esfera implícitamente impolítica -e incluso antipolítica, puesto que su misión era preservar la libertad de expresión pública del pensamiento contra el poder político, contra la ingerencia estatal- lo cierto es que su politización progresiva en los siglos XIX y XX, toma definitivamente cuerpo en un programa orientado precisamente a la construcción histórica de un sujeto colectivo de la Historia -que cuestiona y posterga los propios derechos del individuo, de la privacidad.</p>
<p>La reacción burguesa contra ese proceso evidencia que el carácter impolítico con el que surge la estructura de la publicidad, de la esfera pública, no era inocente: sino plenamente instrumentada por los intereses de dominación de la clase entonces en ascenso. La despolitización de la esfera de lo público -cuyo modelo originario por cierto no era otro que la tertulia literaria- estaba en realidad presupuesta y requerida desde su nacimiento, y aunque ella diera pie al mecanismo parlamentario e incluso a todo el experimento socialista, su desactivación como estructura politizada resultaba fundamental, movida por un interés bien poco altruista.</p>
<p>Con su producción en efecto no se trataba tanto de garantizar los derechos del libre pensamiento, la libertad de interpretación del mundo o la defensa de la propia idea del bien -como de asegurar la plena autonomía de la voluntad, de la libertad de actuación, en el orden de las relaciones económico-productivas, en la esfera misma del mercado. Que su restricción a ello colapsaba toda posibilidad de eliminación final de la totalidad de las relaciones de dominio del hombre por el hombre estaba claro -toda vez que la presunción de un acceso en igualdad de condiciones a esa libre acción era una falacia evidente, rápidamente desenmascarada por la crítica de la ideología.</p>
<p>La emergencia como tal de una genuina esfera de lo público, políticamente activa, habría entonces de ser rápidamente neutralizada. Ello -mediante procesos que sería aquí imposible intentar reconstruir, pero entre los que la misma mediatización de lo político y la conversión en espectáculo de todo el dominio de la representación no son los menos importantes- se ha cumplido ya plenamente en las sociedades actuales. Es a partir de ello que cobra pleno sentido la afirmación de Habermas: en las sociedades actuales, el dominio de lo público no está dado como tal dominio activo -sino que su construcción es, en todo momento y a cada ocasión, tarea. O la también conocida afirmación de Kluge, recordándonos que la producción de una esfera pública es en las sociedades contemporáneas inevitablemente efímera, eficaz sólo por un tiempo muy breve y cada vez un objetivo más seriamente amenazado.</p>
<p> # Abandonaré aquí definitivamente esta reflexión acerca de lo público y lo privado en abstracto -y la cuestión de su despolitización programada en las sociedades actuales-, cuestiones que estoy seguro reaparecerán en el debate, para centrarme a partir de ahora y en exclusiva en la consideración de la suerte de un dispositivo específico, que si no me equivoco tiene que ver con este mismo impulso moderno de producción de un dominio de lo público -y su crisis actual con la misma desactivación como esfera políticamente activa de lo público en las sociedades actuales. Me refiero, como es obvio, al dispositivo museístico, y en particular al museo de arte contemporáneo.Puesto que ello es bien conocido, no me extenderé en plantear una genealogía moderna del museo que lo relacione con el propio proyecto ilustrado. Para lo que aquí nos interesa, me limitaré a sugerir que obviamente la aparición histórica del museo en el contexto del proyecto ilustrado tiene que ver con esa vocación ecuménica característica que aspira a establecer una definición genérica y universalizada de la misma condición humana. En términos generales cabe en primer lugar decir que el museo depende de una concepción &#8220;enciclopédica&#8221; -clasificable, archivística, como Foucault ha mostrado- del saber, del conocimiento. Si hacemos referencia a dos tipos de museos específicos -el antropológico y el de arte- encontraremos que este dispositivo emergido para inventariar y repertorizar los saberes (y hacer pensable su sumatorio abstracto), tiene además una segunda misión todavía más importante: referirlos a la propia historia del hombre como productor del mundo e inventar a éste como tal trascendental universal, como humanidad, como especie que se afirma más allá de toda particularidad -es en ese sentido que Foucault decía que “el hombre” era un invento reciente.</p>
<p>Ya hemos sugerido hasta qué punto el efecto primordial de la experiencia estética es el del reconocimiento mutuo en un orden de gregariedad -el reconocimiento en el compartir un imaginario no sólo individual, privado, sino universal, común a todos los hombres. De ahí que el museo -si se quiere como broche o eslabón final de una sucesión de construcciones del espacio público que empieza en el teatro y sigue en el jardín barroco y en la fiesta cortesana, y termina en la exposición universal o el parque temático contemporáneo- de ahí digo que el museo resulte el episodio más refinado y con mayor potencial para esta producción no sólo de lo público como espacio, como topos: sino también de lo público como lugar del mutuo reconocimiento en la identidad compartida, justamente en el presunto compartirse universal de la experiencia estética. El objetivo del museo es la producción del sujeto universal, colectivo, la producción misma de lo público, de la propia &#8220;condición humana&#8221; como universal y predicable de todo sujeto de conocimiento y experiencia.</p>
<p>Si esa condición humana fuera pensable como tal, en efecto y definitivamente, el museo sería su casa en la tierra. No el gobierno o el estado, no el parlamento de las naciones o la declaración universal de los derechos del hombre: donde la totalidad de los hombres se llamaban a mutuo reconocimiento de una identidad universal compartida -era justamente en el territorio del museo. Y para ser más precisos, en el museo de arte, por recibir él el encargo de inventariar el repertorio de las formas capaces de reclamar el reconocimiento complacido, la fruición catárticamente compartida, de la especie toda, el inventario de los objetos de gusto capaces de espontáneamente obtener el consenso universal de los espíritus.</p>
<p>A un ilustrado le cabría concebir que la norma del juicio deductivo matemático no necesariamente lo obtendría, o que la afirmación de la autonomía de la voluntad tampoco: pero siempre estaría convencido de que la escucha de una sinfonía o la contemplación de la Giocconda lo obtendría de modo espontáneo y sin duda. En ella, en el territorio de la experiencia estética -y de ahí la importancia de su educación para el proyecto moderno- el ilustrado encontraba ese factor de hermandad última, de mutuo reconocimiento definitivo: de ahí que al respecto su topologización pública resultara fundamental. No hay, podríamos decir cargando las tintas, experiencia estética privada. Sólo en tanto se diera en lo público cobraba tal experiencia estética sentido. No es, por tanto, que el museo responda al proceso de democratización de las sociedades contemporáneas. Es que ese proceso -entendido en términos rigurosamente modernos- proyecta justamente sobre el museo el encargo de producir el dispositivo de escenificación histórica en el dominio público de ese imaginario universal que haría creíble la presuposición de existencia de la humanidad -del universal hombre- como tal.</p>
<p> # La definición de un ámbito de comunicación auténtica, directa y no mediada, para la totalidad de los seres humanos, para el universal hombre, habría sido entonces el objetivo último del museo, cuya responsabilidad no es otra que dar soporte, en el orden de la representación, a la fantasmagoría de una res-pública, de un dominio de la interacción pública entre los espíritus universal y no mediada. La significación e importancia extra-artística del dispositivo está entonces a la vista: es él el que recibe el encargo de hacer pensable el sueño de una comunicación directa y universal entre los sujetos de conocimiento, dando en él fundamento no sólo a la forma de organización social y política que históricamente emerge en ese momento -el estado de derecho apoyado en la democracia parlamentaria: lo que podemos llamar la forma republicana como tal-, sino también una conceptualización específica del instrumento de legitimación genérico de los discursos y enunciados de saber, la razón misma, y ello tanto para los dominios puramente especulativo-científicos como para la misma esfera de los comportamientos prácticos, para la esfera de la moral y la ética. No es necesario decir que ese es justamente el primer nivel al que cabe hablar del fracaso del museo como tal. El sueño universalista de una comunidad global de los espíritus se revela un sueño inconsistente, cuando no un sueño interesado de dominación: el sueño etnocéntrico -y logocéntrico- de un modelo cultural hegemónico. La fantasmagoría universalista -prendida en el museo como en la feria universal- choca con la evidencia de la dispersión de los imaginarios, de las particularidades diferenciales de lo cultural, con la multiplicación de las formas del ordenamiento simbólico. Y el sueño de un repertorio unificado, espontáneamente reconocible como patrimonio unánime del universal “hombre” capaz de apuntalar un orden en lo público de consenso unificado, sirve por entero a los intereses de dominación de una conceptualización específica del sujeto -racial, sexista y culturalmente orientado- en sus pretensiones de ser reconocida como modelo universal.</p>
<p>Frente a esa topología universalista y unificadora que alienta la conceptualización moderna, ilustrada, del museo, el contemporáneo afloramiento a la evidencia de la dispersión de la diferencia cultural reclama al contrario un sistema fragmentarizado y disperso de heterotopías, de escenarios multiplicados en una red ajerárquica de representaciones de la diferencia, de lugares para la disposición de imaginarios multiplicados. Lo que se soñaba bajo la perspectiva de la convergencia enciclopédica en un sueño de encuentro ecuménico se dispersa ahora en un sistema satelizado y ex-céntrico de lugares otros, de &#8220;platós&#8221;, en los que comparecen de forma efímera y estratégica las puntuales emergencias de un imaginario desregulado, estallado en el rizoma contemporáneo de la multiplicación de las diferencias -que más que a la enciclopedia ilustrada se parece ahora a aquél catálogo delirante y febril que Bouvard y Pecuchet comenzarían a elaborar, y nada ni nadie podría ya nunca culminar.</p>
<p> # La fantasía de una comunicación universal y auténtica entre los espíritus, que alienta la aparición moderna del museo, fracasa a un segundo nivel: aquél para el que ese sueño de inmediación y autenticidad colapsa en la emergencia irreversible de las industrias culturales -que irrevocablemente absorben la institución museística a su seno. La fantasía de un orden de las relaciones de comunicación entre sujetos, no sometido a su reducción cosificada bajo la prefiguración de la forma de la mercancía, se desvanece, restando únicamente la evidencia de su integración como engranaje en el seno de un sistema del arte exhaustivamente organizado bajo el mandato regulador del tejido económico-productivo. En vez de constituirse en el instrumento eficaz para asegurar una recepción universal de la experiencia estética, no reservada a una clase privilegiada de los sujetos de conocimiento, el museo se transfigura en eficiente operador integrado en un sistema del arte exhaustivamente organizado en los términos de la industria cultural. Se cumple de esa forma una reducción de las dos vías -coleccionismo público, coleccionismo privado- que instrumentan la distribución social del conocimiento artístico bajo una prefiguración comun: la de la reducción de la obra de arte a su forma mercancía. El museo fracasa así también como dispositivo garante de un acceso público y no restingido al patrimonio del valor estético -para convertirse en un mero aparato efectivo para la plena instrumentación del interés comunicativo por la industria cultural, su supeditación a la regulación por el mercado. En esas condiciones, los sueños de universalización de la experiencia estética -en lo que habrían de apuntar a una extinción del existir separado de lo artístico como tal, proyectándose por tanto de modo aporético en la emergencia histórica de un dominio autónomo de la institución-Arte- se desvanecen. A su rebufo no aparece sino una desasosegante relación de tensión autonegadora mantenida, resuelta en el agonismo de una histéresis crítica -que obliga a jugar el incómodo papel del agente doble, para utilizar la expresión que Hans Haacke hizo célebre- cuando no en la actualmente entronizada falsa conciencia cínica, tristemente adoptada por una gran mayoría de los artistas -para no hablar del resto de los agentes sociales implicados en la escena.</p>
<p> # Se trataría entonces, me parece, de proceder de urgencia a un desmantelamiento sistemático de la misma idea moderna de museo, mostrando lo inevitable de su fracaso en cuanto ideal regulador, para a partir de ello desenmascar su funcionamiento efectivo como puro mecanismo legitimador del estado de cosas existente, un estado de cosas caracterizado por la plena absorción del sistema del arte por la industria cultural en su contemporánea forma espectáculo. Me atrevería a decir que ese desmantelamiento desenmascarador -y la producción estratégica de dispositivos alternativos de afloramiento de un dominio público no depotenciado políticamente- ha sido, en muy buena medida, uno de los más constantes leit motivs de las prácticas artísticas críticas de la segunda mitad de siglo -y lo cierto es que algunas de las lecturas críticas que con mayor fortuna están empezando recientemente a revisar su historia apuntan en esta dirección. No soy historiador, ni tengo vocación alguna de parecerlo, así que no es en modo alguno mi intención reconstruir aquí esa pequeña historia crítica.Por lo que a mi se refiere, mi única intención ahora ya es catalogar, muy brevemente y para terminar, alguna de las direcciones en que esa producción experimental del (no)museo ha sido abordada, desde el terreno de las mismas prácticas artísticas, y si acaso especular por un momento, para terminar en ello, con una consideración de los potenciales de futuro que a esas estrategias de resistencia contra- o post-museísticas pueden hoy reconocérseles.</p>
<p> #  La primera es una línea de global cuestionamiento de la misma autonomía del arte -y quizás toda la órbita del conceptualismo esté marcada por ese objetivo, que es un objetivo de autorreflexión crítica, de autonegación. Podríamos ejemplificar de manera paradigmática esta línea estratégica en el concepto ampliado de arte y la idea de escultura social de Beuys. Se trata aquí de plantear una crítica frontal al mismo existir separado de la institución-Arte, operando en una dirección de extinción global de los dispositivos sobre los que se estructura su misma historicidad efectiva. Así, se trataría de poner en suspenso la regulación por la forma mercancía de la obra de arte: al respecto no son espúrios todos los procesos de desmaterialización de ésta, todas las referenciaciones al proceso, al trabajo con el propio cuerpo y la acción, a la intervención en el paisaje o el espacio de la vida cotidiana, &#8230; en definitiva todos los procesos que plantean una alternativa al condicionamiento de objeto -siempre sometido a su alienación por el poder transfigurador de la mercancía. Simultáneamente, se trata de poner en suspenso la organización social de la división del trabajo, eliminando -cuando menos en lo que a la experiencia estética se refiere- la diferencia entre productor y consumidor, entre artista y hombre común. La declaración beuysiana de &#8220;todo hombre es artista&#8221; vuelve a aparecérsenos paradigmática, siendo el objetivo último la reapropiación integral de sus potenciales de experiencia por parte del sujeto de conocimiento. Por último, y como tercer nivel de este horizonte de extinciones figuradas que comprometen el cuestionamiento frontal de la autonomía del arte, el de su propia institución pública en tanto que cristalizada en aparato de estado. La defensa beuysiana de una democracia directa vuelve sin duda a aparecerse como el mejor ejemplo de este planteamiento. Tan obvio es que este triple juego cuestiona desde luego en profundidad la existencia de la propia institución museística, como que la respuesta de ésta no puede ser otra que la transformación efectiva de sus estructuras para dar en ella cabida y absorber todo aquello que tan frontalmente la cuestiona -obteniendo a cambio una legitimidad aumentada y, a la vez, neutralizando el valor de resistencia específica que todo ello conllevaba.<br />
 # La segunda línea de actuaciones -y creo necesario disculparme por recurrir a fórmulas que en su voluntad de clarificación casi pedagógica es seguro que incurrirán en constante simplificación- se dispone bajo una perspectiva más oblicua y estratégica: no dándose como misión tanto la negación y el cuestionamiento frontal de la misma existencia autónoma de la institución-Arte -cuanto una intervención estratégica en ella, buscando la generación específica de dispositivos alternativos de producción de esa esfera pública, en los márgenes, fisuras y periferias de la propia industria cultural, dándose por objetivo la apertura y producción de territorios, de dominios o dispositivos, en los que hacer imaginables procesos discursivos autónomos de comunicación directa, auténtica y no mediada. Sin duda, todo el desarrollo de dispositivos mediales -todo lo que se ha llamado media.art- participa de este propósito. La generación de dispositivos independientes de distribución del conocimiento artístico -desde el espacio alternativo o el trabajo en el espacio público, social o urbano, a la web independiente, pasando por el propio trabajo en el entorno crítico de la revista o en la misma producción media.artística estrictamente concebida y desarrollada como tal-, esa generación de dispositivos se plantea aquí como objetivo operativo inmediato de generación de modos de exposición y distribución social del conocimiento artístico definitivamente post-museales, para los que el entorno espacializado del museo como topos, como lugar organizador de la recepción social de las prácticas comunicativas, carece de atributos definitivamente tentadores.Las transformaciones a las que aquí el museo es convocado poco menos que rozan sus límites. Muy en concreto por una razón casi estructural que afecta al modo mismo de ser de los objetos cuya recepción pública le corresponde administrar: toda vez la naturaleza específicamente medial -y por tanto deslocalizada- de dichos objetos y su carácter cada vez menos sustanciado en una referencia material inmediata, requeridora de un dispositivo espacializado de organización de la recepción pública, es una realidad histórica cada vez más indiscutible. Que a partir de ello al museo no le queda otro remedio que reestructurar sus dispositivos de recepción pública, y los modos de contemplación que sea capaz de articular, parece una evidencia. Como lo es que cada vez se verá más impelido a estructurarse como dispositivo multimedial de comunicación social -y menos como contenedor espacializado de objetos estáticos, como mero repertorizador del inventario presuntamente estabilizado del “valor estético”. Cada vez más, en definitiva -y sin duda ese es el futuro del museo- como sistema o constelación diseminada de dispositivos deterritorializados operando a favor no del asentamiento y la estabilización de un genérico universalista del valor estético, sino al contrario a favor de la multiplicación exponencial de los imaginarios colectivos y las escenas de su encuentro activado en el dominio de lo público.</p>
<p> #  Creo que estos son algunos de los desafíos que al museo le cumple en nuestros días afrontar. Para lograr hacerlo -resistiendo tanto a la presión que lo atrae al seno de las industrias del entretenimiento como a la instrumentación política que proyecta en él un interés exclusivamente legitimador de su propia actuación- no creo que disponga de otro instrumento que el mismo que le dio nacimiento. Su capacidad de generar como activa una esfera pública -de encuentro activo entre ciudadanos, entre sujetos de conocimiento y voluntad reunidos para discutir y libremente decidir sobre la conducción común de los asuntos que les conciernen, reunidos para, en última instancia, producirse y reconocerse en su diferencia recíproca como genuina comunidad -como tl vez esa anunciada por Agamben “comunidad que viene”.Acaso deba el museo en ello, y de cualquier forma, aplicarse mucho, pues vienen tiempos y posibilidades tecnológicas que muy previsiblemente le rebasen en sus capacidades -sobre todo por lo mucho que rebajan los requerimientos infraestructurales necesarios para cumplir tales funciones. Si ello es así, puede que en efecto y muy pronto, el museo habite en tiempo prestado -y nuevos dispositivos neomediales de distribución social de la experiencia estética comiencen a rebasar su hegemonía contemporánea.</p>
<p> # Sea ello así o no, creo que las radicales transformaciones que en el ámbito de lo visual están teniendo lugar en las sociedades contemporáneas señalan un doble reto. Para los gestores públicos responsables de estas instituciones, el de actuar con presteza y visión histórica frente a lo crucial de las transformaciones en curso.  Y para  cada uno de nosotros, el de comprometer nuestro trabajo para lograr que el sentido de esas transformaciones no se resuelva en mera absorción de las prácticas artísticas por las industrias del entretenimiento, y sirva en cambio y todavía -cuando menos tentativamente- a los intereses de generación de plataformas de comunicación directa y no mediada, al desmantelamiento de la representación como instrumentadora de toda nuestra relación con los mundos de vida, a la construcción efectiva de nuevas formas de comunidad que, sin confundirse con la forma expropiada que ellas adoptan en lo mediático, permitan el encuentro y el diálogo libre y participativo en un dominio de lo público no neutralizado.Una responsabilidad que, sin duda, es de alcance político -y que es forzoso asumir, dejando atrás el clima de decepción anticipada que delega toda la responsabilidad de la historia, after the facts, en las ciegas manos de los procesos que rigen los sitemas sociales (lo que en última instancia significa abandonarlos al mejor interés e las industrias). Cualquier cosa que las prácticas visuales, lleguen a ser, nuestra responsabilidad es intervenir para conducir sus procesos de transformación conforme a objetivos éticos, sociales y políticos, libre, voluntaria y racionalmente definidos y asumidos.</p>
<p>Es mucho lo que está en juego. No sólo el futuro de las propias prácticas de la comunicación visual, sino también -y reconociendo la tremenda incidencia de éstas en el mundo contemporáneo, su capacidad casi absoluta de condicionar los mundos de vida actuales- el de la totalidad con la que ellas se relacionan, en la que ellas se inscriben. Como quiera que sea, y sea cual sea la posición que particularmente adoptemos frente a ello, ésa -y es muy grande- es ahora, en efecto y definitivamente, nuestra absoluta y propia responsabilidad -como artífices de un tiempo que ahora ya, y si no me equivoco, ha comenzado.</p>
<hr />El presente texto desarrolla una conferencia impartida dentro del ciclo &#8220;Intertextos y conteminaciones&#8221;, organizado por la Dirección General de Museos de la Generalitat Valenciana y coordinado por José Miguel Cortés y David Pérez. El conjunto de las conferencias ha aparecido en un volumen colectivo publicado con el mismo título en la colección Signo Abierto de la Generalitat de Valencia.</td>
</tr>
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		<title>EL ARTE DIGITAL Y LOS NUEVOS MEDIOS</title>
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		<pubDate>Sun, 30 Sep 2007 12:38:16 +0000</pubDate>
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